La tarde caía sobre Buenos Aires cuando la camioneta de la Policía Federal, con Julio De Vido en su interior, abandonó las inmediaciones de Comodoro Py. Atrás quedaban las formalidades judiciales, el eco de los pasillos y las miradas curiosas. El ex ministro de Planificación Federal, figura emblemática del kirchnerismo, se dirigía a su nuevo destino: la cárcel de Ezeiza.
El día había comenzado temprano para De Vido. A las 8:15 de la mañana, ingresaba a los tribunales para afrontar la condena a cuatro años de prisión impuesta por la Tragedia de Once. La confirmación de la sentencia por parte de la Corte Suprema, apenas el martes anterior, había cerrado un capítulo legal que se extendió por años.
La tragedia, ocurrida el 22 de febrero de 2012, marcó un antes y un después. El choque del tren en la estación de Once dejó un saldo de 51 muertos y cientos de heridos, una herida abierta en la memoria colectiva. La Justicia determinó que De Vido fue partícipe necesario del delito de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública, al no controlar el destino de los fondos asignados a Trenes de Buenos Aires (TBA), la concesionaria responsable del servicio.
La decisión de la Corte Suprema, integrada por los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, fue tajante. Los recursos del Ministerio Público Fiscal y de la defensa de De Vido fueron rechazados por “inadmisibles”, aplicando el artículo 280 del Código Procesal Civil y Comercial. La condena, que además de la pena de prisión incluye la inhabilitación especial perpetua para ejercer cargos públicos, quedaba firme.
Aunque absuelto del delito de estrago culposo, vinculado directamente a las muertes y lesiones, De Vido fue responsabilizado por el manejo irregular de los recursos destinados al mantenimiento y funcionamiento del servicio ferroviario.
En 2018, el Tribunal Oral Federal 4 (TOF 4) ya había señalado su falta de control como un factor determinante en el deterioro del sistema.
Julio De Vido tiene su propia chacra en Puerto Panal, Club de Chacras. Ubicado en Zárate, provincia de Buenos Aires y en donde vivió hasta este jueves.

Ezeiza: Tras los muros de la prisión
La Unidad Penitenciaria Federal N°1, conocida como la cárcel de Ezeiza, es un complejo de dimensiones considerables, diseñado para albergar a una gran cantidad de internos. Con una capacidad original para 2500 reclusos, ha llegado a alojar a más de 2400 personas en el pasado.

La estructura se compone de varios módulos, divididos a su vez en pabellones. Cada pabellón alberga a aproximadamente 50 personas en celdas individuales, aunque también existen unidades de alojamiento individual y sectores específicos como el Módulo 6, destinado a internos acusados de delitos de corrupción y narcotráfico.
Dentro de sus muros, Ezeiza ofrece una variedad de servicios e instalaciones:
- Centros de salud: Consultorios médicos, enfermería y una sala de internación brindan atención médica básica a los internos.
- Talleres: Se ofrecen talleres de formación y trabajo, incluyendo una imprenta y, en los sectores de régimen semiabierto o abierto, talleres agropecuarios.
- Salas comunes: Comedores por pabellón y patios para actividades recreativas al aire libre facilitan la convivencia.
La población penal es diversa, incluyendo hombres y mujeres alojados en pabellones y módulos separados. La atención médica básica se complementa con un equipo de psicólogos, enfermería y un médico de guardia disponible las 24 horas. Se implementan programas de rehabilitación con el objetivo de promover la reintegración social a través de talleres, charlas y vacunación.

Los días de visita, un riguroso protocolo de controles y trámites asegura el ingreso de los visitantes a las instalaciones, aunque el acceso principal puede estar alejado de los pabellones, prolongando la espera y la ansiedad de quienes buscan reencontrarse con sus seres queridos.
El 31 de marzo, 21 y 28 de abril, 5, 12, y 26 de mayo, 2 y 8 de junio de 2022. la Procuración Penitenciaria de la Nación realizó una investigación que detectó cientos de fallas en el sistema carcelario.
En el informe, se detalla:
Es uno de los primeros complejos construidos siguiendo criterios de infraestructura penitenciaria moderna, de tipo modular. No obstante, sus grandes dimensiones la convierten en una mega cárcel que atenta contra un trato más personalizado y humano.
Los pabellones de alojamiento están compuestos por celdas individuales de dimensiones acordes a estándares internacionales, con instalación sanitaria en su interior. Sin embargo, debido a la sobrepoblación producida en la última década, se incorporaron al Complejo algunos pabellones de alojamiento colectivo, instalando en ellos gran cantidad de camas cucheta sin garantizar el espacio vital mínimo por persona. Es por ello que dichos pabellones colectivos no cumplen con el estándar de la PPN.

Los principales temas identificados en este Complejo fueron las malas condiciones de mantenimiento y limpieza en los pabellones inspeccionados y los espacios destinados a la educación y recreación. A su vez, se identificó que las instalaciones eléctricas presentan un serio riesgo. Durante el relevamiento, la conexión eléctrica de una de las celdas se prendió fuego. La persona allí detenida logró desconectar rápidamente la electricidad para que no se ocasionaran daños mayores. Como también ocurre con el CPF II, éste fue construido con tecnología importada que con el tiempo no pudo ser mantenida por falta de repuestos o tecnología similar.
Además, resaltó la falta de actividades laborales productivas que promuevan la capacitación en oficios de los detenidos trabajadores y la falta de material y maestros especializados en los talleres existentes.
Las irregularidades no obstante, se cuentan por decenas.