Entre otros aspectos abordados en la audiencia del 30 de abril pasado, cuando Daniel Orlando Serapio, imputado por el femicidio de su esposa, Natalia Cruz, brindó su versión de los hechos, su defensa expuso la grave situación de salud mental que atraviesa su defendido.
Los abogados Martín D´Andrea y Federico Gensei Higa sacaron a relucir este tema al interrogarlo respecto a la atención psiquiátrica recibida. “Hace cuatro días tenía que salir para ir al psiquiatra y no me trasladaron”, explicó Serapio, quien agregó que, desde su detención “fui al Hospital Ragone dos veces”.
Al profundizar sobre el asunto, indicó que elevó notas al Juzgado de Garantías 1 para informar que “sigo aislado en una celda, haciéndolos responsables por mi situación mental. Eso me está causando un daño psicológico y cada vez es peor, yo puse que están ensañados conmigo. Quiero poder salir y hablar con gente, hace 60 días que estoy aislado, quiero que se me trate como un preso común”, resaltó.
En cuanto a cómo lo afectó la separación de Natalia, a quien asesinó, manifestó que “desde el día uno, me afectó en todo. En el trabajo no me podía concentrar, me pasó que puse en riesgo a mis compañeros por estar constantemente con el celular”. A raíz de ello, “recibí un llamado de atención por tener ocupada la vía, cuando venía el tren. Ahí me di cuenta que no estaba en condiciones de tener a mi cargo gente”.

Sostuvo que “dormía dos o tres horas por noche” y que “mis hijos me veían mal”, situación que retrató con más detalles al referirse a los días en que pintó su casa en el mes de diciembre. “Me quedaba pintando hasta las cuatro de la mañana”.
En ese contexto, en el que se mostraba descuidado y muy mal anímicamente, le dijo a su hijo mayor que no se sentía bien y le “pedí que me acompañe al Hospital Ragone porque yo no podía dormir”, pero después “no fuimos porque eran las 4 de la mañana. Decidí no ir porque considero que es un lugar peligroso, lo hice por la seguridad de mi hijo”.
En depresión
En este punto, su defensa lo interrogó sobre si alguna vez recibió atención psicológica. “Sí consulté, pero no recuerdo el nombre de la psicóloga. Fui a dos sesiones en enero. El motivo fue emocional”. Sobre el diagnóstico que recibió, indicó que no recuerda, aunque sí mencionó que “también fui a la psicóloga del Hospital Francisco Herrera de Campo Quijano. Eso fue cuando ya estábamos separados”.
“Mi intención siempre fue buscar ayuda psicológica, pero económicamente estaba quebrado, no tenía plata”. No obstante, la psicóloga que lo atendió en el hospital le recomendó que viera un psiquiatra “porque yo le planteaba que no podía dormir, que no me sentía bien, que había caído en depresión y ya ni me alimentaba bien”.
Ante ello, el psicólogo le dijo, según él, que “tenía que tratar con un psiquiatra al tema del sueño, para que me mediquen”, pero no hizo esa consulta debido a que no estaba bien económicamente. “Yo tenía un buen trabajo, ganaba bien, pero estábamos llenos de deudas” y “no nos alcanzaba la plata”, por lo que hacía algunas changas, como pintar casas o en la construcción, y lo “poco que ganaba se lo daba a su mujer”.
Intento de suicidio
Para graficar aún más la supuesta delicada situación de Serapio, la defensa hizo hincapié en el acuciante estado que atravesó su defendido tras el episodio en que mató a Natalia. Al respecto, se remarcó lo declarado por el propio acusado al ser detenido el 27 de febrero pasado.

En tal sentido, el informe policial del subcomisario Martín Guerra, quien estuvo al frente de la captura de Serapio, consigna que el imputado, tras salir de la cueva en la que se había refugiado, reveló que había intentado quitarse la vida.
El reporte menciona que estalló en llantos ante los policías, mostró supuestas cicatrices de heridas, una de ellas en uno de sus antebrazos y dijo: “me quise matar, pero no morí, me desangré por más de una hora y me desmayé”, sostuvo el acusado, al referirse al día que abandonó su camioneta en el paraje El Chorrillo.
También reveló que en el interior de su vehículo dejó una carta, de la cual aún nada se sabe.

Los policías que lo detuvieron, en tanto, reconocieron que estaba armado con un cuchillo, el cual tenía apoyado a la altura del pecho, por lo que tuvieron que proceder con sigilo y cuidado hasta que lo convencieron de que desista de sus supuestas intenciones suicidas.


