Este sábado 24 de enero, a primera hora de la mañana, se realizará la exhumación y posterior cremación de Sabrina Lucía Bertón, la joven de 17 años asesinada en pleno centro de la ciudad de Salta en marzo de 2008. La decisión fue tomada por su madre, Roxana Belbruno, tras casi dos décadas de reclamos incansables, marchas, audiencias judiciales y pedidos de justicia que marcaron a fuego la historia reciente de la provincia.

“He tomado esta igualmente triste decisión”, expresó Belbruno en un comunicado en el que también anunció que, a partir de ahora, ya no habrá tumba ni lápida en el cementerio de la Divina Misericordia, donde Sabrina descansó durante todos estos años. Un gesto profundo y doloroso que, según explicó, busca cerrar una etapa sin resignar memoria ni verdad.
El crimen de Sabrina conmocionó a Salta: la adolescente recibió un disparo en la cabeza cuando caminaba junto a un grupo de amigos. Desde aquel día, su nombre se convirtió en símbolo de lucha. Roxana Belbruno transformó el dolor en acción y encabezó una causa que trascendió lo personal para convertirse en un reclamo colectivo contra la impunidad.
En 2015, la Justicia dictó una condena por homicidio simple contra Aldana Leyseca, una sentencia que la familia de la víctima siempre consideró insuficiente. Con el paso de los años, los beneficios otorgados a la condenada reavivaron la indignación pública y motivaron reiterados pronunciamientos de Belbruno, quien nunca dejó de denunciar lo que considera una deuda del sistema judicial con su hija.

Para la madre de Sabrina, la cremación no significa cerrar la herida, sino darle otro sentido al recuerdo. “Es un acto simbólico”, sostienen desde su entorno, “una forma de transformar el dolor en memoria activa”, sin renunciar al reclamo de justicia que la acompañó durante casi 18 años.
La historia de Sabrina Bertón sigue interpelando a la sociedad salteña. Su nombre, aun sin tumba ni lápida, permanece como bandera de una lucha que se niega a desaparecer.


