La misión Artemis II culminó con éxito este viernes tras el amerizaje de la cápsula Orión en el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, luego de un viaje de más de 1,1 millones de kilómetros por el espacio.
Durante el tramo final, los astronautas atravesaron la atmósfera terrestre a una velocidad cercana a los 40.000 km/h, mientras el escudo térmico de la nave soportó temperaturas de hasta 2700 °C. La tripulación confirmó que se encuentra en buen estado mientras descendía asistida por paracaídas.
Minutos antes del reingreso, la cápsula se desacopló del módulo europeo de servicio, dejando expuesto su escudo térmico para enfrentar las condiciones extremas del descenso.
La NASA había anticipado este momento como uno de los más críticos de la misión, conocido como el “período de apagón planificado”. Se trata de una ventana de aproximadamente seis minutos en la que se pierde toda comunicación, debido a la fricción con las capas más densas de la atmósfera, a unos 121.920 metros de altura.
En ese lapso, la cápsula viajó a una velocidad tal que podría haber cubierto la distancia entre Nueva York y Tokio en menos de 20 minutos.

El amerizaje se produjo a las 21:07 (hora de Argentina), marcando el cierre operativo del viaje espacial. Sin embargo, para los astronautas la misión aún no termina: tras el rescate, deberán someterse a una serie de estudios médicos y evaluaciones físicas.
Estos controles son fundamentales para analizar cómo responde el cuerpo humano tras haber estado expuesto a condiciones extremas en el espacio. Los especialistas buscan monitorear posibles cambios fisiológicos y recopilar datos clave para futuras misiones de larga duración.
De este modo, Artemis II no solo representa un hito en la exploración espacial, sino también un paso crucial en la preparación de futuras misiones tripuladas más ambiciosas.