Rodrigo González Miralpeix lideró la acusación

Condenan a tres años de prisión a un padre que abusaba sexualmente de su hija de 9 en Salta

La expareja del acusado denunció que la hija menor que tienen en común fue la que le relató lo que sucedía: el padre la sentaba en sus rodillas.

Por Redacción Gente de Salta

Abuso sexual infantil — (WEB)

La voz infantil, temblorosa pero firme a través del circuito cerrado de televisión, resonó en la sala. Rememoró aquellos días en que, con apenas nueve años, su padre la sentaba en sus rodillas, un gesto que pronto se transformaría en una pesadilla de tocamientos ocultos bajo la ropa. Fue la madre, su protectora y expareja del acusado, quien al notar la creciente angustia de la niña, decidió romper el silencio y denunciar lo que ocurría tras las paredes del hogar.

En la sala I del Tribunal de Juicio del Distrito Centro, el fiscal penal 2 de la Unidad de Delitos Contra la Integridad Sexual (UDIS), Rodrigo González Miralpeix, se erigió como la voz del Ministerio Público Fiscal, buscando justicia para la pequeña víctima en la audiencia de juicio abreviado.

Un Abuso Agravado por el Vínculo

El hombre, de 42 años, enfrentaba la acusación por el delito de abuso sexual simple, un cargo que se veía oscurecido aún más por el agravante del vínculo, la guarda y la convivencia preexistente. La confianza depositada en él, la cercanía familiar, se habían convertido en armas para perpetrar el daño.

La madeja comenzó a desenredarse en octubre de 2022, cuando la expareja del acusado reveló que su hija se mostraba visiblemente perturbada ante la presencia del padre. "Se sentía incómoda cuando él llegaba a la casa, se le tiraba encima y hacía que se sentara en su pierna", confesó la madre, despertando las sospechas y dando inicio a la investigación.

Rodrigo González Miralpeix

La declaración de la niña, protegida tras la pantalla del circuito cerrado de televisión, pintó un cuadro desolador. Recordó aquellos momentos de su infancia, cuando los tocamientos de su padre rompían la inocencia y dejaban una cicatriz imborrable en su corazón.

En el requerimiento a juicio, el fiscal González Miralpeix fue enfático al señalar el agravante del hecho, argumentando que la convivencia entre las partes, producto de la relación de pareja del acusado con la madre y del vínculo paterno con la niña, facilitó el accionar del imputado. El hombre, según el fiscal, hizo caso omiso a los deberes de cuidado que le eran exigidos, traicionando la confianza depositada en él.

Ante la confesión del acusado, el juez Martín Pérez dictó sentencia. La condena: tres años de prisión de cumplimiento condicional, acompañada de una serie de reglas de conducta y la obligación de someterse a tratamiento psicológico. Una sentencia que, aunque no borra el pasado, busca brindar a la víctima la posibilidad de sanar y reconstruir su vida.