Gastón Duprat y Mariano Cohn, los creadores entre otros films y series de Homo Argentum, escribieron para La Nación, una interpretación de lo que provocó la película interpretada por Guillermo Francella.
Lo que sigue, es parte de ese texto:
“Si bien estábamos acostumbrados a ver moverse el avispero de las supuestas almas sensibles cuando hacemos una película, de Homo Argentum nos regocijó el alcance de la discusión pública, que todavía dura. Fue una verdadera discusión nacional. Un país discutiendo una película como si se tratara de los problemas trascendentes de ese país y como si, por el hecho de discutirlos, esos problemas se pudieran solucionar. Hay algo muy argentino en eso: el deseo de solucionar los problemas hablando”.
“Lo que nos gustó, en el fondo, es que la película se desembarazó de ese corset que generalmente el arte se coloca a sí mismo para que las cosas sean juzgadas en su modesto lote, a veces baldío. Como si la película hubiese saltado de la pantalla a las calles, a los bares, a las casas. Un diálogo masivo: eso fue lo que sucedió con la película. Un diálogo a veces altisonante pero, sobre todo —es lo que más nos interesa— abierto. Nos gusta más la opinión de la calle que la de los cuerpos colegiados”.
“Homo Argentum, según los criterios de esta época demasiado tímida y buenista para nuestro gusto, no va a ir a parar a la galería de las “películas necesarias”, de “visión obligatoria”, las películas que, como las hadas buenas, han sido hechas para hacer el Bien. Es una suerte. Preferimos autoexcluirnos de esos honores e ir a lo inseguro. Nuestro objetivo artístico no es despertar consensos sino más bien alguna molestia, y embarrarnos un poco, que es algo que no le viene mal a nadie”.
“Por sus efectos, Homo Argentum ya no es solo una película. Es la película más el fenómeno que generó. Es una película viva, a diferencia de las películas-monumento, que generalmente mueren por algún ataque de solemnidad”.
“Como señaló Andrés Duprat, guionista de nuestros films y director del Museo Nacional de Bellas Artes, Homo Argentum es un verdadero fenómeno pop. Un fenómeno que —en buena hora— logró perforar la burbuja endogámica y condescendiente del micromundo cinéfilo para dar lugar a discusiones cotidianas de millones de argentinos. Todas esas interpretaciones, incluyendo la más razonable y la más delirante, le dieron a Homo Argentum un estatus de bomba inestable que nos fascinó contemplar. Los aciertos y los equívocos de esas lecturas la convirtieron en un territorio de deliberación que aportó a la salud de la película mucho más que la intrascendencia de la unanimidad”.