En el discurso que brindó el presidente Javier Milei en el AmCham Summit 2026, reafirmó el modelo económico actual y las medidas de ajuste fiscal, al admitir que cambiar de rumbo sería un suicidio. Reconoció el dato de inflación (3,4%) y aseguró que, aunque es negativo, no cambia el rumbo económico del Gobierno.
Explicó que la suba se debe a factores puntuales:
- La caída previa en la demanda de dinero
- Elementos estacionales (educación, alimentos como la carne)
- Impactos externos (costos vinculados al contexto internacional)
Sostuvo que la política monetaria no se modificó, por lo que considera que no es un problema estructural sino transitorio.
Reafirmó su visión de que la inflación es un fenómeno monetario —en línea con Milton Friedman— y anticipó que va a bajar en los próximos meses, apoyándose en indicadores como la inflación mayorista y la recuperación de la actividad.
También rechazó con dureza la idea de que haya que aceptar más inflación para crecer, calificándola como equivocada y defendiendo el equilibrio fiscal y la emisión cero.
Finalmente, ratificó el rumbo del Gobierno:
- Ajuste del gasto público (“la motosierra no para”)
- Política monetaria estricta
- Apertura económica y desregulación
Cerró con un mensaje político: no cambiará el plan, y si la sociedad no acompaña, está dispuesto a dejar el poder.
Resumen del discurso de Javier Milei en AmCham Summit 2026
"A diferencia de la política tradicional, donde se ignoran los datos desfavorables, abordaré directamente la problemática de la inflación, un tema que me preocupa profundamente.
Es crucial entender las causas del reciente aumento a 3,4% y la tendencia alcista desde mediados del año pasado. Un diagnóstico claro es fundamental para encontrar soluciones efectivas. Explicaré las razones detrás de este dato y por qué confiamos en que la inflación disminuirá en el futuro, tal como adelantó el Ministro de Economía, Toto Caputo. El foco está en comprender la trayectoria descendente de la inflación, más allá de fluctuaciones menores.
Desde mediados del año pasado, Argentina enfrentó dos shocks económicos de gran magnitud. Tras alcanzar un 1,5% en mayo, la situación se complicó con un fuerte ataque político en el Congreso, donde se intentaron aprobar más de 40 leyes que buscaban desestabilizar el equilibrio fiscal. Estos intentos no tuvieron éxito.
En este contexto turbulento, el país experimentó una corrida equivalente al 50% del M2. Históricamente, un evento de esta naturaleza habría provocado una crisis devastadora. Sin embargo, Argentina no solo resistió, sino que también recibió un importante respaldo en las urnas, obteniendo una victoria con el 41% de los votos y revirtiendo un resultado adverso en la provincia de Buenos Aires. Esto demuestra que la población es consciente del esfuerzo realizado y rechaza un retorno al pasado, confiando en que las políticas implementadas darán resultados positivos.
Como economista y analista, he sostenido consistentemente, durante más de una década, que la inflación es un fenómeno monetario, causado por un exceso de oferta de dinero o una caída en la demanda, como señala Milton Friedman. En la segunda mitad del año pasado, se produjo una significativa caída en la demanda de dinero, equivalente al 50% del M2, o 41 mil millones de dólares. Corrigiendo por encajes, la base monetaria en dólares se redujo a niveles de 20 mil millones, la mitad del promedio del gobierno anterior, con una inflación que se aceleraba a un 1,5% diario, proyectando una hiperinflación.
Los pasivos monetarios del Banco Central, el capital de trabajo de la economía, eran el doble de los actuales. La caída en la demanda de activos domésticos provocó una caída en el precio de los bonos, un aumento en las tasas de interés y un incremento en el riesgo país, que superó los 2500 puntos básicos, con tasas de interés cercanas al 150%. Esta situación dificultó el financiamiento y aumentó la demanda de capital de trabajo, obligando a las empresas a recurrir a financiamiento externo o capital propio.
La consecuencia fue un aumento en las tasas de interés y una desaceleración de la actividad económica, que pasó de un crecimiento del 6% en el primer trimestre a un 4,2% al final del año. Este ataque especulativo y político tuvo un costo significativo para el país.
Esta caída en la demanda de dinero se tradujo en un aumento en el nivel de precios y una aceleración de la inflación. Para monitorear la demanda de dinero, es importante observar la relación entre la tasa de interés y el tipo de cambio. Cuando ambos aumentan simultáneamente, indica una caída en la demanda de dinero, como ocurrió en el segundo semestre del año pasado.
El dato de inflación de marzo también se vio afectado por factores estacionales negativos, como el aumento en los costos de educación, el impacto de la guerra en el transporte y el incremento en el precio de la carne. Estos elementos, sumados a la caída en la demanda de dinero, explican el reciente aumento en la inflación.
Es importante destacar que la política monetaria no ha cambiado. Este aumento representa un ajuste en los precios relativos, pero la inflación a largo plazo convergirá a niveles internacionales. La inflación subyacente, excluyendo el efecto de la carne, se mantiene en 2,5%, similar al mes anterior. La canasta básica alimentaria y la canasta básica total muestran incrementos del 2,2% y 2,6%, respectivamente, evidenciando el impacto de los factores mencionados.
