A un mes y medio de matar a su esposa, Natalia Cruz, en la vivienda donde convivían, en el barrio Luz y Fuerza de Campo Quijano, Daniel Orlando Serapio brindó explicaciones del brutal asesinato cometido el 17 de febrero pasado.
Consumado el femicidio, Serapio huyó a los cerros y cuevas de la Quebrada del Toro, donde estuvo oculto 11 días hasta que un pastor del paraje La Burra, Francisco Cavana, lo descubrió y condujo a la policía hasta su escondite, pero se desconoce hasta el momento si recibió la recompensa de 10 millones de pesos prometida por el gobierno provincial.
Las alternativas del caso, informadas de manera exclusiva por Gente de Salta, tuvo un nuevo capítulo en los últimos días. Más exactamente el 30 de abril pasado, cuando Serapio abandonó el silencio en el que se había encerrado tras su captura el 27 de febrero, en una cueva, a más de 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar.

El 1 de marzo, cuando fue formalmente imputado por el crimen de su mujer y de otros delitos conexos, como amenazas, privación ilegítima de la libertad y desobediencia judicial, Serapio solo habló para desvincular del hecho a un tío y a sobrino, quienes días antes de su captura habían sido detenido acusados de ayudarlo en su fuga.
Acompañado de sus abogados defensores, Martín D´Andrea y Federico Gensei Higa, volvió a pedir por sus parientes. “Nuevamente quiero desvincular a mis familiares, no entiendo porqué siguen detenidos, ellos no participaron de mi fuga. Ninguno de mis familiares participó, todo lo que hice lo hice solo”, afirmó.
Sin responder preguntas de la fiscalía y de la querella, Serapio aseguró que no planificó la muerte de su esposa. “No tenía nada pensado. Estoy arrepentido de lo que le hice a mi esposa”, manifestó, para luego pedirle perdón a la familia de la víctima.

“Le quiero pedir disculpas a la familia de mi esposa, a quienes admiro, ellos lo saben y también quiero disculparme con mi familia. Esta situación sé que los tiene mal a todos”, sostuvo ante la fiscal penal Luján Sodero, a cargo del caso.
Todo terminó con “una llamada”
Sobre la relación de pareja, Serapio dijo que su esposa finalizó la relación “a través de una llamada” realizada en los primeros días de noviembre del año pasado. “Me dijo que se iba de la casa, yo llegué y ya no estaba”, reveló.
A preguntas de sus defensores, se explayó sobre cómo era el vínculo que tenía con Natalia después de la separación. “Cuando ya estábamos separados, en los meses de noviembre y diciembre, tuvimos una buena relación”, indicó.
Sobre las medidas judiciales por las denuncias de violencia de género radicadas por Cruz en su contra, reconoció que “tenía una perimetral, pero igual acudía a la casa; ella me dijo que yo tenía una perimetral, pero yo no estaba seguro porque no me habían llegado las constancias”.
Antes de eso, informó que “Natalia se fue y me dejó con los chicos dos semanas, yo me hice cargo de ellos, de llevarlos a la escuela, de darles de comer”, ya que estaba de descanso en su trabajo como ferroviario, donde era responsable de varios operarios.

Una vez que terminó su descanso regresó al trabajo y “ella volvió a la casa”, sin embargo, “no me sentía bien” en el trabajo. “Sentía que ponía en riesgo al personal porque no estaba concentrado. Pasaron unos diez días y pedí carpeta médica porque no me sentía bien emocionalmente”, señaló.
Todo se debió -según afirmó- al quiebre de la pareja. “A mí me afectó mucho la separación”, aunque luego “cuando me vine con carpeta médica, teníamos una buena relación, yo la abraza todavía y jugábamos. Ella accedía”, pero más adelante “se complicó”, como a fines de enero.
“Empezamos a tener más problemas, pero no eran problemas de celos, eran problemas de pareja. Natalia me acusaba de que yo le había sido infiel con chicas que yo no conocía”. En cuanto a si surgió alguna iniciativa de alguno de los dos por retomar la relación, respondió que “de mi parte intenté hacer todo lo posible para reconquistarla, le regalaba cosas, porque Natalia me mostraba que me quería todavía, yo entendía eso”.
En ese tren, “le compraba facturas, les enviaba sanguches a mis hijos, pero después me fui de la casa porque ella me dijo que iba a volver cuando yo me fuera, entonces me fui. Yo me preocupaba por ellos y les mandaba pizzas a mi hijo mayor y a ella. Para mí, Natalia era todo, éramos una familia que habíamos pensado hasta el último detalle de nuestros hijos para que estudien”.

Golpes y ahorcamiento
El relato de Serapio, pese a sus justificaciones, que su defensa deberá ahora probar, choca con una realidad brutal: el 17 de febrero pasado, el acusado fue a la casa de su ex mujer, un día después de que se cumpliera una orden de consigna policial por tres días, impartida por el Juzgado de Familia y Violencia de Género, interviniente en el caso.
Según lo relatado por el mismo imputado al ser detenido, ese día fue a buscar un televisor, circunstancias en la que se desató una discusión con Natalia, quien terminó agredida a golpes. La pelea habría surgido no solo por el televisor que Serapio se quería llevar, sino por una presunta decisión de la víctima de involucrar a sus suegros en la disputa conyugal para que asumieran los gastos económicos de sus hijos.

Esto habría enloquecido al acusado, quien tomó del cuello a Cruz y la ahorcó hasta dejarla desvanecida. Luego, escapó a la casa de su familia, tomó algunas prendas de vestir y se dio a la fuga en su camioneta, la que luego fue hallada en el paraje El Chorrillo.
La familia de Natalia, en tanto, la trasladó rápidamente al hospital local, pero los esfuerzos no alcanzaron. Su muerte fue en cuestión de minutos, lo que desató una gran indignación entre los habitantes del Portal de los Andes, tensión que se agudizó por 11 días hasta que finalmente Serapio fue detenido.


