El Hospital Vall d’Hebron concretó un nuevo hito en la historia de la medicina al realizar el primer trasplante facial del mundo a partir de una donante que había accedido a una muerte asistida, conocida como eutanasia.
La intervención permitió que Carme, una paciente con necrosis facial severa tras una infección bacteriana, recuperara funciones vitales básicas como la alimentación, la respiración y la sensibilidad facial. Se trata además del tercer trasplante facial realizado en ese centro, dentro de un total de seis en España y 54 en todo el mundo.
El trasplante facial está indicado únicamente en casos de desfiguración grave cuando otras técnicas reconstructivas no resultan viables. En este caso, la paciente requería un trasplante tipo I, correspondiente a la zona central del rostro.
“El trasplante de cara es una cirugía funcional”, explicó el jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del hospital, Joan-Pere Barret. “Son pacientes que han perdido estructuras faciales esenciales y cuya calidad de vida está severamente afectada”.
Durante la operación se trasplantaron piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y estructuras óseas, que debieron ser reconectadas mediante técnicas de microcirugía de alta complejidad.
La donación que hizo posible la planificación anticipada
El procedimiento fue posible luego de que una paciente del hospital, que había solicitado la eutanasia por una enfermedad genética, expresara su voluntad de donar su rostro, además de otros órganos.
La coordinadora médica de Donación y Trasplantes del Vall d’Hebron, Elisabeth Navas, destacó el carácter excepcional del gesto: “Los donantes y sus familias siempre realizan un acto de enorme generosidad, pero en este caso se trata además de una decisión de una madurez difícil de describir”.
A diferencia de otros trasplantes faciales, esta donación permitió realizar tomografías computarizadas previas tanto a la donante como a la receptora, lo que facilitó la creación de modelos tridimensionales personalizados y guías de corte quirúrgico, optimizando la precisión del procedimiento.
Un trabajo interdisciplinario de alta complejidad
La cirugía, que puede extenderse entre 15 y 24 horas, involucró a cerca de 100 profesionales de distintas áreas, entre ellas cirugía plástica, trasplantes, anestesiología, inmunología, psiquiatría, psicología clínica y rehabilitación.
El coordinador de programas de Donación y Trasplantes, Alberto Sandiumenge, explicó que cada trasplante facial requiere un protocolo diseñado a medida.
“Es un procedimiento individuo-dependiente, que demanda evaluaciones médicas, psicológicas y sociales exhaustivas antes de ser autorizado”, comentó.
Tras la intervención, Carme permaneció un mes internada, primero en la Unidad de Cuidados Intensivos y luego en planta, y actualmente continúa con un proceso de rehabilitación facial para recuperar movilidad, expresividad y coordinación muscular.
Un antecedente clave en la medicina moderna
El Vall d’Hebron ya había marcado un precedente en 2010, cuando realizó el primer trasplante facial total de la historia, consolidándose como uno de los pocos centros del mundo con experiencia sostenida en este tipo de cirugías.
Según datos oficiales del hospital, solo siete centros en el mundo realizaron tres o más trasplantes de cara, lo que refleja la complejidad técnica, logística y humana de este tipo de intervenciones, que continúan ampliando los límites de la medicina reconstructiva.