La familia de Rosario de la Frontera que tuvo su infierno en Puerto Deseado

A 6 años del horror: “Se me vino el mundo abajo”, el relato del hijo mayor de María Subelza, quien fue violada y a quien le asesinaron a su hijo menor

El caso aún estremece. En su momento la conmoción brotó de norte a sur y de este a oeste en Argentina. Una madre y su pequeño fueron ultrajados, ella brutalmente violada y el menor arrojado a un acantilado. Uno de los asesinos se suicidó y el otro, aún no recibió una condena firme.

Por José Alvarez

Rosario de la Frontera, María Subelza, despedida del pequeño Santino asesinado en Puerto Deseado. — (Foto Javier Corbalán)

Este viernes se cumplen seis años de una de las tragedias más estremecedoras ocurridas en la Patagonia. El 20 de febrero de 2020, en la localidad de Puerto Deseado, María Mercedes Subelza (44) fue violada y su hijo Santino, de apenas 4 años, asesinado y arrojado a un acantilado en la zona de Punta Cavendish.

A seis años del horror, su hijo mayor, David Fernando Subelza (30), habló en exclusiva con Gente de Salta. Atendió el teléfono desde una mina en el sur santacruceño, donde trabaja desde julio de 2022.

Despedida del pequeño Santino en Rosario de la Frontera, casi una semana después del crimen. (Foto Javier Corbalán)

La entrevista se dio en medio de un paro nacional que lo obligó a permanecer en el campamento minero, en Cerro Negro, cerca de Perito Moreno, a 450 kilómetros de la ciudad donde ocurrió la tragedia y donde aún reside.

“Nos demoraron un día”, cuenta David, casi como una ironía del destino. Ese día extra en el campamento lo encontró recordando, inevitablemente, lo que pasó aquel jueves que le partió la vida en dos.

El viaje que terminó en tragedia

En febrero de 2020, María Mercedes Subelza había viajado desde Rosario de la Frontera hasta Santa Cruz para visitar a David, que por entonces “changueaba”, trabajaba en una carpintería tras no poder continuar su carrera como voluntario en el Ejército.

“Yo le había dicho a mi mamá que no podía ir a Salta porque no me daban los números. Entonces ella decidió venir a visitarme con mi hermanito”, recuerda.

A María le gusta hacer artesanías. Dibujaba, pintaba y juntaba piedras, caracoles y conchas de mar para sus cuadros. La costa de Puerto Deseado le parecía un pequeño tesoro natural. “Ella dos o un día antes iba a la costa a buscar esas cosas. Yo me iba a trabajar y después la pasaba a buscar o después del trabajo la acompañaba a la costa”, relata David.

Punta Cavendish, donde ocurrio la violacion y el crimen de María y su hijo.

El 20 de febrero había mucho viento. María le pidió que los llevara a un lugar más resguardado para seguir juntando piedras con Santino.

“Eran como las dos de la tarde más o menos. Me aseguré de que no hubiera nada raro y me fui a trabajar”. Nunca imaginó que esa sería la última vez que vería con vida a su hermano.

“Ahí me enteré que era mi familia”

Mientras trabajaba, recibió un llamado desde la comisaría. “Me preguntaron si era hijo de tal persona. Me dijeron que tenía que ir al hospital porque a mi mamá la habían robado o algo así”.

En el hospital nadie le daba precisiones. Le pedían que hiciera la denuncia por la desaparición de su hermanito. La incertidumbre se transformó en terror cuando miró su celular, tenía intenciones de publicar en los grupos sobre Santino.

“Antes vi algunas noticias que decían que a salteños los habían atacado, a una mujer y un menor. Ahí me enteré que era mi familia. Se me vino el mundo abajo”. Volvió al hospital. Cuando vio a su madre, no la reconoció.

“No era mi mamá. Le habían cortado el pelo, estaba toda golpeada. Fue como que me hubieran quebrado las piernas, no podía pararme. Pero tuve que hacerlo y decirle lo que había pasado con Santino”, contó con la voz quebrada al recordar ese momento.

Escenario del horror en Puerto Deseado.

Los agresores habían interceptado a María, la violaron y la golpearon hasta dejarla inconsciente. Creyéndola muerta, y sabiendo que el menor había sido testigo del horror, arrojaron al niño al barranco y huyeron del lugar.

Al cabo de algunas horas, una cámara de seguridad captó al principal sospechosos, Omar Alvarado, estaba comprando vino en un comercio. Luego fue detenido y, semanas más tarde, apareció muerto en una celda de la Comisaría 4ta de Caleta Olivia.

Una cruz frente al mar

Donde ocurrió el crimen hoy hay algunos símbolos para recordar a Santino. Su hermano mayor puso una cruz el mismo año del espantoso hecho. Por otra parte, un soldador del pueblo hizo un corazón de hierro.

