En cada fecha significativa, el dolor vuelve a abrirse como una herida imposible de cerrar. Esta vez fue el Día del Trabajador el que empujó a Oscar Ramasco a escribirle nuevamente a su hijo Lautaro, asesinado hace un año y medio en la ciudad de Salta. Lo hizo como tantas otras veces: a través de su cuenta de Facebook, en un diálogo íntimo que ya se volvió público y que expone, sin filtros, el vacío, la indignación y la lucha de toda una familia.
“Hola Lautaro”, comienza el mensaje, evocando aquellos domingos en los que su hijo salía apurado hacia el trabajo. “¿A dónde vas?”, le preguntaba. “A la empresa, porque si no me atraso con la carga de facturas”, respondía el joven de 32 años. Ese recuerdo cotidiano, simple, contrasta con la pregunta que lo atraviesa hoy: “¿De qué valió tu corta vida agitada?”, escribió el padre, con angustia.

Pero el posteo no se detiene en la nostalgia. También hay reproches. Oscar apuntó contra quienes —según su mirada— desaparecieron tras el crimen: desde el empleador de su hijo hasta familiares y amigos que nunca se acercaron. “Aquí nosotros, tu mamá y hermanos, destrozados, juntando moneditas para que se haga justicia”, expresó, dejando al descubierto la dimensión del desamparo.
En ese contexto, el mensaje adquiere un tono más firme, casi acusatorio. “El pueblo de Salta sigue atentamente tu caso y sabe perfectamente quién ordenó tu partida de este mundo”, afirmó. La frase, contundente, resume el reclamo que la familia sostiene desde el primer día: que no solo se castigue al autor material, sino que se investigue a fondo para determinar si hubo responsabilidades detrás.

El crimen de Lautaro Ramasco ocurrió la mañana del 9 de diciembre. El joven se dirigía a su trabajo a bordo de su Peugeot 208 cuando, en avenida Tavella, un objeto contundente atravesó una de las ventanas del vehículo. La maniobra le hizo perder el control y terminó en un violento choque. Las heridas fueron fatales.
Las cámaras de seguridad registraron la secuencia y permitieron identificar a dos jóvenes en la zona. Para la Justicia, uno de ellos —Gabriel Alejandro Quispes Cejas— fue quien arrojó el elemento y es señalado como autor de “homicidio simple”. El fiscal penal Santiago López Soto ya solicitó la elevación a juicio de la causa.
Sin embargo, la familia de la víctima sostiene otra línea de investigación. Antes del hecho, Lautaro habría recibido amenazas de un periodista salteño, Gustavo Vaccarella, quien —según denunciaron— lo hostigaba a raíz de una relación sentimental con su ex esposa. Los mensajes, aportados como prueba, incluyen advertencias directas y referencias al vehículo de la víctima, entre otros.

Mientras la causa judicial avanza, el dolor sigue intacto. “Provocando con ello la muerte en vida de quienes persistimos”, escribió Oscar, en referencia al impacto que dejó el crimen en su entorno más cercano. Y agradeció a quienes acompañan el proceso, “profesionales que no te conocían y empatizaron con la familia”.
El mensaje cierra con una despedida que resume todo: amor, ausencia y una fe inquebrantable en la justicia. “Al resto… que los juzgue Dios. Hasta pronto, Lautarito”.
A un año y medio del crimen, la historia de Lautaro Ramasco sigue interpelando a Salta. No solo por la violencia del hecho, sino por el reclamo persistente de una familia que, en medio del dolor, se niega a dejar que el caso quede incompleto.
