En una fecha cargada de simbolismo para los fanáticos de Gustavo Cerati y el inicio de la “Sodamanía” tras su consagración en el Festival de Viña del Mar de 1987, su hermana Laura decidió abrir una ventana a la intimidad familiar y compartir un recuerdo profundamente emotivo.
A través de sus redes sociales, Laura Cerati publicó dos notas manuscritas que su madre, Lilian Clark, solía dejarle a Gustavo durante su adolescencia. Escritas en hojas de libreta anillada, con tinta azul ya envejecida por el tiempo, los mensajes conmueven por su sencillez y cercanía.
En una de ellas, con letras mayúsculas, se lee: “Gus: no te olvides de cerrar con las 2 llaves abajo”. En la otra, el tono es igual de cotidiano y amoroso: “No te olvides de cerrar abajo, apaga equipo musical (anoche quedó prendido). Chuic”.
Pequeños recordatorios domésticos que hablan de una madre atenta y de un hijo que, mucho antes de convertirse en ícono del rock latinoamericano, era simplemente “Gus” en su casa de Villa Ortúzar, en Buenos Aires.
El amor detrás del mito
Las notas revelan el clima familiar en el que creció el líder de Soda Stereo, lejos de los escenarios multitudinarios y los flashes. En ese hogar —donde vivió desde los 14 años— comenzó a gestarse su pasión por la música, entre ensayos, equipos que quedaban encendidos y sueños que recién empezaban a tomar forma.
Ese adolescente que recibía advertencias para cerrar con llave o apagar el equipo musical pronto se convertiría en uno de los artistas más influyentes del continente. Su formación estuvo atravesada por referentes como Luis Alberto Spinetta y por la admiración profunda hacia The Beatles, huellas que marcaron sus primeros pasos creativos.
La publicación de Laura no solo despertó nostalgia entre los seguidores, sino que también volvió a poner en primer plano la figura de Lilian Clark, quien durante años acompañó públicamente el recuerdo y la memoria de su hijo.
En medio de homenajes y celebraciones por la historia de Soda Stereo, estas notas simples y amorosas recuerdan algo esencial: antes del mito, hubo una madre que lo cuidaba; antes del ícono, un chico que soñaba con música en su habitación.