El 5 de enero de 2027, un año marcado por la tragedia en Salta, donde se registraron 23 casos de femicidio, Gabriel “Chirete” Herrera perpetró un horrendo crimen en la celda 372 del pabellón “E” de Villa Las Rosas. La víctima fue su pareja, Andrea Edith Neri, madre de una beba de tan solo dos meses. Este femicidio se suma a un escalofriante historial, ya que Herrera había cometido un crimen similar en 2006 en Metán, donde asesinó a Verónica Castro, madre de dos de sus hijos.
“Mirala bien porque esta es la última vez que la vas a ver”, fueron las palabras escalofriantes de Chirete Herrera, momentos después de arrebatar a la bebé de los brazos de Neri. La confesión de Andrea sobre otra relación detonó la furia del femicida, quien no dudó en quitarle la vida.
Más de 36 puñaladas
Según la declaración del propio asesino, otro interno en Villa Las Rosas le mostró una foto de Andrea con otro hombre en Facebook. Este descubrimiento desató una furia incontrolable en Herrera, llevándolo a cometer el brutal femicidio.

Durante el juicio, en marzo de 2022, el acusado involucró a un tal “Loco” Balcarce, alegando que este lo “instó a matar” y le proporcionó la gubia, el arma utilizada para infligir las más de 36 puñaladas a Andrea Neri. La investigación reveló que transcurrieron aproximadamente 36 minutos desde el ingreso de Andrea a la celda, durante una visita íntima con su bebé, hasta que Herrera confesó el crimen en los pasillos del penal.
A pesar de la violencia del ataque, los guardias de la Unidad Carcelaria 1 no escucharon nada. Fue otro interno quien alertó sobre la agresión, pero la advertencia fue ignorada por el guardia Nelson Cardozo.
Tras el femicidio, Herrera se lavó las manos ensangrentadas, tomó a su bebé y confesó el crimen a los guardias, quienes inicialmente no reaccionaron. Finalmente, regresó a la celda, dejó al bebé y volvió a confesar: “Maté a mi mujer, se acabó la carnereada”.
Los móviles detrás de la furia femicida
El asesinato de Verónica Castro en 2006, también a manos de Gabriel “Chirete” Herrera, tuvo lugar durante una visita en la cárcel de Metán. Verónica había decidido terminar la relación, pero no se había atrevido a comunicárselo directamente a Herrera. Durante la visita, la confesión en el baño desató la furia del femicida.
En el caso de Andre Neri, una foto de ella con otro hombre fue el detonante de la furia de Herrera. Tras presionarla y amenazarla, Andrea confesó la verdad, lo que llevó a Gabriel Herrera, unos 20 años mayor que ella, a cometer el atroz femicidio.
Por el crimen de Verónica Castro, Herrera fue condenado a perpetua por “homicidio calificado por el vínculo y alevosía”. En ese momento, aún no existía el agravante de femicidio en Salta. Por el asesinato de Andre Neri, fue condenado nuevamente a prisión perpetua por homicidio doblemente calificado, y la Sala VI del Tribunal de Juicio condenó también a cinco funcionarios del SPPS.
Cambios implementados
El caso de Andrea Neri generó importantes cambios en el Servicio Penitenciario de Salta (SPPS). El juicio reveló fallas de seguridad, mostrando a Herrera moviéndose libremente por el penal sin supervisión.
A partir de 2017, se implementaron medidas como la tarjeta magnética con información personal y foto para visitantes, la prohibición del ingreso de bebés y las visitas íntimas a internos de alta peligrosidad, además de la instalación de más cámaras de seguridad en las cárceles.
