Lara Lopez Calvo
Economía doméstica en tiempos de ajuste según Lara López Calvo

Deuda para vivir: El riesgo silencioso de financiar la comida y las tarifas con crédito

En un contexto de salarios golpeados y tasas altas, cada vez más familias financian gastos básicos como alimentos y servicios. Gente de Salta consultó a la periodista y economista quien explicó cómo distinguir entre una deuda “buena” y una “mala”.

Silvia Guzmán Coraita
por Silvia Guzmán Coraita 4 Marzo de 2026
4 Marzo de 2026

La economía argentina atraviesa un escenario todavía frágil. Aunque el proceso de desaceleración inflacionaria avanzó en los últimos dos años, los precios continúan en niveles elevados y el poder adquisitivo de los salarios no logra recomponerse al mismo ritmo. Las tarifas de servicios públicos, el transporte y los alquileres acumularon fuertes incrementos, mientras que el consumo masivo muestra señales de retracción.

En este contexto, cada vez más hogares recurren al crédito no para invertir o adquirir bienes durables, sino para cubrir gastos básicos: alimentos, boletas de luz y gas, medicamentos o el alquiler. El endeudamiento dejó de ser una herramienta excepcional para transformarse en un recurso cotidiano para “llegar a fin de mes”.

Ahorro
Lara López Calvo: “Financieramente no es saludable endeudarse para pagar gastos corrientes”

Sin embargo, esta dinámica encierra riesgos estructurales. Cuando el crédito se utiliza para consumo corriente y no para generar ingresos futuros, puede convertirse en una carga difícil de sostener y abrir la puerta a un círculo de refinanciaciones, intereses crecientes y sobreendeudamiento.

Para analizar este fenómeno, Gente de Salta dialogó con la periodista y economista Lara López Calvo, quien explicó cuáles son los principales peligros de financiar gastos esenciales y cómo diferenciar entre una deuda “buena” y una “mala”.

El principal riesgo: la bola de nieve

Ante la consulta sobre cuál es el mayor peligro de endeudarse para cubrir alimentos o servicios, López Calvo fue clara: el problema no es solo la deuda en sí, sino el destino que se le da.

“Para saber si una deuda es buena o mala tenemos que analizar dos factores. Primero, el objetivo de la deuda y, segundo, las condiciones del endeudamiento, especialmente la tasa de interés”, explicó.

No es lo mismo, detalló, tomar crédito para invertir en un bien de capital que aumente la productividad —por ejemplo, una computadora para trabajar— que hacerlo para pagar gastos corrientes. En el primer caso, la deuda puede mejorar los ingresos futuros; en el segundo, no genera ningún retorno.

“Financieramente no es saludable endeudarse para pagar gastos corrientes, porque uno empieza a armar una bola de nieve de la que es muy difícil salir”, advirtió.

Si una familia llega a ese punto, señaló, debe revisar si el problema es de ingresos insuficientes o de gastos por encima de sus posibilidades, y ajustar esas variables antes de seguir tomando crédito.

Ahorro
El crecimiento en el uso del crédito no necesariamente refleja una mejora en la inclusión financiera.

Deuda buena vs. deuda mala

Para identificar si una deuda puede considerarse saludable, la economista insistió en analizar dos variables: el destino del dinero y la tasa de interés.

Una deuda puede ser positiva cuando permite capitalizarse, es decir, adquirir un bien que aumente la productividad o represente un activo a futuro, como un crédito hipotecario. Pero incluso en esos casos es clave mirar las condiciones financieras.

“La principal variable es que la tasa de interés empate la inflación o vaya por debajo. En general, la deuda buena es aquella cuya tasa está por debajo de la inflación”, explicó. Si la tasa supera ampliamente la suba de precios, el costo real del crédito se vuelve mucho más pesado.

¿Existen hoy créditos inteligentes?

Consultada sobre qué tipo de deudas pueden considerarse una inversión inteligente en el contexto actual, López Calvo fue cauta. “Hoy las tasas de interés en la Argentina están muy altas, entonces no hay prácticamente créditos buenos”, sostuvo.

Si bien la inflación se desaceleró en comparación con los picos anteriores, la baja de las tasas no acompañó al mismo ritmo. Además, el aumento de la morosidad —personas que no pueden pagar sus deudas— actúa como un freno adicional para que el sistema financiero reduzca el costo del crédito.

En un escenario futuro con tasas más bajas, sí podría ser saludable endeudarse para capitalizarse: invertir en herramientas de trabajo, maquinaria o equipamiento que aumente la productividad y, por ende, los ingresos. “Esa es la forma saludable de crecer con endeudamiento”, remarcó.

¿Más acceso financiero o menos poder adquisitivo?

El crecimiento en el uso del crédito no necesariamente refleja una mejora en la inclusión financiera. En muchos casos, responde a una pérdida de poder adquisitivo: salarios que no alcanzan para cubrir el costo de vida y familias que recurren a tarjetas o préstamos personales para cubrir lo básico.

“La deuda no es ni buena ni mala en sí misma, depende para qué la usemos y bajo qué condiciones la tomemos”, concluyó López Calvo. En tiempos de incertidumbre económica, esa diferencia puede ser clave para evitar que una solución momentánea se transforme en un problema estructural.

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