Desde hace años, el Colegio Alfarcito se encarga de llevar a los Reyes Magos a los diferentes parajes de la Quebrada del Toro, como una forma de generar comunidad con los habitantes y también brindarle a los niños una jornada distinta, aprovechando el significado de la festividad de cada 6 de enero.
En este 2026, el paraje elegido fue El Palomar, ubicado a 170 kilómetros de la Capital y a 3900 metros sobre el nivel del mar, donde se vivió una verdadera fiesta, según relató a Gente de Salta el padre Walter Medina.

“La verdad que el festejo de Reyes fue muy lindo. Fueron más de 160 personas, niños de distintos lugares. Algunos llegaban después de caminar por horas, otros como dos días. Mientras íbamos al paraje, en el camino íbamos recolectando gente”, contó Medina.
El padre encargado del Colegio Alfarcito resaltó la simplicidad del acto, que se basó en celebrar la misa con los chicos y después llevar adelante diferentes actividades para compartir el día. Juegos para grandes y chicos, fútbol y unos superpanchos que estuvieron deliciosos.
"Eran unos panchos gigantes que estuvieron riquísimos. A algunos chicos se les caía la salchicha porque era muy grande, pero después volvían a pedir más. Hubo un clima hermoso y quedamos muy contentos de acompañar”, recordó con alegría.
La preparación
Medina explicó que estos festejos se arman con bastante tiempo de antelación y con la solidaridad de la gente como elemento principal.
“Hay gente del Tren de las Nubes, por ejemplo, que en su último viaje el 6 de diciembre ya nos trajo juguetes. Después hubo colegios que se sumaron a la campaña. Hay niños que fueron dejando sus juguetes. Gente que puso dinero. No sé, uno puede decir que hubo 500 personas ayudando a que esto sea posible y que ese pequeño esfuerzo suma”, explicó el padre Medina.

Por otro lado, también señaló que esto no sería posible sin la ayuda de los voluntarios y colaboradores.
“Varios chicos del colegio que formaron el grupo misionero Padre Chifri vinieron a ayudarnos, junto a otros voluntarios, que se encargaron de separar, clasificar y preparar los juguetes que recibimos para luego darles a los chicos”, indicó.
Y añadió: “La finalidad siempre es la misma. Que la gente del cerro pueda quedarse en el cerro y formar comunidad".
"Estamos más que agradecidos por todas las donaciones, todos los colaboradores, todos los que hacen posible que podamos dar este abrazo a la gente. El abrazo siempre es compartido”, concluyó el padre.

