Marietta Güemes en la estancia de Chicoana
Última descendiente directa del héroe gaucho

Adiós a la tataranieta del General Güemes, guardiana de la memoria salteña

Marietta Güemes de Lanusse, ícono en Chicoana, falleció a los 98 años en la fecha del natalicio de su antepasado, dejando un legado de amor por la historia y la tradición.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 10 Febrero de 2026
10 Febrero de 2026

El 8 de febrero de 1785 nacía en Salta Martín Miguel de Güemes, años más tarde el General, Gobernador y Prócer argentino; el 8 de febrero de 2026 falleció en Salta la última descendiente directa, su tataranieta, Marietta Güemes, cuya casa familiar es emblema de Chicoana.

El obituario del día reza que “El Instituto Güemesiano de Salta, con la reverencia que merece su memoria, se une al duelo de la familia Lanusse Güemes ante el fallecimiento de Marietta Güemes Ayerza. Su partida deja un vacío en el corazón de Salta, pero su ejemplo de vida, tejido con los hilos de la fe cristiana, la humildad, la generosidad inagotable y un patriotismo genuino, perdurará como un faro para las futuras generaciones”.

El calendario marcó el 8 de febrero de 2026 cuando Marietta Güemes de Lanusse, tataranieta del General Martín Miguel de Güemes, emprendió su viaje final a los 98 años. Fue una de las últimas portadoras del legado directo del héroe gaucho, una figura entrañable que dedicó su vida a custodiar con celo y amor la histórica finca familiar, La Calavera, ese reducto de memorias donde aún resuena el eco de la gesta güemesiana.

Un halo de simbolismo envuelve su partida: el destino quiso que su fallecimiento coincidiera con el natalicio del prócer salteño, como si el tiempo, en su danza eterna, hubiera cerrado un círculo perfecto, uniendo a la guardiana del legado con el héroe que ofrendó su vida por la patria, ahora reunidos en la gloria celestial.

Estancia de Güemes Chicoana
Estancia de Güemes Chicoana

Marietta Güemes Ayerza de Lanusse, quien nació como María Teresa Güemes el 29 de mayo de 1927, fue mucho más que una descendiente ilustre. Fue la encarnación de un compromiso inquebrantable con la memoria familiar, la identidad salteña y la preservación del patrimonio histórico del Valle de Lerma. Sus días transcurrieron a la sombra de un pasado glorioso, pero con la mirada puesta en el futuro, transmitiendo los valores que forjaron la grandeza de su apellido.

Hija de Luis Güemes Ramos Mexía (1894-1975), historiador y profundo conocedor del legado güemesiano, y de Laura Ayerza Jacobé (1896), creció imbuida de historia, deber moral y respeto por un apellido que en Salta es sinónimo de valentía, sacrificio y amor a la patria. Aprendió desde niña que llevar el nombre Güemes no era motivo de vanagloria, sino una invitación a vivir con austeridad, nobleza y un profundo compromiso con la tierra y su gente.

Junto a su esposo, Federico Lanusse, construyó un hogar cálido y numeroso, donde crió a sus hijos Federico, Esther Fátima, Francisco Luis, María del Rosario, Laura y María Teresa Isabel Lanusse Güemes. A cada uno de ellos les transmitió no solo la genealogía familiar, sino una filosofía de vida arraigada en el sentido del deber histórico y humano.

Conocida cariñosamente como "Marieta" por sus íntimos, y como "Mamá" por sus hijos y nietos, también recibió el apodo de "La Caudilla", una denominación que refleja su carácter fuerte, su liderazgo silencioso y su profunda conexión con las tradiciones del norte argentino. Su figura se erigía como un baluarte de la identidad salteña, inspirando a quienes la rodeaban con su ejemplo de rectitud y perseverancia.

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El Legado de Marietta Güemes en La Calavera

Su nombre quedará para siempre ligado a la histórica finca La Calavera, en Chicoana, una construcción del siglo XVIII que data de 1760, erigida a orillas del río Pulares. Heredada a través de la rama familiar, Marietta consagró gran parte de su existencia a rescatarla del abandono, restaurándola con meticuloso respeto por su estructura original y manteniéndola viva como un espacio de memoria, trabajo y continuidad histórica. Bajo su cuidado, La Calavera no se convirtió en una reliquia inerte, sino en un hogar habitado, impregnado de vida cotidiana, fe, tradiciones y el recuerdo perenne de las generaciones que la precedieron.

Se dice que La Calavera fue refugio y descanso para el General Güemes y sus valientes gauchos, un lugar estratégico desde donde se podía vigilar la inmensidad del Valle de Lerma y los movimientos del enemigo, un testimonio tangible de la lucha por la independencia.

Marietta Güemes
Marietta Güemes en su estancia - (Foto: Diario La Nación / Eugenia Daneri)

Defensora del Legado Güemesiano y la Identidad Nacional

Profundamente sensibilizada por la realidad social y política del país, Marietta expresó en numerosas ocasiones su preocupación por la erosión del sentido patriótico, la desvalorización de los héroes nacionales y la creciente fragmentación social. Defendió con pasión la figura de Martín Miguel de Güemes como un prócer esencial para la nación argentina y para toda América, exigiendo el reconocimiento pleno de su rol crucial en la gesta independentista.

A pesar del paso del tiempo, conservó hasta sus últimos días una lucidez admirable, una fe inquebrantable y una sensibilidad intacta. Su legado trasciende la mera preservación de una finca histórica; perdura en la transmisión de valores, en la memoria familiar y en una forma de concebir la historia como una responsabilidad viva. Marietta Güemes de Lanusse fue, en esencia, una guardiana del pasado y un faro moral para las generaciones venideras.

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