El cierre definitivo de Fate no solo marca el final de una histórica empresa argentina, sino también revive uno de los capítulos más emblemáticos del fútbol nacional: cuando su nombre apareció simultáneamente en las camisetas de Boca Juniors y River Plate, en un acuerdo que cambió para siempre el negocio deportivo.
La alianza comenzó en 1985 y se extendió hasta 1989. En ese entonces, la empresa de neumáticos pagaba unos 8.500 dólares mensuales al club de La Ribera y una cifra levemente inferior al Millonario, lo que representaba una inversión cercana a los 200.000 dólares anuales. Hoy, esos números parecen insignificantes frente a los contratos millonarios actuales, pero en aquella época significaron un punto de inflexión.
Un acuerdo inédito en el fútbol argentino
El patrocinio de Fate fue el primero en lograr presencia simultánea en los dos clubes más populares del país, algo que hasta ese momento parecía impensado.
En River, el impacto fue aún mayor, ya que la institución nunca había lucido publicidad en su camiseta y debió incluso rediseñar su indumentaria para incorporar el logo. En Boca, si bien existían algunos antecedentes, habían sido breves y excepcionales.

La presencia de Fate marcó el inicio de una nueva etapa en el fútbol argentino, donde el espacio en el pecho de la camiseta se convirtió en uno de los activos más valiosos para los clubes.

El comienzo de una nueva era comercial
El vínculo finalizó en 1989, cuando las automotrices Fiat y Peugeot, del Grupo Sevel, tomaron ese lugar privilegiado. Sin embargo, el legado de Fate ya estaba instalado.
El acuerdo con Fate marcó el inicio de una transformación profunda en la relación entre el fútbol y las marcas, abriendo el camino a contratos cada vez más ambiciosos y estratégicos. Con el tiempo, el espacio principal en las camisetas se convirtió en un activo clave para el sostenimiento económico de los clubes. De hecho, en las décadas siguientes, solo un puñado de compañías logró repetir ese privilegio de estar presente tanto en River Plate como en Boca Juniors, consolidando ese lugar como uno de los más codiciados del fútbol nacional.
Con su histórico logo en las camisetas de Boca y River, Fate no solo vendió neumáticos: dejó una huella imborrable en la historia del fútbol argentino.

Uno de los empresarios más poderosos de la Argentina: Javier Madanes Quintanilla
Nacido en Buenos Aires hace 73 años, Madanes Quintanilla es hijo y sobrino de los fundadores de Fate, Adolfo y Manuel Madanes, y hoy su principal accionista. Además, controla Aluar, el único productor de aluminio del país, una posición que lo convierte en una figura central del entramado industrial argentino.
Ingeniero industrial de formación e hincha de River, Madanes Quintanilla combina el bajo perfil público con aficiones personales que lo alejan del estereotipo del empresario más tradicional: es un lector habitual de filosofía, un interés que suele mencionar como parte de su formación intelectual.
Fate se fundó a principios de la década de 1940, en el barrio porteño de Saavedra. Lo que inicialmente era un pequeño taller dedicado a la producción de telas impermeables (las siglas de Fate originalmente correspondían a Fábrica Argentina de Telas Engomadas) para la reparación de las gomas de caucho, derivó a partir de 1945 en la fabricación a pequeña escala de neumáticos y cámaras para automóviles y camiones
Lo que era una producción casi artesanal fue creciendo con el impulso que vivió la industria automotriz en el país y en la década del 60 inauguró su planta de San Fernando, que ahora acaba de anunciar su cierre.

