El presidente de Colombia, Gustavo Petro, lanzó una acusación directa y contundente este martes: bombardeos en la zona limítrofe con Ecuador habían dejado una estela de muerte, al menos 27 cuerpos calcinados, sin una explicación clara sobre la autoría de semejante acto. La imagen de esos cuerpos, reducidos a cenizas, pesa sobre las relaciones bilaterales.
La incredulidad se reflejaba en sus palabras, difundidas a través de la red social X. “Los bombardeos en la frontera de Colombia y Ecuador no parecen ser ni de los grupos armados, no tiene(n) aviones, ni (de) la fuerza pública de Colombia. Yo no he dado esa orden”, escribió Petro, sembrando una duda inquietante sobre quién o quiénes podrían estar detrás de semejante ataque. La pregunta resonaba: ¿quién tenía la capacidad y la voluntad de llevar a cabo una acción tan devastadora en esa zona fronteriza?
Del otro lado de la frontera, la respuesta no se hizo esperar. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, y su Ministerio de Defensa negaron categóricamente cualquier implicación. Rechazaron que se hubieran realizado bombardeos en territorio colombiano durante operaciones contra grupos criminales. Noboa, también a través de X, calificó las declaraciones de Petro como falsas, insistiendo en que las operaciones contra el “narcoterrorismo” se circunscribían al territorio ecuatoriano. La defensa era firme, pero no lograba disipar por completo la sombra de la sospecha.
La incertidumbre persistía. Petro insistía en la falta de versiones creíbles sobre los bombardeos. “Las bombas están en el piso cerca a familias”, afirmó, pintando una imagen desgarradora de la situación sobre el terreno. Familias, muchas de las cuales habían apostado por la legalidad, cambiando sus cultivos de hoja de coca por alternativas como café y cacao, ahora se encontraban en el epicentro de un conflicto que parecía escalar.
Petro recordó con énfasis el programa de sustitución de cultivos ilícitos, un esfuerzo por transformar la economía de la región y ofrecer a las comunidades una alternativa sostenible. Miles de familias colombianas, dijo, se dedican ahora a cultivar productos legales que ya se exportan al extranjero, un logro que se veía amenazado por la violencia desatada en la frontera.
La escalada de tensión había comenzado el día anterior, cuando Petro denunció que Colombia estaba siendo bombardeada desde Ecuador, tras el hallazgo de una bomba “tirada desde un avión” en las inmediaciones de la frontera común. Una acusación grave que Noboa no tardó en refutar.
La respuesta de Noboa fue tajante: “Sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”. A esto añadió una justificación contundente: “Junto a la cooperación internacional, se están bombardeando los lugares que servían de escondite para estos grupos, en gran parte colombianos que su mismo gobierno permitió infiltrarse en nuestro país por descuido de su frontera”. La acusación era directa, apuntando a una supuesta negligencia del gobierno colombiano en el control de su frontera.
El Ministerio de Defensa Nacional de Ecuador reforzó la postura de su presidente, emitiendo un comunicado en el que aseguraba que las operaciones militares se desarrollaban “única y exclusivamente dentro del territorio ecuatoriano de manera responsable y soberana”. La defensa de la soberanía nacional era el argumento principal.
Sin embargo, las raíces de esta controversia se remontan a fricciones comerciales previas. En enero, Daniel Noboa impuso una “tasa de seguridad” a productos colombianos, primero del 30 por ciento y luego del 50 por ciento, alegando una “falta de reciprocidad y acciones firmes” de Colombia en la lucha contra el narcotráfico en la frontera común. La medida desató una serie de represalias económicas.
Bogotá respondió con aranceles a decenas de productos y suspendió el suministro de electricidad a Ecuador, mientras que el país andino aumentó el costo del transporte de crudo colombiano por sus oleoductos. Un conflicto comercial que, sumado a las acusaciones de bombardeos, amenaza con deteriorar aún más las relaciones entre dos naciones vecinas.