MundoVuelta a la tradición

El papa León XIV retomó el lavado de pies a sacerdotes en el Jueves Santo

En el marco del Jueves Santo, el papa León XIV volvió a centrar el tradicional lavado de pies en sacerdotes, marcando un cambio respecto a los últimos años, y destacó el gesto como una expresión de humildad y servicio cristiano.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 2 Abril de 2026
2 Abril de 2026
Papa
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En el marco del Jueves Santo, el papa León XIV encabezó el tradicional ritual del lavado de pies, en una ceremonia que marcó un cambio respecto a la práctica impulsada por su predecesor.

Durante la celebración, el pontífice lavó los pies a 12 sacerdotes, retomando una tradición centrada exclusivamente en miembros del clero. La decisión implica un giro en relación con los últimos años, cuando este rito se extendía a laicos y personas de distintos credos en contextos como cárceles, centros de detención juvenil y espacios para migrantes.

Entre los participantes se encontraban 11 sacerdotes ordenados por el propio León XIV el año pasado, junto al reverendo Renzo Chiesa, director del principal seminario de la diócesis de Roma.

La ceremonia se desarrolló con los gestos simbólicos tradicionales: el Papa vertió agua de una jarra dorada sobre los pies de cada sacerdote, los secó con un paño blanco y luego los besó, en señal de humildad y servicio.

En su homilía, León XIV definió el rito como un “gesto gratuito y humilde” que refleja “la verdadera omnipotencia de Dios”, reforzando el sentido espiritual de una de las celebraciones más significativas del calendario cristiano.

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¿Cuál es el origen bíblico y el contexto histórico de esta práctica?

El origen del rito del lavado de pies se encuentra en las escrituras, específicamente en el Evangelio según Evangelio de Juan (13, 1-17). Allí se relata que Jesús, consciente de que había llegado el momento de su partida, se levantó de la mesa durante la última cena, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y comenzó a lavar y secar los pies de sus discípulos.

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El gesto provocó inicialmente la resistencia de Simón Pedro, quien no comprendía que su maestro asumiera una tarea considerada inferior. Sin embargo, Jesús le explicó que ese acto era necesario para poder “tener parte con él”, subrayando su profundo significado espiritual.

En el contexto histórico de la época, el uso de sandalias en caminos polvorientos hacía que los pies se ensuciaran con facilidad. Por ello, era habitual en la cultura judía ofrecer agua a los visitantes como gesto de hospitalidad. No obstante, esta tarea estaba reservada a los sirvientes y nunca era realizada por el anfitrión.

Al asumir ese rol, Jesús transformó una práctica cotidiana en una enseñanza central: el servicio y la humildad como valores fundamentales. Con este acto, no solo rompió las jerarquías sociales de su tiempo, sino que también dejó un mandato a sus seguidores de actuar con el mismo espíritu de entrega hacia los demás.

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