El sector vitivinícola argentino atraviesa una paradoja: mientras las exportaciones aumentan en volumen, los ingresos en dólares registran una caída.
El fenómeno responde principalmente al crecimiento del vino a granel —que se comercializa sin embotellar y a menor precio— y que comienza a modificar la estructura del negocio exportador.
De acuerdo con un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el volumen exportado de vino creció 8,5% interanual en febrero de 2026, mientras que el mosto concentrado avanzó 12,7%.
Sin embargo, el valor total exportado cayó 7,6%, lo que evidencia una pérdida de ingresos pese al aumento de las cantidades enviadas al exterior.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por el vino a granel, cuyos envíos aumentaron 55,7% en volumen, mientras que las exportaciones fraccionadas —es decir, el vino que se exporta embotellado y con mayor valor agregado— registraron una caída del 7,7%.
Esta dinámica genera una brecha entre el crecimiento físico de las exportaciones y el ingreso efectivo de divisas del sector.
El cambio en la composición de las ventas externas refleja una tendencia hacia productos de menor valor agregado.
En el caso del granel, el vino se envía en grandes contenedores o tanques para ser embotellado o mezclado en el país de destino, lo que reduce el precio promedio de exportación.
A este fenómeno se suma otro desafío estructural para la industria: la caída del consumo interno.
Según datos del sector, Argentina pasó de consumir cerca de 90 litros de vino per cápita en la década del setenta a alrededor de 16 litros en la actualidad.
Más recientemente, también en el mercado nacional, el dato tampoco es alentador, porque tal como cuentan los empresarios vitivinícolas, las ventas en la Argentina cayeron un 30% en 2025 con respecto al año previo, lo que obliga a las bodegas a explorar mercado internacional, y a los ya exportadores, ampliar los destinos de sus vinos.
En ese escenario, algunas empresas buscan posicionarse en mercados internacionales de mayor valor agregado.
Según pudo saber Gente de Salta, la bodega Tacuil —ubicada en Molinos, a unos 2.700 metros de altura en los Valles Calchaquíes— destina actualmente cerca del 50% de su producción al mercado externo, con presencia en países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza, España, China, Hong Kong y Australia.
La empresa obtuvo recientemente el sello “Vitivinicultura Argentina Sostenible”, una certificación impulsada por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) junto al Consejo Federal de Inversiones (CFI) y gobiernos provinciales, que busca mejorar la competitividad del sector en los mercados internacionales.
En total, 26 bodegas y 53 fincas de 14 provincias certificaron este estándar de sustentabilidad, que contempla criterios ambientales, económicos y sociales dentro del proceso productivo.
El objetivo es adaptarse a las nuevas demandas del mercado global y abrir oportunidades comerciales en destinos donde las exigencias sobre prácticas sustentables son cada vez mayores.
Entre los mercados más exigentes aparecen los países del norte de Europa, donde las certificaciones ambientales se convirtieron en un requisito cada vez más habitual para la importación de vinos.
En paralelo, el sector también refuerza su presencia en ferias internacionales. A comienzos de este año, 43 bodegas argentinas participaron en Wine Paris, uno de los encuentros más importantes del comercio global del vino, que reúne a miles de productores, importadores y compradores de todo el mundo.
En esa edición, además, Salta participó por primera vez con un stand propio para bodegas de la región.
En un contexto de caída del consumo interno y cambios en la estructura del comercio exterior, el desafío para la industria vitivinícola argentina pasa por recuperar el valor de sus exportaciones.
Mientras el volumen de envíos continúa creciendo, la clave para el sector estará en conquistar mercados premium y diferenciar sus productos en un negocio cada vez más competitivo.