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El proyecto de una comunidad indígena salteña crece y ya comercializa harina de banana en cuatro provincias

Lo que comenzó como una respuesta a la falta de rentabilidad de la producción bananera hoy se convirtió en un emprendimiento que se va posicionando en el mercado como una alternativa saludable. A solo 11 meses de haber comenzado, proyectan seguir creciendo y brindar más trabajo a los integrantes de la comunidad.

Fabio Ramayo
por Fabio Ramayo 5 Junio de 2026
5 Junio de 2026
Algunos de los integrantes de Iguopeigenda en pleno proceso de elaboración.
Algunos de los integrantes de Iguopeigenda en pleno proceso de elaboración. -

A siete kilómetros de Orán, en el paraje Río Blanco Banda Sur, diez integrantes de la comunidad Tupí Guaraní Iguopeigenda decidieron convertir una dificultad habitual en una oportunidad.

Frente a los bajos precios de la banana y las dificultades para comercializar la fruta fresca, nació un proyecto comunitario que produce harina de banana artesanal.

“Nos dedicamos a la producción de banana principalmente, aunque también plantamos otras frutas tropicales. Esto surge debido a que la banana no tenía precio, no se vendía y nos querían pagar migajas, entonces buscamos una forma de no desperdiciarla”, contó a Gente de Salta Francisca Cabezas, una de las referentes del emprendimiento bautizado con el mismo nombre de la comunidad “Iguopeigenda”.

Las trabajadoras del proyecto acomodando las bananas en el primer deshidratador que construyeron.
Las trabajadoras del proyecto acomodando las bananas en el primer deshidratador que construyeron.

La búsqueda de alternativas los llevó a capacitarse junto al INTA Yuto, donde descubrieron que podían transformar parte de esa producción en un producto de mayor valor agregado. 

“Nos enseñaron que podíamos hacer harina de banana y comenzamos seleccionando los cachos verdes para iniciar el proceso”, explicó.

Desde entonces, el crecimiento fue constante y en apenas 11 meses, la harina producida por la comunidad ya llegó a Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires, además de sostener una clientela fija en la zona y la capital salteña. 

“Va rápido para nuestro parecer. Tenemos un mercado muy lindo y eso nos lleva a querer hacer las cosas bien”, sostuvo.

Actualmente, la gente de Iguopeigenda se encuentra en el proceso de obtener las certificaciones nutricionales del producto y avanzan en el desarrollo de una identidad propia, para registrar y posicionar la marca en nuevos mercados.

Un paquete de harina de banana que comercializan la gente de la comunidad originaria
Un paquete de harina de banana que comercializan la gente de la comunidad originaria

Un proyecto que quiere crecer para generar trabajo y evitar que los jóvenes se vayan

El emprendimiento hoy está integrado por diez personas, pero la meta es sumar más manos. No solo con la meta de ser una fuente laboral para más familias de la comunidad, sino también porque los pedidos cada vez son más cuantiosos.

“Queremos que se incorporen jóvenes, hermanas, hermanos, gente de todas las edades, para que esto también sea una entrada económica para sus hogares. Y también porque queremos crecer en capacidad de producción, ya que cada vez son más clientes que nos buscan”, explicó Francisca.

La idea surge de una realidad que golpea a muchas comunidades rurales del norte salteño, donde gran parte de los jóvenes deben migrar buscando oportunidades laborales. “Queremos capacitarlos para que los jóvenes trabajen aquí y no tengan que irse afuera a buscar trabajo”, resumió.

El crecimiento productivo obliga además a ampliar la infraestructura. El primer deshidratador solar construido por ellos mismos, que inicialmente parecía grande, ya quedó chico. “Estamos terminando nuestro segundo deshidratador, mucho más grande. Eso nos demuestra que estamos creciendo”, afirmó.

El segundo deshidratador en pleno proceso de construcción
El segundo deshidratador en pleno proceso de construcción

Cómo se fabrica la harina de banana

El proceso comienza mucho antes de que la banana llegue al molino y para que quede claro, Francisca afirmó que no son los restos de la cosecha lo que se usa para hacerla, sino que se usa cachos de fruta verde que atraviesan un proceso completamente artesanal.

Primero se seleccionan los cachos, se lavan manualmente las bananas, una por una, se pelan y se cortan en láminas finas. Luego pasan por agua con limón para evitar la oxidación y se colocan en deshidratadores solares construidos por la propia comunidad.

El secado depende exclusivamente del clima, lo que puede llegar a alargar el proceso de elaboración: “Si hay buen sol, puede secarse en un día. Sino puede llevar hasta tres días”, explicó Francisca.

Una vez seco, el producto pasa por molienda, tamizado, pesado y envasado. El proceso completo puede demandar varias horas de trabajo y requiere grandes cantidades de materia prima. 

“Perdemos cerca del 60% entre cáscara, humedad y descarte. Queda aproximadamente un 40% convertido en harina”, detalló.

La harina se comercializa en presentaciones de cuarto kilo, medio kilo y un kilo, actualmente a un precio promocional de 20 mil pesos por kilo.

Qué se puede hacer con esta harina

Entre sus principales características, Francisca destacó que se trata de un producto artesanal, sin agregados químicos y elaborado 100% con banana verde. Además, podría transformarse en una alternativa interesante para personas celíacas, aunque todavía esperan los estudios nutricionales y análisis correspondientes para confirmar oficialmente esa condición.

Croquetas hechas con harina de banana
Croquetas hechas con harina de banana

Mientras tanto, las pruebas culinarias ya multiplican posibilidades. 

“Todo lo que se hace con harina común se puede hacer con esta harina. Ya elaboramos prepizzas, comidas dulces, saladas, pan de Navidad y muchas cosas más”, contó.

Quienes quieran adquirir el producto pueden contactarse directamente con la comunidad, al 3878795138, que actualmente comercializa desde Río Blanco Banda Sur y mediante envíos a distintos puntos del país.

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