En el corazón del Anexo A de la Cámara de Diputados, una jornada inusual capturó la atención y generó controversia. La diputada de Pro por Chaco, Marilú Quiroz, convocó a un encuentro titulado “¿Qué contienen realmente las vacunas?”, un interrogante que resonó con fuerza en los pasillos del poder legislativo y más allá.
El programa, cuidadosamente difundido por Quiroz, prometía un debate que exploraría terrenos delicados y, para muchos, peligrosos. Entre las ponencias destacaban títulos como “Vacunas de calendario y autismo”, a cargo del médico Oscar Botta —integrante de la organización internacional Médicos por la Verdad—, y “Víctimas ignoradas por el Estado: sangre de vacunados al microscopio”, presentada por la doctora Viviana Lens. El aire se cargó de expectación, pero también de inquietud ante la promesa de desentrañar los secretos ocultos tras las vacunas.
Durante más de cinco horas, médicos e invitados tomaron la palabra, presentando datos de procedencia dudosa y defendiendo posturas abiertamente antivacunas. La atmósfera en el auditorio se tensó, mientras argumentos y contraargumentos chocaban. La jornada no tardó en generar un fuerte rechazo entre legisladores de distintos bloques, quienes advirtieron sobre el peligro de difundir información sin fundamentos científicos sólidos.
En uno de los paneles, Lorena Diblasi, identificada en el sitio web del Conicet como Licenciada en Biotecnología, introdujo a un hombre que afirmaba ser víctima de las secuelas de la vacuna contra el coronavirus elaborada por AstraZeneca.
La escena que siguió dejó al público atónito: sin mostrar ninguna evidencia médica que respaldara sus dichos, "José Daniel Fabián" exhibió su torso desnudo, intentando demostrar cómo objetos metálicos supuestamente se adherían a su piel. Tras varios intentos, Diblasi sentenció que se trataba de una "magnetización" inducida por la vacuna.
“Esto no es grasa en la piel, señoras y señores. A él no le sucedía esto. Y de esto no se habla. Me gustaría saber qué tienen para decir los médicos”, declaró Diblasi, con la mirada fija en el público, buscando complicidad y validación en medio del desconcierto general.
Repudio generalizado
La jornada, marcada por episodios que rozaron lo bizarro, desató una ola de críticas y rechazo en diversas plataformas. El Colegio de Médicos, en una carta dirigida al ministro de Salud Mario Lugones y firmada por Rubén Tucci, había solicitado la suspensión del evento, advirtiendo que "puede provocar reticencia a vacunarse en la comunidad, o generar dudas respecto al valor de las vacunas". La sombra de la desconfianza se proyectaba sobre la eficacia de la inmunización.
En la misma línea, la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE) alzó su voz: “Frente a la organización de un evento que pone en duda la eficacia, la seguridad y la importancia de la obligatoriedad de las vacunas, impulsado por una diputada nacional, un grupo de sociedades científicas (entre ellas la SAVE) envió una carta al Congreso solicitando su suspensión, considerando que dicha actividad atenta contra la salud pública”. La preocupación por las consecuencias sanitarias era palpable.
“Este tipo de eventos, con mensajes basados en el negacionismo científico, genera un riesgo significativo en un contexto donde las tasas de vacunación son alarmantemente bajas. Enfermedades que habían sido controladas gracias a la inmunización están reemergiendo como problemas sanitarios relevantes”, insistieron desde la SAVE, alertando sobre un posible retroceso en la lucha contra enfermedades prevenibles.
Pablo Yedlin, presidente de la Comisión de Salud en la Cámara baja, expresó su consternación: “Mientras Argentina tiene las coberturas de vacunación más bajas de la historia, casos de sarampión, niños muertos por Coqueluche, en Diputados hacen este circo. Le solicité a Martín Menem que lo cancele y no respondió”. La sombra de la negligencia y la falta de respuesta planeaba sobre el Congreso, mientras la salud pública se tambaleaba.