El deterioro de la infraestructura vial en Salta dejó de ser un problema exclusivamente vinculado a la transitabilidad para convertirse en una variable económica que impacta de lleno en la producción. Un relevamiento realizado por Gente de Salta entre referentes de la industria, el vino, el agro y la minería expuso un diagnóstico que empieza a repetirse en distintos sectores: el mal estado de rutas y caminos ya no solo dificulta la circulación, sino que encarece los costos logísticos, reduce la disponibilidad de transporte y, en algunos casos, condiciona directamente la salida de la producción o la evaluación de nuevas inversiones.
El dato más concreto surge del sector industrial, donde advierten que los costos de transporte registran subas que rondan el 30%, en un contexto atravesado por mayores tiempos de traslado, incremento en el desgaste de los vehículos y falta de mantenimiento sobre corredores estratégicos. La explicación se repite entre los consultados: una ruta deteriorada obliga a circular más lento, aumenta la rotura de cubiertas, encarece el viaje y termina trasladando ese sobrecosto al precio final de los productos.
Uno de los ejes más mencionados es la Ruta Nacional 34, un corredor clave para la producción del norte que presenta tramos en estado crítico, lo que obliga a reducir la velocidad de circulación, incrementa los tiempos de viaje y eleva los costos operativos. A mayor deterioro, mayor desgaste: los camiones requieren más mantenimiento, las cubiertas se rompen con más frecuencia y el consumo logístico se incrementa, en una dinámica que finalmente impacta sobre toda la cadena productiva.
Desde los Valles Calchaquíes, el sector vitivinícola aporta un elemento adicional que agrava el diagnóstico. Raúl Dávalos, productor en la zona de Tacuil y referente histórico del vino salteño, advirtió que el problema ya no se limita al encarecimiento del transporte, sino que empieza a afectar la propia disposición de los transportistas a operar en determinadas áreas. “Los camioneros no quieren ir, nadie quiere romper una cubierta”, explicó al describir el estado de los caminos en sectores de difícil acceso, donde el deterioro impacta tanto en los costos como en la frecuencia logística.
En ese contexto, el problema deja de ser únicamente económico y empieza a comprometer la conectividad. “Se corta tanto que quedás aislado”, agregó Dávalos, en referencia a caminos que, ante lluvias o falta de mantenimiento, quedan intransitables hasta ser reparados, dificultando o directamente impidiendo la salida de la producción.
El sector agropecuario también viene advirtiendo desde hace tiempo sobre las dificultades que genera el deterioro vial para el transporte y la conectividad en zonas productivas. En anteriores oportunidades, la Sociedad Rural Salteña alertó sobre problemas en rutas y puentes estratégicos, además de los riesgos de aislamiento que podrían afectar el traslado de producción, insumos y abastecimiento en distintos puntos de la provincia.
El impacto de la infraestructura, sin embargo, no se limita a las actividades tradicionales. En una provincia donde la minería gana protagonismo, las rutas también empiezan a jugar en el plano de las decisiones de inversión. En diálogo con el secretario de Minería de Salta, Gustavo Carrizo, este medio pudo confirmar que el estado de los caminos es una variable que se incorpora directamente en la evaluación de los proyectos, especialmente en zonas de altura o de difícil acceso en la Puna salteña.
Según explicó, en muchos casos las empresas deben contemplar dentro de sus costos la construcción o mejora de sus propios caminos para poder trasladar el mineral desde los puntos de extracción, lo que eleva la inversión inicial y condiciona la viabilidad de los desarrollos. De este modo, la falta de infraestructura no solo encarece el transporte una vez en marcha, sino que impacta desde el inicio, al definir cuánto cuesta instalarse y operar en la provincia.
En diálogo con Gente de Salta, el vicepresidente de la Unión Industrial de Salta, Julio Fazio, sostuvo que el deterioro vial ya se traduce en mayores costos logísticos para las empresas de la provincia. “Hoy hay aumentos de flete que rondan el 30% y eso va directo al precio del producto”, advirtió, al señalar que el mal estado de las rutas incrementa los tiempos de viaje, el desgaste de los vehículos y la rotura de cubiertas, especialmente sobre corredores como la Ruta Nacional 34.
“La Ruta 34 está destruida”, resumió Fazio, quien consideró que la falta de mantenimiento sobre la infraestructura vial termina impactando directamente sobre la competitividad de producir en Salta.
El problema, además, no es nuevo. Según coinciden los sectores consultados, se trata de una situación acumulada a lo largo de años de falta de inversión y mantenimiento sostenido en la red vial, agravada en el último tiempo por el freno en la obra pública. En ese entramado, producir en Salta implica no solo enfrentar distancias largas, sino también asumir el costo creciente de una infraestructura deteriorada, que en algunos casos encarece el transporte y, en otros, directamente limita la posibilidad de mover la producción sin interrupciones.