Una investigación judicial en Italia puso bajo la lupa a figuras del fútbol internacional tras desarticular una red de prostitución VIP que operaba bajo la fachada de servicios de lujo, luego de que la Justicia identificara un esquema que combinaba organización de fiestas privadas, consumo de drogas y encuentros pagos con mujeres para clientes de alto poder adquisitivo —entre ellos más de 70 futbolistas— en un circuito que movió al menos 1,2 millones de euros: el caso ya tiene detenidos.
El expediente, que se tramita en el Tribunal de Milán, apunta a la agencia MADE Luxury Concierge, una firma que se presentaba como referente en hospitalidad exclusiva pero que, según la reconstrucción judicial, estructuraba paquetes “todo incluido” que abarcaban desde cenas en restaurantes de alto nivel y acceso a boliches selectos hasta encuentros en hoteles cinco estrellas y departamentos privados, en una operatoria sostenida al menos desde 2019 y que logró mantenerse activa incluso durante las restricciones por la pandemia: una estructura aceitada.
La causa avanzó con la detención del empresario Emanuele Buttini (37), su socia Deborah Ronchi y otros dos colaboradores, quienes enfrentan cargos por explotación de la prostitución, instigación, asociación ilícita y lavado de dinero, en un proceso que además incluyó el secuestro de bienes por más de 1,2 millones de euros tras detectarse inconsistencias entre los ingresos declarados y el volumen real de la actividad marcando un salto de lo empresarial a lo penal.
Uno de los ejes centrales del expediente es el perfil de los clientes. Entre los nombres vinculados aparecen futbolistas de clubes de la Serie A como Milan, Lazio o Napoli, además de figuras internacionales como Victor Osimhen o Dean Huijsen, aunque la Justicia italiana dispuso mantener bajo secreto los detalles sobre los servicios contratados y, hasta el momento, ninguno de los deportistas fue imputado.
La organización operaba a través de redes sociales, especialmente Instagram, donde promocionaba experiencias personalizadas asociadas al lujo y la exclusividad, desde donde establecía contacto directo con potenciales clientes y ofrecía membresías VIP que incluían conserjería personalizada, acceso a eventos privados y la posibilidad de organizar encuentros en destinos como Milán, Mykonos o San Bartolomé: una vidriera sofisticada.
Las pruebas incorporadas al expediente permiten reconstruir la dinámica interna del circuito. Más de cien mujeres participaban de los encuentros y recibían aproximadamente el 50% de lo abonado por los clientes, mientras que el resto quedaba en manos de la organización, que además retenía costos de alojamiento y logística, consolidando un sistema cerrado que combinaba ingresos directos con incentivos por captación de nuevos clientes.
Las escuchas telefónicas suman otra dimensión al caso. En una de ellas se menciona la llegada de un piloto de Fórmula 1 que solicitaba servicios de manera inmediata, lo que evidencia que el alcance de la red no se limitaba al fútbol sino que se extendía a otras disciplinas del deporte de alto rendimiento.
Otro elemento relevante es el uso de óxido nitroso, conocido como “gas de la risa”, durante las fiestas organizadas por la agencia. La sustancia, utilizada por sus efectos euforizantes, no está contemplada como dopante en controles antidopaje, lo que expone una zona gris dentro del deporte profesional donde ciertas prácticas quedan fuera del alcance de los sistemas tradicionales de control: un vacío regulatorio.
La causa derivó en la detención de cuatro personas acusadas de explotación de la prostitución, lavado de dinero y otros delitos vinculados. El sistema operaba al menos desde 2019 y logró sostener una estructura que combinaba apariencia empresarial con prácticas ilegales.
El dato: el uso de sustancias no detectables en controles antidopaje expone una zona gris dentro del deporte profesional, donde ciertas prácticas quedan fuera del alcance de los sistemas de control tradicionales.