La vitivinicultura salteña no es ajena al fuerte retroceso del mercado del vino que se registra a nivel nacional. Así lo advirtió Alejandro Martorell, al señalar que el consumo per cápita pasó de cerca de 90 litros por habitante al año en las últimas décadas a apenas 16 litros, según los balances del 2025, una caída histórica que impacta de lleno en las bodegas de la provincia. “La baja del consumo es muy importante y hoy hay mucho stock de vino”, explicó al analizar el espejo de las ventas.
Uno de los factores centrales detrás de ese escenario es la presión fiscal, que aparece en gran parte de los productos que se fabrican en la Argentina. Según detalló Martorell, alrededor del 63% del precio final de una botella de vino corresponde a impuestos, una carga que encarece el producto para el consumidor y reduce los márgenes del sector.
“Cuando uno compra una botella, más de la mitad del precio son impuestos”, sostuvo, al aclarar que si bien se trata de un esquema de alcance nacional, su impacto se siente con fuerza en las economías regionales.
Intolerancia al consumo
A la cuestión impositiva se suman las restricciones al consumo, en particular la vigencia de la discutida “alcoholemia cero”. Para el presidente de Bodegas de Salta, esta normativa juega en contra del consumo moderado y de la actividad gastronómica.
“En Mendoza rige 0,5, que es lo que hay en casi todo el mundo. La cero es una intolerancia”, comparó, al tiempo que remarcó que las exigencias y controles para la venta de bebidas también terminan afectando indirectamente a las bodegas.
En el caso de Salta, el panorama se vuelve aún más exigente por los costos logísticos. La mayoría de los insumos deben trasladarse desde Buenos Aires o Mendoza, lo que incrementa los gastos de producción. A su vez, la exportación del vino salteño también debe realizarse a través de esos centros, sumando fletes y encareciendo el producto final.
“Todo eso afecta el precio y la competitividad”, resumió Martorell.
Acuerdo Mercosur-UE: La oportunidad de nivelar la cancha
En medio de un escenario de ventas en baja, Martorell destacó una oportunidad que podría mejorar el posicionamiento del vino argentino hacia afuera: el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea cuya firma se concretó este fin de semana. Según planteó, la clave está en “nivelar la cancha” frente a competidores directos como Chile, que hoy opera con una estructura más favorable.
“Chile tiene menos impuestos internos y no paga aranceles en Europa. Tiene libre comercio con más de 60 países”, comparó.
En esa línea, consideró que avanzar hacia un esquema con menor carga al ingresar al mercado europeo puede “ayudar muchísimo” a recuperar competitividad.
En el caso de Salta, el frente externo ya existe y es parte del negocio: la provincia exporta a Estados Unidos, China y Brasil, y también a países europeos como Alemania, Suiza y Austria, aunque mercados con tradición vitivinícola fuerte, como España e Italia, siguen siendo más difíciles de penetrar. Para las bodegas salteñas, sostuvo, cualquier mejora que reduzca la desventaja comercial puede ser determinante, especialmente cuando la logística ya encarece cada envío y el mercado interno no tracciona.
El complejo escenario no se limita a las economías regionales. En el último tiempo, bodegas de primera línea a nivel nacional atravesaron serias dificultades financieras. El año pasado, Bodega Norton, una de las marcas más reconocidas del país, ingresó en un proceso de reestructuración de deuda. Más recientemente, Bodega Bianchi registró cheques rechazados por más de mil millones de pesos, según trascendió en el sector.
En ese contexto, la estrategia económica de las bodegas salteñas empieza a verse menos como un plan de expansión y más como una carrera por la supervivencia. Con un consumo restringido, una elevada carga impositiva y costos logísticos que encarecen la botella, sostener la actividad se vuelve el principal desafío. Para Martorell, cualquier mejora dependerá de cambios de fondo: revisar las trabas regulatorias y, sobre todo, que mejore el poder adquisitivo. “Lo primero es que le mejore el bolsillo a la gente”, concluyó.