En una extensa audiencia realizada este viernes, en el marco del juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras —ocurrido el 4 de agosto de 2023, en el barrio privado El Tipal, de la zona oeste de la ciudad de Salta—, declararon tres peritos psiquiátricos que evaluaron al único acusado, su esposo José “Jota” Figueroa.
Sus exposiciones dejaron puntos de coincidencia sobre ciertos rasgos de la personalidad del imputado, aunque también marcadas diferencias respecto al estado emocional del imputado al momento del hecho.
La primera en declarar fue la psiquiatra Gabriela Moyano, del Servicio de Psiquiatría Forense del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF), quien explicó que las entrevistas con el acusado se realizaron de manera conjunta entre los tres especialistas, aunque luego cada uno elaboró su propio informe.
Según detalló, Figueroa presentaba una personalidad neurótica, con "rasgos obsesivos y narcisistas”, una marcada necesidad de control y tendencia a “encubrir sus verdaderos pensamientos”.

En ese sentido, indicó que durante las entrevistas respondía de forma breve y retaceando información, al tiempo que sostuvo que su relato sobre lo ocurrido estuvo mayormente desprovisto de emociones, con una única manifestación de quiebre al referirse a sus hijos.
Moyano consideró que el acusado presentaba un “trastorno mental transitorio incompleto de la conciencia”, junto con aparentes dificultades en el manejo de los impulsos. Además, le llamó la atención sobre el operativo de traslado del imputado a las audiencias —con una fuerte custodia, esposado, con chaleco antibalas y casco—, al que calificó como excesivo en comparación con otros detenidos.
El perito psiquiátrico de la querella
Por su parte, el psiquiatra Gustavo Vacaflores, quien intervino como perito de la querella, coincidió en varios aspectos vinculados a la personalidad del acusado. Señaló que, durante los tres días de evaluación, Figueroa se presentó lúcido, orientado en tiempo y espacio y con juicio conservado, aunque evidenciaba cansancio, alteraciones del sueño y una marcada rigidez gestual.
Describió un discurso “plano, sin emoción, sobrecontrolado y reservado”, con tendencia a omitir o encubrir aspectos del hecho investigado. En su análisis, detectó disfunciones en los vínculos de pareja, rasgos obsesivos ligados al perfeccionismo y al control, así como características dependientes que lo llevaban a buscar aprobación externa y a evitar confrontaciones.

Vacaflores sostuvo que el imputado tenía capacidad para comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones. En esa línea, afirmó que no se observaron alteraciones psíquicas que afectaran su discernimiento.
A la vez, destacó la escasa expresión emocional durante el relato del hecho, con aplanamiento afectivo e hipogestualidad, y consideró que la reconstrucción que realizó el acusado podría ser compatible con mendacidad.
No obstante, mencionó dos momentos puntuales de congruencia emocional: cuando sonrió al hablar de cuestiones cotidianas, como que extrañaba el mate, y cuando se mostró visiblemente afectado al referirse a sus hijos, con lágrimas en los ojos.
Asimismo, aclaró que no se detectaron indicadores de peligrosidad, en un contexto además contenido por medidas de seguridad.
Consultado sobre la emoción violenta, Vacaflores explicó que se trata de una construcción jurídica, y precisó que, en psiquiatría, las emociones no son violentas o no violentas, son emociones.
Para el perito de la defensa, el acusado sufrió un desborde emocional
En contraste, el psiquiatra Osvaldo Navarro, perito de la defensa, planteó una interpretación diferente sobre el estado del acusado al momento del crimen. Sostuvo que Figueroa atravesaba un contexto de duelo y vulnerabilidad emocional, con “dificultades para manejar sus frenos inhibitorios”.

Según explicó, la frase que la víctima le habría dicho durante la última discusión que mantuvieron —“en algún lugar la tengo que pasar bien”— fue percibida por el imputado como “insultante y descalificadora”, lo que habría actuado como detonante en un estado de alta sensibilidad emocional.
Navarro describió el episodio como un “desborde completo”, en el que el acusado “se encegueció” y actuó sin mediación racional, en un “torbellino de violencia”.
A su entender, se trató de un acto impulsivo y espontáneo, sin planificación previa, en el que Figueroa perdió la capacidad de simbolización y control, en un instante de “obnubilación”.
El especialista reveló que se trató de un hecho que lo desbordó y la frase que les transmitió a los peritos durante las entrevistas fue: “la quería hacer cagar”.

Por otro lado, explicó que la personalidad del acusado no era del tipo irascible, sino más bien estoico, de alguien con tendencia a reprimir conflictos, lo que habría favorecido una reacción extrema ante un estímulo emocional intenso.
Asimismo, señaló antecedentes de “heridas emocionales” vinculadas a experiencias pasadas, como la separación de sus padres durante su adolescencia y una infidelidad previa en la pareja.
Para Navarro, el acusado no buscó un elemento para provocarle la muerte a Kvedaras, sino que el desenlace fue inesperado incluso para él, quien luego —según su propio relato— tomó conciencia de la situación al advertir que la víctima no tenía respuesta.
Se rompieron los frenos inhibitorios
A su entender, se trató de una emoción con una consecuencia violenta, donde se rompieron los frenos inhibitorios, y consideró que Figueroa presentaba un nivel intelectual superior al promedio.
Las distintas miradas expuestas por los peritos aportaron elementos clave para el análisis del tribunal, en un tramo del juicio centrado en determinar el estado psíquico de Figueroa y su capacidad de comprender y dirigir sus acciones al momento del hecho.
Luego de la declaración de los profesionales, los miembros del tribunal a cargo del juicio decidieron pasar a un cuarto internedio hasta el lunes próximo, para cuando está prevista la comparecencia, entre otros, de profesionales del servicio de Informática y del departamento de Criminalística del CIF.

El juicio
El juicio, que comenzó el 1 de abril pasado, está a cargo del Tribunal de Juicio integrado por los jueces Cecilia Flores Toranzos, que lo preside, Eduardo Sángari y Leonardo Feans, mientras que el Ministerio Público está representado por la fiscal de Unidad de Femicidios (UFEM), Luján Sodero. Con cerca de la mitad de los 80 testigos convocados, se estima que el proceso oral y público se extenderá hasta principios de mayo.
Además, actúan el abogado querellante Jorge Ovejero; los defensores Juan Casabella Dávalos y María Gabriela Martínez, y la doctora Martha Bustos, que interviene por la Asesoría de Incapaces.
El acusado llegó al juicio imputado por el delito de homicidio doblemente calificado por el vínculo, la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género, en perjuicio de quien fuera su esposa.

Los hechos en El Tipal
El viernes 4 de agosto de 2023, la tranquilidad del barrio privado El Tipal se vio abruptamente interrumpida por el horror, cuando el cuerpo sin vida de Jiménez Kvedaras fue encontrado en el interior de un vehículo marca Volkswagen Taos, en una calle del club de campo, junto a Figueroa, que presentaba una herida profunda en el cuello y signos vitales débiles, en un supuesto intento fallido de suicidio, tras cometer el femicidio.
Según las primeras investigaciones, todo se desencadenó a partir de una discusión en la vivienda que compartían, en ese barrio privado, y la disputa que escaló rápidamente hasta la violencia física.

La autopsia reveló que Mercedes murió por asfixia mecánica mixta, producto de un estrangulamiento y sofocación combinados, en un ataque prolongado que le arrebató la posibilidad de defenderse.

