La sombra del petróleo venezolano se proyecta sobre la audaz jugada del gobierno de Donald Trump al ordenar la detención del presidente Nicolás Maduro. Un país cuya riqueza subterránea es tan vasta como su actual crisis política.
Venezuela, paradójicamente, se sienta sobre un tesoro negro más grande que el de Arabia Saudita, Rusia o Estados Unidos.
Sin embargo, su producción actual apenas representa un hilo delgado, alrededor del uno por ciento, en el torrente global de crudo. La danza de los números revela una potencia dormida, un gigante petrolero atado por años de decisiones cuestionables.
Venezuela ha experimentado una notable fluctuación en su producción y manejo de los vastos recursos petroleros desde la nacionalización de la industria en 1976 bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
A lo largo de las décadas, las políticas implementadas por diferentes administraciones, incluyendo la de Hugo Chávez desde 1999 y posteriormente Nicolás Maduro, han influenciado significativamente la economía venezolana y su relación con la comunidad internacional. La dependencia económica del petróleo ha dejado al país vulnerable a fluctuaciones en los precios globales del crudo.
Es que Venezuela “es” petróleo
El petróleo es fundamental para la economía venezolana, representando entre el 15% y el 25% del PIB y alrededor del 95% de sus exportaciones, aunque las cifras varían según la fuente y el período, con estimaciones recientes que lo sitúan en un 17% y sugiriendo una dependencia extrema que ha llevado a una gran vulnerabilidad económica ante la volatilidad de los precios,
La situación se agravó con la imposición de sanciones por parte de Estados Unidos en 2019, bajo la presidencia de Donald Trump, lo que redujo drásticamente las exportaciones de petróleo venezolano a uno de sus principales mercados.

Estas sanciones buscaron presionar un cambio político en una nación ya marcada por crisis política, económica y social. Este contexto ha llevado a diversos intentos de diálogo y negociación, pero con resultados limitados hasta la fecha.
El manotazo de ahogado de Maduro
De hecho, el que era presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, afirmó que su Gobierno estaba dispuesto a negociar un acuerdo con Estados Unidos que incluya el tema petrolero y la cooperación para combatir el narcotráfico. En una entrevista transmitida este último jueves por la televisión estatal, y conducida por Ignacio Ramonet, Maduro aseguró que solo ha sostenido una conversación telefónica con Donald Trump, y señaló que el Gobierno estadounidense conoce la postura venezolana, ya que Caracas “se lo ha comunicado a muchos de sus portavoces”.

Pero ahora, tras la impactante captura de Maduro, resuenan las palabras de Trump sobre una transición liderada por Estados Unidos en Venezuela. Analistas apuntan al petróleo como el eje central de este nuevo capítulo. El oro negro, una promesa y una fuente de conflicto perpetuo y el presidente norteamericano lo confesó sin tapujos este sábado, cuando dijo que EE.UU "va a gobernar Venezuela hasta lograr una transición segura" sin gastar un dólar, sino que "se va a tomar del petróleo".
Venezuela custodia el 17 por ciento de las reservas probadas de petróleo a nivel mundial, una cifra que supera los 300.000 millones de barriles, según el Oil & Gas Journal.
Una cantidad inmensa, un mar de posibilidades teóricas bajo la superficie venezolana. Este volumen representa el petróleo técnicamente recuperable del territorio, aunque su extracción esconde desafíos complejos.
Estados Unidos, líder mundial en producción petrolera, palidece en comparación con las reservas venezolanas, con unos 81.000 millones de barriles estimados. Esta disparidad subraya el papel estratégico que Venezuela podría jugar en el tablero energético global.
Sin embargo, años de mala gestión, inversiones insuficientes y las propias sanciones estadounidenses han erosionado la producción, desinflando la potencialidad del país.
A la ecuación se suma la complejidad de extraer el petróleo alquitranado, un crudo extrapesado que exige tecnología y procesos especializados. La naturaleza viscosa y densa de este recurso añade una capa de dificultad a la ya intrincada situación.

Estados Unidos fue, en el pasado, el principal destino del petróleo venezolano. Sin embargo, ese flujo se interrumpió abruptamente en 2019, cuando la administración Trump impuso sanciones a Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa estatal. Un corte en las venas del comercio que debilitó aún más la economía venezolana.
Si bien los envíos a Estados Unidos se reanudaron en 2023, los volúmenes siguen siendo modestos. La mayor parte del crudo venezolano ha encontrado un nuevo destino en China, reconfigurando las rutas del petróleo y el equilibrio de poder en el mercado global.
En medio de la incertidumbre, algunas compañías occidentales de petróleo y gas, perseveran en el país. Entre ellas destacan Chevron, la segunda mayor petrolera estadounidense, junto con la italiana Eni y la española Repsol. Empresas que apuestan al largo plazo, a pesar de los obstáculos.
Estas compañías han calibrado los riesgos y las recompensas, considerando que, a pesar de las dificultades y los costos, la inversión en Venezuela podría rendir frutos en el futuro. Una visión estratégica que desafía la volatilidad del presente.
Chevron, con más de un siglo de presencia en Venezuela, lidera el grupo y produce aproximadamente una cuarta parte del petróleo del país. Un legado de exploración y producción que se ha mantenido a través de las décadas.
Las operaciones de la compañía han proporcionado un respiro financiero a Venezuela, permitiendo que una porción de su petróleo fluya hacia las refinerías de la costa del Golfo en Estados Unidos. Allí, el crudo se transforma en combustibles esenciales como gasolina y gasóleo, cerrando un ciclo estratégico.
“Jugamos a largo plazo”, sentenció Mike Wirth, director ejecutivo de Chevron, en un evento reciente en Washington. Una declaración que resonó con fuerza en el contexto de la crisis venezolana.
Wirth anticipó un dato clave: el deseo de Chevron de participar en la reconstrucción de la economía venezolana, en el momento en que las circunstancias cambien. Una promesa de futuro que contrasta con la turbulencia del presente.
O no tanto.
En ese momento, nadie podía prever la orden de Trump de detener a Maduro. El futuro de Venezuela, y su tesoro petrolero, penden de un hilo, pero Chevron sigue en Venezuela.




