“La situación en general es completamente caótica”, describió Rubén Rojas, un rescatista voluntario venezolano. Desde hace cinco días, busca sobrevivientes entre edificios derrumbados en la parroquia de Caraballeda, en La Guaira, una de las zonas más golpeadas por los terremotos del miércoles pasado en Venezuela.
A los 42 años, este electricista y técnico en telecomunicaciones es uno de los miles de venezolanos que se sumaron a la búsqueda de compatriotas atrapados entre los escombros de decenas de edificios colapsados.
Pasó varios días sacando escombros en el edificio Vista al Mar, que se derrumbó por los fuertes terremotos de 7,2 y 7,5 grados que sacudieron el país y dejaron una cifra aún no determinada de víctimas.
Rojas vive en la ciudad de Valencia, a tres horas en auto de La Guaira, pero estaba en Caracas haciendo un trabajo de electricidad cuando ocurrió la tragedia. No lo dudó. Cuando escuchó que La Guaira estaba devastada, fue hasta allí para ayudar.
“Todos los habitantes de la zona tienen una especie de rechazo hacia las autoridades porque se ve más colaboración de las delegaciones internacionales que la de los efectivos militares venezolanos”, afirmó.
Además, señaló: “Protección Civil y los bomberos de Venezuela han hecho una labor extraordinaria, pero los efectivos militares no, y eso está generando mucho rechazo y controversia”.
Rojas contó que los lugareños “lo perdieron casi todo”. “Están en enormes colas para recibir ayudas de alimentación, útiles personales, ropa y calzado. No hay combustibles y no hay electricidad en un gran porcentaje del estado”, indicó.
En algunas zonas comenzó la demolición de edificios dañados
Rojas, cuyos hijos emigraron en los últimos años, comentó que “hay lugares donde se está autorizando la demolición de las estructuras” dañadas por los sismos.
“Existe como una especie de esperanza y a su vez de desánimo”, indicó.
En ese escenario, la búsqueda de sobrevivientes no se detiene, aunque el paso de las horas hace más dramático el operativo de rescate entre imágenes de enorme desolación. “Donde no haya demolición vamos a seguir buscando”, afirmó.