En medio de una crisis textil que deja como testigos locales vacíos en shoppings y marcas que abandonan el país, una marca internacional, pero clásica en el país y con presencia en uno de los shoppings de Salta, avanza con un objetivo, según anuncia, contramano de esa tendencia: duplicar su red de locales en la Argentina en los próximos cinco años. La marca Levi's proyecta pasar de unos 60 puntos de venta a cerca de 120.
La estrategia del Grupo Leuru, firma detrás de la indumentaria de Levi’s, no se limita a abastecer sus locales con productos importados, sino que también mantiene una parte de su producción en el país. En la Argentina, a través de proveedores bonaerenses, trabaja con talleres del cordón textil —como Manufactura Arrecifes, Avanti y Tricofix, que producen para la marca—, lo que le permite conservar un pie en la producción local, incluso en un contexto donde ese modelo pierde terreno.

En paralelo, el grupo viene ampliando su portafolio con etiquetas internacionales orientadas al segmento medio y premium, entre las que ya operan Sandro, Maje y Bimba y Lola, mientras que en los próximos meses se sumarán Intimissimi y Calzedonia, en su mayoría con una lógica más apoyada en la importación y el posicionamiento de marca.
Puertas adentro, Levi’s también viene empujando un cambio en su propio posicionamiento, en la medida en que busca dejar de ser percibida exclusivamente como una marca de jeans para consolidarse como una propuesta integral de indumentaria, incorporando nuevas categorías, reforzando su presencia en segmentos como el femenino —donde el mercado argentino muestra un desempeño superior al promedio global— y apostando a aumentar la frecuencia de compra en un contexto donde el consumidor selecciona con mayor precisión en qué gastar, según declaro Guillermo Szabo, director del Grupo Leuru, al medio Forbes.

Todo esto ocurre, sin embargo, sobre un telón de fondo que va en dirección contraria, con una industria textil que viene registrando caídas significativas en su nivel de actividad, operando con niveles bajos de utilización de capacidad instalada y atravesando un proceso de ajuste que se traduce en reducción de producción, suspensiones y cierre de operaciones en distintos puntos del país.
En Salta, ese proceso ya se volvió visible en la dinámica comercial cotidiana, con locales que cierran, otros que cambian de marca en lapsos cada vez más cortos y una oferta que se reconfigura de manera constante.
El caso de Zhoue, que bajó sus persianas en la ciudad como parte de un repliegue nacional más amplio, funciona como uno de los ejemplos más claros de ese escenario, aunque no es el único, ya que detrás aparecen empresas con trayectoria en el sector que reducen operaciones o directamente paralizan plantas, afectadas por el mismo combo de menor demanda interna y mayor competencia externa.
En ese contexto, la expansión de Levi’s y del conjunto de marcas que orbitan su negocio no solo contrasta con la crisis, sino que pone en evidencia un cambio más profundo en la lógica del sector, donde el crecimiento deja de estar necesariamente asociado a la producción local y se desplaza hacia la comercialización, apoyado en importaciones, esquemas de fabricación tercerizada y una mayor capilaridad en el retail.
La postal que queda es la de un sector que empieza a operar en dos velocidades, con una industria que pierde volumen y empleo por un lado, y un circuito comercial que encuentra margen para expandirse bajo reglas distintas por el otro, en una dinámica que no elimina el negocio, pero sí lo transforma, trasladando el eje desde la fábrica hacia el local.