WELCOME TO DERRY (2025)
Donde nació el terror… con cara de payaso.
Por Lucía y Feliciano para Gente de Salta
Welcome to Derry, la ansiada serie de los hermanos argentinos Andy y Barbara Muschietti, finalmente llegó a nuestras pantallas. Ambientada en la misma Derry de siempre —esa ciudad donde el mal se filtra entre los caños y las sonrisas—, esta precuela de It se propone explorar los orígenes del terror antes de que Pennywise tuviera nombre o maquillaje.
Derry, Maine. Un pueblo que de lejos es una postal en sepia: casas prolijas, autos antiguos y ropa que debería volver. Pero basta asomarse dos minutos para que esa quietud se vuelva una amenaza. La serie arranca sin sutilezas: un parto, un grito, una criatura alada que rompe los límites de lo humanamente posible, y un grupito de amigos con el que no deberías encariñarte.
El detrás de cámara
Desde su concepción, la producción —con Muschietti al mando— buscó narrar un “antes” cargado de tensión psicológica. El detrás de escena muestra una planificación minuciosa en la narrativa y el diseño sonoro: cada decisión visual está pensada para construir una atmósfera de realismo mágico y de amenaza constante. La música —un personaje más, con coros susurrados y cuerdas tensas— funciona como el Flautista de Hamelin: te seduce y te arrastra de a poco hacia una pesadilla.
La serie presenta nuevos personajes —Lily, Terry, Phil, Ronnie, Susie— que orbitan en torno a la desaparición de Matty, un chico marcado por el aislamiento. Sus relaciones están tejidas sobre la delgada línea entre la pertenencia y la marginalidad, ampliando el espectro emocional de la historia. Esta es, en esencia, una Derry que palpita trauma: no solo lo que acecha en las alcantarillas, sino lo que se hereda en silencio.
“En ‘It’, Stephen King escribió una obra maestra del terror, pero también una parábola sobre el alarmismo y el uso del miedo como arma en el mundo real”, dijo Andy Muschietti en la premiere. Y completó: “ Esa metáfora parece mucho más relevante en los días que vivimos ahora. Por eso me gusta considerar la serie como un recordatorio de que, si creés en la empatía y en el amor, podemos mantenernos unidos y alzarnos contra la violencia, la intimidación y la crueldad que estos payasos nos infligen”.
Para Feli
Lo que sobresale
- La ambientación sesentosa está construida con precisión: calles concurridas de día, vacías de noche, bases militares y escondites secretos, y una atmósfera que huele a flores muertas.
- El prólogo es directo y visualmente impactante: entras al horror por la puerta principal.
- La inversión del tropo de “familia americana perfecta” —una fachada que se quiebra con el primer zoom lento de la cámara— potencia la tensión psicológica.
- La mezcla entre efectos prácticos y digitales, en escenas como el nacimiento de la criatura alada, demuestra ambición técnica y narrativa.
Lo que hace ruido
- El CGI es ese invitado que no sabe cuándo irse. Muschietti ya demostró con It Chapter One que domina el efecto práctico y la sugestión, pero acá parece fascinado con su programa de edición favorito. La criatura impresiona, sí… pero también te aleja. Algo concebido para helar la sangre termina sintiéndose demasiado renderizado.
- Los jumpscares siguen su partitura milimétrica. Ese cálculo preciso —que alguna vez sorprendió— hoy se siente automático. Desde la segunda entrega de It, el truco perdió parte de su gracia.
- Lo que en un principio te atrapa —la promesa del suspenso— termina soltándote sin cumplir. Tiraron toda la carne al asador con el fuego dema
- siado fuerte. No hubo tiempo de compenetrarnos con la historia ni de comprometernos con los personajes. El episodio se arrebató antes incluso de los créditos.
Para Lu
Lo que sobresale
- Se nota mucho la investigación previa en cuanto a ambientación, vestuario, música y costumbres. Hay un cariño especial a la vista en la época que se busca recrear.
- Los niños actúan muy bien, siguiendo la línea del Losers Club original.
- La música acompaña exitosamente.
- El pueblo es demasiado perfecto, demasiado sueño gringo, y eso nos da anticipación de una cáscara artificial y vacía que pronto va a resquebrajarse.
Lo que hace ruido
Sostén mi It: Parte I, que hay bastante y mi marido es muy generoso.
- Si bien se entiende la intención de Muschietti de demostrar en el primer episodio que nadie está a salvo, todos los hechos son apresurados y como sólo se trata de un piloto, no llega uno a recordar siquiera los nombres de los personajes, mucho menos a quererlos, algo muy logrado en It (2017).
- Se hizo tanta fuerza por crear a un bebé Pennywise terrorífico, que terminó siendo una caricatura bastante ridícula.
- Los nuevos niños-protagonistas son claramente una copia del Losers Club, tanto por el hecho de ser niños como por el rol de cada uno (aunque, spoiler alert, no todos lleguen al segundo episodio) y por las líneas de alivio cómico, pero se siente bastante artificial el grupo.
- Se perdió lo que tan exitosamente se había conseguido en la adaptación del 2017: suspenso. No hubo tiempo tampoco de aguantar la respiración, de sentir que algo nos mira desde las sombras. Todo avanzó rapidito y a la vista.
- Como quisieron que nos encariñáramos, hubo bastante infodump en escenas de exposición forzada para que nosotros, espectadores, sintiéramos empatía. De nuevo, no hubo un momento para procesar a esos personajes.
Quizás por los tiempos que corren, parece que la serie (que en tono nos recordó a ambos mucho a El Club de la Medianoche de Flanagan) buscara avanzar bien rápido, sin silencios ni quietud, para que en la pantalla haya siempre algo que capture la atención del televidente.
No estoy tan entusiasmada por seguir la historia como por ver algunos cuadros que prometen estéticamente.
Lo que flota (y no son las víctimas de Pennywise)
Resulta irónico —y hasta un poco divertido— que ya en los foros se esté discutiendo que la serie “copia” la estética —e incluso el tropo— de Stranger Things, cuando esta última no es más que un homenaje bastante transparente a la obra de Stephen King. Es como acusar a un árbol de imitar su propia raíz.
También hay un cambio de sabor que no pasa desapercibido: lo que comenzó en 2017 como un terror crudo y seco, con alivios cómicos que llevaban el sello del humor argento de Muschietti, ahora se acerca más al terreno de la serie de terror juvenil. No es un defecto en sí —el género tiene su público—, pero tal vez no cumpla con las expectativas de quienes quedaron marcados por la intensidad de It (2017–2019). De todos modos, es pronto para dictar sentencia: un episodio piloto no debería definir al monstruo completo que esconde la serie.
Lo que nos deja el piloto
Welcome to Derry tiene el pulso firme y la estética impecable, pero corre el riesgo de confundirse de enemigo: no es la criatura lo que desgasta, sino la confianza ciega en fórmulas que antes funcionaban sin esfuerzo. Hay potencia narrativa, climas inquietantes y momentos que rozan lo brillante. Pero también hay una sobreproducción que amenaza con taparlos.
El miedo que funciona no te grita en la cara: te respira en la nuca. Y a veces, en medio de tanta precisión técnica, uno desearía que la serie se permitiera eso: un segundo de silencio incómodo antes de saltarte a la yugular.
De todas maneras, los avances prometen una historia ambiciosa, más extensa y emocional que las películas. Si el piloto fue apenas un primer mordisco, aún hay tiempo para que la serie encuentre su ritmo y su voz. Y si algo sabemos de Derry… es que las apariencias engañan.
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