Apenas 69 días después de asumir la presidencia de Chile, José Antonio Kast realizó el cambio de gabinete más rápido desde el retorno de la democracia, removiendo a dos figuras clave de su administración en medio de cuestionamientos por la gestión en seguridad y por el desgaste político de sus primeras semanas en La Moneda.
La ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, y la portavoz presidencial, Mara Sedini, dejaron sus cargos tras semanas de críticas provenientes tanto de la oposición como del propio oficialismo. El anuncio fue realizado por el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, y confirmó una reestructuración que refleja las tensiones internas de un Gobierno que había llegado al poder prometiendo orden, firmeza y cambios inmediatos.
El propio Kast reconoció durante la ceremonia oficial que no esperaba hacer modificaciones tan pronto. “Hemos tenido que tomar medidas impopulares”, sostuvo el mandatario, quien admitió la necesidad de cambiar “la forma y el fondo” de la comunicación gubernamental.
La salida más sensible fue la de Trinidad Steinert, cuya gestión quedó bajo fuerte presión luego de varias declaraciones polémicas y de la ausencia de un plan integral de seguridad durante las primeras semanas de Gobierno. La ahora exministra había sorprendido incluso a sectores aliados al señalar que no esperaba que el Senado exigiera un plan estructurado en materia de seguridad, una afirmación que la oposición calificó como una muestra de improvisación.
Su reemplazo será el actual ministro del Interior, Claudio Alvarado, quien concentrará ambas carteras en una señal de centralización política en una de las áreas más delicadas para el Ejecutivo.
En paralelo, el Ministerio de Obras Públicas también quedó vacante luego de que Martín Arrau fuera designado nuevo portavoz presidencial. Su lugar será ocupado por el ministro de Transporte, Louis de Grange, que asumirá ambas funciones.
El movimiento ocurre en un momento complejo para Kast. A menos de dos semanas de presentar su primera cuenta pública ante el Congreso, el presidente enfrenta una caída en su imagen y crecientes dificultades para sostener el ritmo de las reformas prometidas durante la campaña.
La encuesta semanal de Cadem reflejó el desgaste: la aprobación presidencial cayó al 36%, el nivel más bajo desde el inicio de su mandato, mientras que la desaprobación alcanzó el 57%.
Seguridad, el eje más golpeado
La crisis política impacta especialmente en el área donde Kast había concentrado gran parte de su discurso electoral: la seguridad pública.
Durante la campaña presidencial, el líder del Partido Republicano prometió un “gobierno de emergencia” enfocado en combatir el crimen organizado, endurecer la política migratoria y recuperar el control fronterizo. Entre sus propuestas figuraban la militarización de la frontera norte, la construcción de barreras físicas contra el ingreso irregular de migrantes y el aislamiento carcelario de líderes narco.
Sin embargo, los primeros meses de gestión mostraron dificultades para traducir esas promesas en políticas concretas. La controversia creció aún más cuando el Gobierno impulsó una reducción presupuestaria para el Ministerio de Seguridad, pese a haber colocado la lucha contra el delito como prioridad central.
Desde la oposición sostienen que el problema no es únicamente de nombres. “El cambio de gabinete es el síntoma, no la causa”, afirmó la presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, quien acusó a Kast de haber construido su campaña sobre el miedo sin contar con un plan real de seguridad.
La senadora socialista Paulina Vodanovic fue todavía más dura: “En materia de seguridad, es gravísimo que hayamos estado 68 días sin un plan”.
Promesas moderadas y tensión migratoria
Otro de los temas donde Kast comenzó a matizar posiciones fue la migración. Durante la campaña aseguró que expulsaría rápidamente a cientos de miles de migrantes irregulares, aunque esta semana calificó esas declaraciones como una “hipérbole”.
El reconocimiento fue interpretado por analistas políticos como una señal de moderación obligada frente a las dificultades prácticas de gobernar y a la complejidad institucional del Estado chileno.
Aun así, Kast insiste en mantener el tono de firmeza. “La emergencia económica y de seguridad continúa”, afirmó al justificar la reestructuración ministerial.
La poda en el gabinete deja expuesto el principal desafío del mandatario: transformar un discurso de campaña basado en el impacto político y la confrontación en una gestión capaz de ofrecer resultados concretos en medio de crecientes presiones económicas, sociales y parlamentarias.