El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación alcanzó el 2,8%, consolidando a 2025 como el año con el menor índice inflacionario desde 2017. A partir de este dato, Gente de Salta dialogó con el magíster en Finanzas de Bloom Capital, Sergio Feniak, quien explicó los factores detrás de la desaceleración, el peso de las políticas macroeconómicas y el impacto del nuevo esquema cambiario, a través de definiciones clave.
Según Feniak, la principal razón de la baja inflacionaria es la consistencia del rumbo económico. En ese sentido, remarcó que “por primera vez en muchos años, la política económica fue consistente y previsible”, lo que permitió ordenar las cuentas públicas, dejar de financiar el déficit con emisión y establecer reglas claras. “Cuando eso ocurre, la gente y las empresas empiezan a confiar, y esa confianza se traduce en algo muy concreto: aumenta la demanda de pesos”, explicó.
El especialista subrayó además un rasgo estructural de la economía argentina: “La inflación en Argentina no es solo un problema de precios, es un problema de moneda”. En contextos de desconfianza, señaló, el peso deja de cumplir su función y los precios se disparan. “Cuando nadie quiere pesos, los precios suben, y el refugio natural pasa a ser el dólar. En 2025 ocurrió lo contrario”, afirmó. A su entender, con una política orientada al mercado, reglas más estables y un plan económico creíble, “el peso dejó de ser un ‘activo que quema’ y volvió a ser una moneda que se usa y se guarda, aunque en el segundo semestre se generaron ciertas dudas”. Ese cambio, sostuvo, “por sí solo frena la inflación”.
En cuanto a las causas de la desaceleración, Feniak fue claro al señalar que “la baja de la inflación es principalmente un resultado de la política macroeconómica”. Enumeró como factores centrales la disciplina fiscal, el orden monetario y un esquema cambiario más previsible, que modificaron los incentivos en la economía. Reconoció, no obstante, que estas decisiones tuvieron un costo de corto plazo: “Hubo una desaceleración del aumento de la actividad, algo inevitable cuando se corrigen desequilibrios, pero al mismo tiempo se redujo la presión inflacionaria”.
El rol de las expectativas
Durante gran parte del año, explicó, “el mercado asumía que después de las elecciones iba a haber una devaluación y un cambio de rumbo económico”. Esa percepción llevó a muchas empresas a remarcar precios de manera preventiva, impulsando la inflación mensual. “Cuando luego del proceso electoral eso no ocurrió y el plan se mantuvo, esas expectativas se desarmaron y los precios dejaron de correr por anticipado, aunque quedó un efecto residual al alza”, precisó.
Para Feniak, el fenómeno no responde a factores circunstanciales. “No se trata de algo transitorio, sino del resultado de un marco de política económica que cambió los incentivos y las expectativas”, afirmó, al tiempo que lo definió como una combinación de coherencia en las decisiones y un cambio profundo en la forma en que la economía percibe el futuro.
Nuevo esquema cambiario de bandas
El Magíster en finanzas sostuvo que “no es un cambio de modelo, sino una afinación del mismo”. Explicó que las bandas que se ajustan por inflación mensual aportan previsibilidad, ya que “todos saben dentro de qué rango puede moverse el dólar y que ese rango se actualiza de manera ordenada”.
En el corto plazo, indicó, esta previsibilidad “ayuda a anclar expectativas”, porque si las empresas saben que no habrá una devaluación sorpresiva, “no necesitan remarcar por miedo”. En el mediano plazo, agregó, refuerza la continuidad del plan económico, que es “lo que más contribuye a bajar la inflación de manera sostenida”.
“Más que una revolución, es sintonía fina”, resumió Feniak, al destacar que se trata de una mayor flexibilidad dentro de un esquema que mantiene el objetivo central de reducir la inflación sin perder el control del tipo de cambio. “Eso es lo que más valora el mercado y lo que termina reflejándose en los precios”, concluyó.