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El ataque suicida ligado a la AMIA: El misterio del avión que explotó en Panamá 24 horas después del atentado en la Argentina

Treinta y dos años después del atentado contra la AMIA, una investigación vuelve a poner el foco en un hecho que permaneció durante décadas rodeado de misterio. El vuelo 901 de Alas Chiricanas explotó en Panamá apenas 24 horas después del ataque en Buenos Aires y la Justicia investiga si ambos episodios formaron parte de una misma trama terrorista vinculada a Hezbollah.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 17 Julio de 2026
17 Julio de 2026
Panama21
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Un día después del atentado contra la AMIA en Buenos Aires, otro hecho sacudió a América Latina y, durante décadas, quedó envuelto en interrogantes. El 19 de julio de 1994, el vuelo 901 de Alas Chiricanas explotó en pleno vuelo apenas diez minutos después de despegar de Colón con destino a Ciudad de Panamá.

Las 21 personas a bordo murieron, entre ellas 12 integrantes de la comunidad judía panameña y tres ciudadanos estadounidenses. La investigación determinó que la aeronave habría sido destruida por una bomba activada por un atacante suicida que viajaba como pasajero.

La cercanía temporal con el atentado contra la AMIA —que había dejado 85 muertos en Argentina apenas 24 horas antes— hizo que desde el inicio surgieran sospechas sobre una posible conexión entre ambos ataques.

Avión de Alas Chiricanas.
El vuelo 901 de Alas Chiricanas explotó en el aire poco después de partir del aeropuerto de Colón.

Durante años, la causa avanzó con escasos resultados y terminó prácticamente paralizada. Sin embargo, en 2018 Panamá reabrió la investigación luego de recibir nueva información de los servicios de inteligencia de Israel y del FBI estadounidense, que sostienen la hipótesis de un atentado terrorista.

En 2026, el caso cobró nuevo impulso con la extradición desde Venezuela de Ali Zaki Hage Jalil, un ciudadano colombo-venezolano de ascendencia libanesa señalado por la Fiscalía panameña como presunto partícipe del atentado y vinculado por Israel a Hezbollah. El imputado se negó a declarar y la Justicia declaró la investigación como una "causa compleja", otorgando un plazo adicional para profundizar las pesquisas.

Si la hipótesis del terrorismo termina siendo confirmada por la Justicia panameña, el ataque al vuelo 901 será considerado el mayor atentado terrorista de la historia de Panamá y uno de los episodios más estrechamente relacionados con la ola de ataques contra objetivos judíos ocurrida en América Latina durante la década de 1990. Aunque no existe una sentencia firme que establezca un vínculo judicial entre ambos hechos, la proximidad temporal y las líneas investigativas mantuvieron durante más de tres décadas al vuelo 901 asociado al atentado contra la AMIA.

Restos del avión de Alas Chiricanas esparcidos en el cerro Santa Rita de Panamá tras explotar en el aire el 19 de julio de 1994.
No quedaron sobrevivientes

Para José Antonio González, el vuelo 901 de la tarde del 19 de julio de 1994 iba a ser el primero de muchos.

"Tony, como le llamábamos cariñosamente, había cumplido 19 años en mayo", recuerda su madre, Marta Márquez. "Acababa de terminar sus estudios de piloto en Estados Unidos, siguiendo los pasos del papá, y empezaba su instrucción como observador. Estaba emocionadísimo".

Para Saúl Schwartz, un empresario de 35 años que tenía negocios en la Zona Libre de Colón, la segunda ciudad de Panamá, situada en la costa Caribe a 80 kilómetros de la capital, era un vuelo más.

Un trayecto breve y cotidiano que lo llevaría, como a la mayoría de los 18 pasajeros que abordaron aquel avión de Alas Chiricanas, desde la segunda zona franca más grande del mundo — y el principal centro de distribución comercial de América Latina— a su casa en Ciudad de Panamá.

Sin embargo, a 10 minutos de haber despegado del aeropuerto France Field, la aeronave explotó en el aire, esparciéndose sus restos sobre el cerro Santa Rita sin dejar sobrevivientes.

Tras más de tres décadas de incógnitas e impunidad, el esclarecimiento del caso parece hoy más probable que nunca.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu (derecha) da la bienvenida al presidente de Panamá Juan Carlos Varela antes de su reunión en su oficina en Jerusalén el 17 de mayo de 2018. (Foto de GALI TIBBON / POOL / AFP) (Foto de GALI TIBBON/POOL/AFP vía Getty Images)
El entonces presidente panameño Juan Carlos Varela solicitó retomar las indagaciones tras recibir del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu

"Hacerle justicia a mi amigo es algo que me puse como una meta", le dice hoy a BBC Mundo el exmandatario Juan Varela, quien fue llamado a juicio en el marco del caso Odebrecht, uno de los escándalos de corrupción más amplios y relevantes de América Latina, que presuntamente involucró a una constructora brasileña y a políticos, funcionarios y empresarios de una decena de países entre 2005 y 2014.