“Siempre que voy al lugar me encuentro con algo diferente: juguetes, golosinas”, cuenta. Su madre no volvió más a Puerto Deseado, y hace unos seis meses recibió la visita de sus hermanos. Fueron hasta el lugar para prender velas,  rezar y caminar en silencio por ese rincón que transformó para siempre sus vidas. “Suelo ir al lugar donde mataron a mi hermano, a limpiar, acomodar”.

La cruz que David Ferando Subelza hizo para recordar a su hermano, Santino.

La vida después del horror

María volvió a Rosario de la Frontera, donde vive con su esposo. Continúa con tratamiento psiquiátrico, aunque intenta dejar la medicación.

“Le dijeron que tiene que tomar pastillas, pero ella no quiere estar medicada por el tema este. Los gastos son muchos, casi se gasta su pensión en las pastillas. El Estado no le provee nada”, sostuvo pero al mismo tiempo no se olvida que cuando ocurrió el trágico hecho sí recibió ayuda: “No puedo desconocer que por entonces el Gobierno salteño y Gendarmería sí nos ayudaron”.

Despedida de Santino, de 4 años, en Rosario de la Frontera. (Foto Javier Corbalán)

El dolor reaparece en escenas cotidianas. “Hace unas semanas los visite en Rosario. Cuando mí mamá ve a mi hijo, que tiene nueve años, ve al mismo tiempo a mi hermanito. Tenían la misma edad. "Nos dijo: ‘Santi estaría así’. Y es verdad”, recordó.

David sigue en el sur por trabajo. No le gusta vivir en Puerto Deseado, pero regresar a Salta implicaría empezar de cero. “Me quedé por trabajo. Si vuelvo voy a tener que andar changueando. Pero también me quiero ir, porque cada vez que voy al lugar me genera tristeza o me tengo que cruzar con familiares del asesino. Quiero cambiar un poco el aire”.

“No es justo”

Sobre la condena a uno de los responsables —que era menor al momento del hecho— David es tajante: “No es justo que hasta el momento ese sujeto no haya recibido una pena ejemplar como la que merece. A nosotros nadie nos va a devolver a mi hermanito. Tendría que recibir perpetua”.

Santino era el menor de cuatro hermanos. “Era intenso, juguetón, medio peleador, un poco bruto, pero muy alegre. Con mi hijo se llevaban bien”, recuerda.

Captura de Omar Alvarado, luego de asesinar y violar en la costa de Puerto Deseado.

A seis años del crimen que sacudió a Santa Cruz y a todo un país, David intenta aferrarse a los recuerdos felices.

“¿De qué sirve ponerse mal al recordar a nuestros seres queridos que ya no están? Hay que recordarlos de la mejor manera, con vivencias alegres. No hay vuelta atrás con lo ocurrido. Yo intento hacer eso”.

Mientras el viento patagónico sigue golpeando los acantilados de Punta Cavendish, una cruz, un corazón de hierro y pequeños juguetes recuerdan que allí se perpetró una tragedia y el pueblo no solo de Puerto Deseado sino también el pueblo argentino no debe olvidar.

Uno de los coautores, aún sigue sin condena

Horas después de perpetrar el espeluznante crimen de Santino y violar a su madre, Omar Alvarado, de 33 años y un prontuario importante en el pueblo de Puerto Deseado, fue arrestado y puesto a disposición de la Justicia. El 21 de marzo de 2020, privado de la libertad en la comisaría cuarta de Caleta Olivia, encontraron muerto a Alvarado, con lo cual se extinguió la acción penal en su contra.

Según diversas fuentes, Alvarado nunca confesó el crimen. Ambos fueron detenidos dentro de las 72 horas, los sabuesos llegaron a Alvarado a raíz de sus antecedentes y cuestiones psiquiátricas. Sin embargo, tras la primera detención un juez ordenó liberarlo por falta de pruebas, luego, y antes de que subiera a un micro para fugarse al norte del país, fue interceptado en la terminal de ómnibus.

Javier Machado, sigue detenido en Caleta Olivia.

El que sí reconoció el aberrante hecho fue Javier Machado, menor de 16 años en el momento del hecho. En sus declaraciones sostuvo que había sido obligado a participar del trágico y espantoso suceso.

En septiembre de 2021 Machado fue declarado culpable, hasta el año pasado, y con 22 años, aún no se le había fijado una condena definitiva. Continúa detenido en la Unidad Penitenciaria 2 de Río Gallegos, a disposición de la Cámara Criminal de Caleta Olivia.

La querella y la fiscalía solicitaron históricamente penas de entre 20 y 25 años de prisión, pero la cifra final depende de la resolución del proceso juvenil pendiente.