El diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, Miguel Ángel Pichetto, posteó que con la “reciente” importación de ropa usada, más la apertura a la importación de equipos médicos usados, la Argentina se parece más a “un país africano de segunda”. Sin embargo, y al margen de la forma despectiva de referirse a África y a Argentina, la ropa usada en el país no es ninguna novedad y Salta es fiel testigo de ello.
Entre la economía circular, la necesidad y la competencia desleal, la ropa usada en Salta también quedó en jaque con la apertura de tiendas digitales muy baratas y en algunos casos de confiabilidad dudosa, especialmente por las formas de compras digitales en las que la gente puede ser estafada.
El sector textil advierte que el desorden de ingreso de mercadería es un riesgo industrial y ambiental.

Las ferias americanas y los locales de moda circular se multiplican en Salta como una alternativa cada vez más elegida por consumidores que buscan precios accesibles en un contexto económico adverso. La ropa usada sigue girando por los vestidores salteños, pero el fenómeno no está exento de polémica: comerciantes y cámaras textiles advierten sobre competencia desleal, caída del empleo y riesgos ambientales.
En paralelo, el mercado de la indumentaria atraviesa un boom del fast fashion y del ultra fast fashion, un modelo de producción y consumo basado en prendas de bajo costo, rápida rotación y fuerte impulso del marketing digital. A esto se suma la apertura de importaciones, que amplió el ingreso de ropa nueva y usada desde el exterior.
Importaciones en alza y alerta del sector
Según datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (Ciai), en el primer semestre de 2025 las importaciones textiles crecieron un 97% en volumen, mientras que el gasto en ropa importada alcanzó los 1.500 millones de dólares, un 136% más que el año anterior. Su presidente, Claudio Drescher, estimó que en los últimos 12 meses ingresaron al país más de un millón de prendas.
Los números de la Fundación Pro Tejer son aún más contundentes: en 2025 ingresaron 4,6 toneladas de ropa usada, lo que representa un incremento interanual del 19.000% respecto de 2024. En volumen, se calcula que entran a la Argentina entre 10 y 15 millones de prendas usadas, equivalentes al 12% de las importaciones de indumentaria.
“El temor es que el país se convierta en un basurero de ropa, como ocurre en el desierto de Atacama, en Chile”, advirtió Drescher. Desde Pro Tejer, su directora ejecutiva Priscila Makari señaló que el 84% de la ropa usada ingresó por la aduana de Jujuy, procedente del descarte chileno.
El impacto en Salta y el comercio local
En Salta, el fenómeno se refleja tanto en ferias informales como en la expansión de emprendimientos de moda circular. Mientras algunos celebran la reutilización de prendas como una práctica sustentable, comerciantes formales denuncian desigualdad en el pago de impuestos, alquileres y cargas laborales.
María Eugenia Constansi, propietaria de un local de indumentaria, sostuvo que el sector comercial formal se siente desprotegido. “Nosotros sostenemos estructuras pesadas, bancamos familias, pagamos impuestos y compramos mercadería con meses de anticipación. Competir con ropa que entra sin aranceles o por contrabando es imposible”, afirmó.
También cuestionó el origen de muchas prendas que se venden en ferias: “Gran parte de la ropa de Estados Unidos es donada para fines solidarios y termina revendida. La gente se encuentra de todo en los bolsillos”.
Plataformas chinas y consumo descartable
A este escenario se suman plataformas de comercio electrónico como Shein y Temu, que ofrecen prendas a precios muy bajos y sin estadísticas oficiales sobre su volumen de ingreso al país. Desde el sector textil advierten que se trata de productos de baja calidad y corta vida útil, que rápidamente terminan en la basura.
“Los consumidores se guían por el precio, pero después descubren que la prenda no es la que mostraba la foto”, señaló Drescher. En la misma línea, Marcos Cordovero, presidente de la Cámara Textil de Córdoba, sostuvo que estas prácticas profundizan la crisis industrial.

Un problema ambiental creciente
La industria de la indumentaria es una de las más contaminantes del mundo, por su alto consumo de agua y el uso de colorantes sintéticos derivados del petróleo. Desde Greenpeace Alemania ya habían alertado sobre Shein: un estudio detectó químicos peligrosos en prendas que superaban los límites regulatorios de la Unión Europea.
Gustavo Freytes, CEO de Tintte, una startup que desarrolla colorantes textiles biodegradables, explicó que gran parte de la ropa importada es de fibra sintética, no biodegradable y generadora de microplásticos. “Son productos de baja calidad que no se degradan en cientos de años y terminan contaminando”, afirmó.
Desde Pro Tejer agregaron que muchos países prohíben el ingreso de ropa usada por riesgos sanitarios: presencia de hongos, bacterias, ácaros y componentes tóxicos.
Economía circular y soluciones comunitarias
Frente a este panorama, organizaciones como Hilanda trabajan en Argentina para impulsar la economía circular con impacto social. Su referente, Verónica Ravarotto, explicó que la importación masiva de ropa usada afecta directamente a las costureras, que terminan cobrando menos o abandonando el oficio.
Para contrarrestarlo, Hilanda en Córdoba desarrolla programas de capacitación en economía circular textil. “En 2025 capacitamos a 1.400 personas, la mayoría mujeres, en 36 localidades. Enseñamos a transformar descartes y excedentes en nuevas prendas”, detalló.
Un debate abierto
Mientras países como Francia y Estados Unidos avanzan en regulaciones más estrictas sobre el fast fashion y las plataformas chinas, en Argentina el debate sigue abierto. El sector textil reclama leyes protectoras, controles sanitarios y reglas de juego equitativas.
En Salta, la discusión atraviesa tanto a quienes buscan vestirse a bajo costo como a quienes intentan sostener la producción local, el empleo y el cuidado ambiental. Entre la necesidad, el consumo y la sostenibilidad, la ropa usada o de bajo costo dejó de ser solo una opción económica para convertirse en un tema de fondo.