Varela negó en su momento haber recibido "pagos indebidos" de Odebrecht o cualquier otro contratista del Estado y se mostró dispuesto a "dar la cara" en un juicio que, por su condición de diputado del Parlamento Centroamericano (Parlacen) debe solventarse ante la Corte Suprema de Justicia.

Las investigaciones del FBI e Israel

Según la información adjunta, el 27 y 28 de mayo de 1994 un hombre no identificado con ascendencia de Medio Oriente utilizó una tarjeta de crédito robada de un ciudadano estadounidense para alquilar dos carros 4x4 en Ciudad de Panamá y un sistema telefónico de dos líneas. Los vehículos que se encontrarían más tarde abandonados cerca del aeropuerto de la capital, Tocumen.

"Se desconoce si los hombres no identificados que se muestran en las fotos más arriba eran socios de Ali Hawa Jamal. Se cree que viajaron a Colombia, Venezuela, Costa Rica y Líbano. Y se afirma que estuvieron en contacto con personas que han sido vinculadas a traficantes de armas", se agrega.Solicitud del FBI de información en el marco de la investigación por el caso del vuelo 901 de Alas Chiricanas, que explotó en el aire el 19 de julio de 1994, en Panamá.

También se informa de que el Departamento de Estado de EE.UU. ofrece una recompensa de hasta US$5 millones a cambio de información "que conduzca al arresto o la condena en cualquier país y de cualquier persona que cometiera, intentara cometer o confabulara para que se cometiera el atentado con bomba del vuelo 901 de la aerolínea Alas Chiricanas, o que fuera cómplice o instigador de este ataque que resultó en la muerte de tres ciudadanos estadounidenses".

En su documental, Shabtai Shavit, quien fuera el director del Mossad entre 1989 y 1996, le dice a cámara que no puede hablar del tema porque es "tabú" y porque pasaron tantos años que ya no recuerda.

Ali Zaki Hage Jalil, un ciudadano colombo-venezolano presuntamente vinculado con Hezbolá, llega a Panamá después de ser extraditado desde Venezuela en el Aeropuerto Internacional de Tocumen en Ciudad de Panamá, Panamá, el 20 de abril de 2026. (Foto de BIENVENIDO VELASCO/EPA/Shutterstock )
El colombo-venezolano Ali Zaki Hage Jalil fue extraditado por Venezuela en abril bajo un fuerte dispositivo de seguridad

Pero tanto Yaacov Peri, exjefe de Shin Beit, otro servicio de inteligencia israelí, como Yoram Schweitzer, director del Programa sobre Terrorismo del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad, sostuvieron la teoría de que Hezbolá habría estado detrás del suceso.

"Al principio nadie sabía que había sido un ataque terrorista, así que nadie lo trató como tal. Cuando se dieron cuenta, por el cuerpo del suicida y otras pruebas forenses, empezaron a investigar, pero el tiempo que pasó (...) influyó en la capacidad de encontrar pruebas. El tiempo es un factor crucial", le contesta en cámara.

Por su parte, Peri le subraya que, aunque "cualquier ataque terrorista en el mundo es de interés de la comunidad de inteligencia israelí", la investigación quedó en manos de las autoridades panameñas, quienes "han hecho un trabajo decente, en cooperación con las argentinas".

El profundo impacto de la violencia

"Pero, después de 32 años y de todas las investigaciones, ¿todavía se pueden recabar más pruebas?", se cuestiona Marta Márquez, la madre del joven piloto Tony, uno de los fallecidos en el vuelo 901 de Alas Chiricanas.

"Nunca albergué esperanzas de que fueran a agarrar a alguien o de que esto fuera a resurgir. Pensé que se iba a quedar así", admite.

"Así que me dio mucho gusto saber que lo han desgavetado y que probablemente se llegue a una justicia. Sería una forma de cierre, aunque no nos traiga a nuestros seres queridos de vuelta".

Restos del avión de Alas Chiricanas esparcidos en el cerro Santa Rita de Panamá tras explotar en el aire el 19 de julio de 1994.
Restos del avión de Alas Chiricanas esparcidos en el cerro Santa Rita de Panamá tras explotar en el aire el 19 de julio de 1994

Benaim, por su parte, remarca que no solo sigue habiendo un puñado de preguntas por responder y un caso por resolver. "¿Cuál fue la razón? ¿Qué se buscaba? ¿Por qué Panamá?", repite una y otra vez.

Para el cineasta también continúa abierto el proceso emocional, algo de lo que se dio cuenta al mostrar el documental al público y ser testigo de la reacción, tanto de aquellos que lo recordaban a la perfección como de los que no habían oído hablar de ello.

"Esa era mi intención: entender el porqué pero también mostrar que hechos como aquel tienen implicaciones a través del tiempo, a través de generaciones, muy profundas y que cambian vidas", explica.

"Yo no soy mucho de moralejas, pero ese mensaje de que la violencia nos toca a todos, aunque suene a cliché, es verdad. Uno realmente no se puede imaginar el daño que hace la violencia en una sociedad hasta que lo vive".

*Con información de BBC

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