Mientras buena parte de la agenda pública quedó atravesada por el Mundial, el dólar oficial acumuló una suba de 6,3% desde el mes previo al inicio de la Copa hasta este viernes 3 de julio. El mayor aumento del año. Sin embargo, según el análisis de un contador local compartido con Gente de Salta, el salto no tendría impacto inmediato en precios durante julio.
La cotización oficial, que el 11 de mayo se ubicaba en torno a los $1.420 para la venta, llegó este viernes a $1.510 en el Banco Nación, con una diferencia de $90 en menos de dos meses. Dentro de ese recorrido, junio concentró el mayor avance mensual del año, ya que el tipo de cambio terminó el mes con una suba cercana al 5%, después de varios meses de relativa estabilidad.
Aunque el movimiento fue significativo para un mercado que venía de un dólar prácticamente planchado, el comienzo de julio mostró una pausa en la escalada. El oficial se mantuvo sin cambios en el Banco Nación, el mayorista operó cerca de los $1.488 y los dólares financieros se movieron con variaciones acotadas, con el MEP en torno a los $1.524 y el contado con liquidación cerca de los $1.590.
Para Sebastián Cristofari, la suba debe leerse más como una corrección que como un salto desordenado, especialmente porque el tipo de cambio había permanecido estable durante un período prolongado.
“El dólar todavía tiene margen para subir un poco más, porque permaneció prácticamente estable durante mucho tiempo. Sin embargo, por ahora ese movimiento no se está trasladando a los precios. Si llega a tener impacto sobre la inflación, recién comenzaría a verse dentro de unos dos meses”, explicó.
La mirada del economista introduce un matiz importante, ya que el movimiento cambiario no estaría generando, al menos por ahora, una reacción inmediata en alimentos, bienes importados, insumos o servicios. Bajo esa lectura, julio no mostraría todavía un traslado directo a precios, mientras que un eventual impacto, si finalmente aparece, podría sentirse recién hacia septiembre.
El planteo también se vincula con un reclamo que venían sosteniendo distintos economistas, productores y empresarios, quienes advertían que un dólar demasiado quieto podía afectar la competitividad de los sectores exportadores y desalentar la liquidación de divisas. Desde esa perspectiva, el movimiento de junio no implicaría necesariamente una ruptura del esquema cambiario, sino un reacomodamiento después de meses de estabilidad.
En paralelo, los contratos de dólar futuro continúan mostrando una expectativa de avance gradual para los próximos meses, aunque todavía lejos de un escenario de salto brusco. Esa señal deja al mercado más cerca de una corrección administrada que de una devaluación abrupta, aun cuando las cotizaciones actuales ya se ubican por encima de las que había antes del Mundial.
El dólar “mundial”, que desde mediados de mayo avanzó 6,3% en el segmento oficial y que en junio tuvo su mayor suba mensual del año, quedó así atravesado por una lectura doble: corrigió después de meses de atraso, pero todavía no habría llegado al bolsillo. Para Cristofari, la clave estará en los próximos dos meses, cuando podría verse si esa corrección queda absorbida por el mercado o si empieza a sumar presión sobre la inflación.