En las últimas horas comenzó a circular en redes sociales un video que generó fuerte malestar en la frontera norte. En las imágenes se observa cómo autoridades bolivianas impiden el ingreso de bebidas desde Argentina hacia Bolivia en el paso internacional que conecta Aguas Blancas con Bermejo. El episodio reavivó el enojo de comerciantes y compradores, tras una serie de denuncias por restricciones arbitrarias, esta vez en plena temporada de fiestas.
Desde el lado boliviano argumentaron que desde hace años rige un límite de hasta 3 litros por persona para el comercio fronterizo, una normativa que, según relatan los propios involucrados, “parecerían desconocer los mismos bolivianos”. El decomiso se concentró principalmente en sidras, una de las bebidas más elegidas para el brindis de fin de año.
Según comerciantes de Aguas Blancas, la situación resulta paradójica: las bebidas salen de Argentina con los aranceles e impuestos correspondientes, sin inconvenientes en los controles locales. Sin embargo, una vez en suelo bermejeño, tras cruzar el puerto de chalanas, “del otro lado esperan un grupo de militares que, tras frotarse las manos, proceden a confiscar la mercadería”, relataron referentes del sector.
El perjuicio directo recae sobre los compradores bolivianos, que ven decomisadas las bebidas más consumidas para esta época y deben optar por otras marcas o pasar de a tres botellas para cumplir la normativa. Pero el impacto también golpea de lleno al comercio de Aguas Blancas, una actividad que sostiene gran parte de la economía local, y que vuelve a enfrentar “arbitrarias imposiciones” en la compraventa bilateral.
Desde el sector comercial calificaron la medida como “ridícula”, al remarcar que todos los años cruzan grandes cantidades de bebidas, con y sin alcohol, sin este tipo de restricciones. Incluso recordaron que hace algunas semanas había ocurrido una situación similar con la cerveza Quilmes, lo que alimenta la sospecha de un endurecimiento selectivo de los controles.
Otro de los reproches que surge desde “la banda”, como los bermejeños llaman al lado argentino de la frontera, es la desproporción del control. “Por este paso pasa apenas el 1% de lo que pasa en otros cruces como La Quiaca o Salvador Mazza”, aseguran, y agregan: “lo digo con conocimiento de causa, porque tengo amigos y familia que también venden alimentos y bebidas en esas fronteras”. En esos pasos, remarcan, no existe ninguna restricción al litraje de bebidas alcohólicas.
En paralelo, algunas fuentes del comercio especulan con que el endurecimiento de los controles podría estar vinculado a tensiones políticas con autoridades locales, en un contexto donde no habría una buena relación institucional entre funcionarios de ambos lados de la frontera.
En el ámbito legislativo, el concejal Fabián Gutiérrez adelantó que viajó personalmente a Buenos Aires para dejar “en puerta” de distintos organismos nacionales vinculados al comercio, la migración y la política fronteriza, tres proyectos clave para mejorar la situación. Entre ellos, la creación de un Comité de Integración Fronteriza, una resolución para la disolución de los controles integrados, y principalmente la declaración de Aguas Blancas como ciudad de comercio fronterizo.
La iniciativa incluye, entre otros puntos, la ampliación de recursos humanos y oficinas en el Puerto de Chalanas, la extensión del horario de funcionamiento, la agilización de trámites, la coordinación con Bolivia para mejorar el tránsito vecinal, la implementación de la Tarjeta de Tránsito Vecinal (TVF) y la autorización para que taxis de Aguas Blancas y Orán lleguen hasta el puente internacional, evitando que cientos de personas, incluidos adultos mayores y mujeres embarazadas, deban cruzar a pie bajo altas temperaturas.
Mientras tanto, en la frontera el malestar crece. Comerciantes y vecinos advierten que las restricciones no solo dañan el comercio, sino que también afectan directamente a los propios consumidores bolivianos, en una zona donde el intercambio cotidiano es parte central de la vida económica y social.