Hace apenas unos días se conoció que 4 de cada 10 salteños jóvenes, según Tejido Urbano, no logran emanciparse, en una provincia donde el déficit habitacional es un problema ya conocido. Mientras los datos alertan, una empresa constructora de larga trayectoria en el norte argentino avanza con el desarrollo de casas de tipo modular —casi portátiles—, cuyos tiempos y costos de ejecución introducen diferencias significativas frente a la vivienda convencional.

Mientras el acceso a una casa promedio conlleva valores que superan los USD 90.000, el desarrollo de viviendas modulares empieza a mostrar números distintos.
Los modelos base parten desde los USD 30.000, un rango que los ubica por debajo del valor de un departamento en zonas “confort” de Salta. Eso sí, sin la mano de obra de ningún albañil.
Según pudo saber Gente de Salta, más allá del precio, uno de los factores clave del modelo son los 90 días en que se fabrica, ensambla y coloca hasta el último tornillo del módulo. A diferencia de la obra tradicional, que pueden demorarse ocho meses, las viviendas se fabrican íntegramente en taller, con estructura metálica y sistemas de aislación ya incorporados para su montaje final en el terreno.
Con unidades ya habitadas en Cafayate, el grupo detrás de este desarrollo es una firma con desarrollos en todos los frentes de la construcción en Salta. Eduardo Nahum, el arquitecto que lidera el proyecto de ELE Haus dialogó con este medio y explicó las diferencias económicas del sistema frente a la vivienda convencional.

Mientras los créditos para la vivienda todavía están lejos de ofrecer condiciones atractivas, el modelo modular parece inmune a la falta de financiamiento hipotecario. En ese sentido, el acceso a las viviendas ensambladas se apoya en líneas de crédito personal que permiten avanzar sin escritura del terreno ni garantías tradicionales, con cuotas iniciales que pueden ubicarse en valores similares a los de un alquiler.
Otra de las particularidades del sistema es su condición móvil. Al tratarse de módulos ensamblados, las viviendas pueden trasladarse de un terreno a otro con logística de camión, incluso ya equipadas. En la práctica, explicaron desde la empresa, una mudanza puede resolverse en un solo traslado, con la casa, los muebles y hasta “el perro”.
Las viviendas llegan preparadas para conectarse a los servicios básicos de agua, electricidad y desagües, lo que acorta los tiempos de implantación. Además, pueden instalarse tanto en lotes urbanos como en terrenos periurbanos o rurales, incluso en superficies con pendiente, ya que el apoyo se resuelve mediante bases y estructuras adaptadas al desnivel, sin necesidad de grandes movimientos de suelo.
Futuro de la vivienda: construcción vs industria
El modelo de viviendas que impulsan desde la firma, reemplaza parte de la mano de obra tradicional de la construcción —uno de los sectores más golpeados a nivel nacional en los últimos años— por un esquema de fabricación industrial, con mayor peso de la metalmecánica, el trabajo en seco y los procesos en taller.
“Este sistema no elimina trabajo, lo transforma. En lugar de la obra húmeda tradicional, demanda mano de obra técnica vinculada a la metalmecánica, la soldadura y el trabajo en seco, con procesos que se desarrollan íntegramente en taller”, señaló.
En ese sentido, explicó que no hay un “ahorro” en recursos humanos. Mientras en la obra tradicional los tiempos suelen extenderse por factores logísticos o climáticos, en el esquema industrial el trabajo técnico y metalúrgico demanda menos horas, pero mejor pagas.

Aunque agregó que el proceso productivo de las naves industriales, también se requieren oficios como pintura, instalaciones eléctricas y sanitarias, como en la construcción tradicional.
Producción a medida vs producción en masa
La pregunta sobre por qué no importar casas prefabricadas desde China, con costos más bajos, fue inevitable en el diálogo con Nahum, quien admitió haberlo intentado. Sin embargo, en el entramado del mercado inmobiliario local, explicó que encontraron una ventaja clara en la producción en Salta.
“Intentamos traer módulos desde China, pero no funcionó para lo que buscábamos. Son soluciones cerradas, pensadas para volumen, no para viviendas familiares ni para proyectos a medida”, explicó el arquitecto, al detallar que las casas chinas que hoy llegan “por ahora” no permiten modificaciones.
Mientras que los proveedores mineros observan cómo en el proyecto de litio más grande se importan, con arancel cero y al amparo del RIGI, estructuras de origen asiático, y el sector turístico de la ciudad cerró el año con una ocupación promedio del 44%, el peor registro pospandemia, en ambos casos aparece la misma dificultad: competir con “los de afuera”.

En contraste, el desarrollo de este caso —una porción menor del sector inmobiliario, pero impulsada por el todopoderoso grupo Luxem, responsable de las principales edificaciones de Salta y con las que los salteños conviven a diario— prioriza, al menos “hoy”, la fabricación local.
“No es una cuestión de miedo a competir. Es parte de cómo funciona la actividad, si llegan productos más baratos, el mercado obliga a ajustarse, a repensar procesos diferenciales y a reinventarse, como siempre”, advirtió.