La inflación mayorista, un indicador anticipado, se encuentra en torno al 1% y 0,8%, sugiriendo una convergencia hacia una inflación anual del 10%. Se requiere paciencia para superar el reacomodamiento de los precios relativos. No actuaremos en contra de la teoría económica, la evidencia empírica ni nuestros valores morales al diseñar la política económica.
La demanda de dinero ha comenzado a crecer. El Banco Central ha comprado significativamente dólares en las últimas semanas, acumulando alrededor de 6000 millones de dólares en lo que va del año. De no haber realizado estas compras, las tasas de interés serían más bajas y el tipo de cambio se encontraría en la zona de 1150. Esta recuperación en la demanda de dinero está relacionada con el repunte en la actividad económica, reflejado en el aumento de la recaudación en marzo. Estamos observando récords en el PBI, el consumo y las exportaciones. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) está atrayendo inversiones significativas, y el crédito está creciendo, lo que contribuye a la recomposición del capital de trabajo. A medida que esto ocurra, Argentina retomará la senda de crecimiento que experimentaba antes del ataque político.
Este dato de inflación nos permite tomar conciencia de que la inflación se derrumbará en el futuro y la economía volverá a la senda de crecimiento que teníamos antes del ataque de la política.
Se plantea un falso dilema sobre la necesidad de aceptar más inflación para lograr crecimiento, sugiriendo relajar la política fiscal y monetaria. Rechazo esta idea por considerarla errónea y perjudicial.
Argentina aplicó este esquema de políticas desde 1935, eliminando 13 ceros de su moneda sin lograr el crecimiento esperado. De hecho, de ser uno de los países más ricos del mundo, íbamos camino a convertirnos en Cuba, con escala en Venezuela. La inflación no genera crecimiento, sino que conduce al fracaso.
El modelo de Tobin, que sugiere que aumentar la emisión de dinero impulsa el crecimiento, es un disparate. Una economía moderna no puede funcionar sin dinero. Los economistas confunden variación del PBI de corto plazo con crecimiento. La curva de Philips, que relaciona inflación y desempleo, fue refutada por Milton Friedman y Edmund Phelps al incorporar expectativas de inflación. Robert Lucas Junior aniquiló esta teoría en 1972, demostrando que solo se puede explotar este trade off engañando a la gente, lo cual es inmoral.
Además, los agentes aprenden y corrigen su comportamiento, volviendo a la situación original. En el caso argentino, se abusó tanto de este mecanismo que ya no funciona. Por lo tanto, la teoría económica y la evidencia empírica demuestran que lo que tenemos que hacer es mantener el equilibrio fiscal, seguir apretando el equilibrio fiscal, seguir con la motosierra. La motosierra no se detiene. En la última reunión de gabinete di la orden espesa de que la motosierra no para.
Vamos a seguir recortando el gasto público para poder seguir bajando sus impuestos porque los impuestos son un robo. No solo eso, vamos a continuar con la política monetaria apretada, nosotros compramos una monstruosidad de dólares y la base monetaria amplia no se mueve, vamos a sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse la tasa de inflación y no vamos a parar en eso, no vamos a ceder un ápice en la política monetaria, no vamos a ceder un ápice en seguir desregulando, porque cuando ustedes regulan, liberan rendimientos crecientes y eso genera crecimiento económico. Además, vamos a seguir abriendo la economía, porque cuando ustedes abren la economía se amplía el tamaño del mercado, liberan más rendimientos crecientes y genera más crecimiento económico. Por lo tanto, no nos vamos a mover un ápice de eso, nosotros no vinimos para eternizarnos en el poder, nosotros vinimos a escribir la mejor página de la historia argentina.

Nosotros tenemos la convicción de que nos votaron para hacer lo que está bien y, por ende, vamos a hacer lo que corresponde. No vamos a salir del manual de hacer las cosas bien. Después la gente podrá elegir otro camino, será responsabilidad de los argentinos. Y también, cuando vean cómo cae la inflación, cómo cae la pobreza —porque hemos sacado a más de 13 millones de personas de la pobreza— y cuando vean cómo la economía argentina se recupera, cómo suben los salarios, probablemente nos acompañen y podamos continuar con más liberalismo y trabajando para hacer grande a la Argentina nuevamente.
En resumen, mantener la ortodoxia económica es la opción correcta, tanto desde un punto de vista utilitario como moral. No existe un trade off entre inflación y crecimiento, y el caso argentino demuestra la necesidad de seguir por la senda de la ortodoxia innegociable.
Nuestra política económica se basa en valores morales fundamentales, como la honestidad y la justicia. No vamos a mentir, estafar ni robar. Nos apegaremos a los valores judeocristianos y resistiremos a las tentaciones de tomar atajos.
Escribiremos la mejor página de la historia argentina, con o sin apoyo. Si no lo tenemos, volveremos al sector privado. Pero si tenemos éxito, Argentina habrá dado un paso crucial hacia su grandeza. Muchas gracias".