En los últimos años comenzó a escucharse cada vez más un concepto que describe una realidad silenciosa para muchas familias: la Generación Sandwich. Se trata de personas que atraviesan la adultez media y que deben cuidar simultáneamente a sus hijos y a sus padres mayores, una situación que combina responsabilidades emocionales, económicas y de tiempo.
Desde Gente de Salta dialogaron con la filósofa Florencia Sichel para profundizar sobre este fenómeno que atraviesa a miles de hogares. En la conversación, Sichel analiza por qué esta situación se volvió más visible en la actualidad, cómo impacta en la vida cotidiana y por qué el cuidado sigue siendo una tarea que recae mayormente en las familias y, en particular, en las mujeres.
Para la filósofa, el problema no es solo individual sino social: la combinación entre el aumento de la expectativa de vida, el retraso en la edad de tener hijos y las transformaciones del trabajo hacen que cada vez más personas se encuentren en el medio de dos generaciones que requieren apoyo.

Florencia, ¿cómo definirías la llamada Generación Sandwich?
Es aquella generación de adultos que se encuentra en el medio, cuidando hacia abajo a sus propios hijos y hacia arriba a sus padres. Por ejemplo, una mujer que está trabajando, de alrededor de cuarenta y cinco años, puede recibir un mensaje de su hijo pidiéndole que le transfiera dinero o pague una actividad extracurricular, mientras que al mismo tiempo su padre, que tiene setenta u ochenta años, le pregunta cuándo es el turno médico o le pide ayuda económica para medicamentos. La Generación Sandwich está en esa posición de sostener responsabilidades en ambos sentidos, y eso genera una sensación de carga muy grande.
¿Qué nos pasa con los cuidados en la sociedad actual?
Muchas veces se sienten como una carga terrible porque todo recae en la individualidad. La pregunta es: ¿de quién es la responsabilidad de cuidar? ¿Sólo de los hijos, o también como sociedad podemos pensar en políticas que distribuyan esa responsabilidad? Hoy la vida se extiende mucho más y se postergó la edad de tener hijos. Por eso, alguien de cuarenta y cinco años puede tener un hijo pequeño y al mismo tiempo cuidar de padres mayores. La novedad de esta época es la superposición de cuidados, algo que antes no era tan evidente.
Se habla mucho de obligación en estos casos.
Yo no hablaría de cuidados sólo como obligación. También hay una cuestión económica y de proyectos de vida. Cuidar a los padres muchas veces implica postergar otros proyectos personales. Por eso la palabra clave es conciliación. La sociedad debería preguntarse qué políticas existen para que no todo recaiga sobre el individuo. En Argentina, por ejemplo, las mujeres siguen dedicando mucho más tiempo al cuidado que los hombres, lo que se suma a la jornada laboral. Esto genera un agotamiento enorme en la Generación Sandwich.
¿Creés que este debate tiene un enfoque moral peligroso?
Sí, porque genera mucha angustia. No podemos esperar que el cuidado dependa únicamente de la buena voluntad de cada persona. La pregunta fundamental es: ¿quién cuida a los que cuidan? Esa generación está todo el tiempo dando, sosteniendo, y muchas veces siente culpa por querer disfrutar de su tiempo o hacer algo para sí misma. Por eso es crucial pensar en redes de cuidado que no dependan exclusivamente de la familia. Centros de primera infancia, espacios para adultos mayores y vecinos que colaboran son ejemplos de lo que podría funcionar si se pusiera en agenda.

¿Es algo nuevo este fenómeno?
No, la experiencia de cuidar siempre existió. Lo nuevo es la superposición de cuidados. Antes, si tenías hijos jóvenes y tus padres empezaban a envejecer, los tiempos no coincidían tanto. Hoy los hijos se independizan más tarde, los padres viven más y pueden requerir cuidados por años. Es una vida entera que demanda atención. Además, los adultos mayores hoy pueden trabajar hasta los ochenta o noventa años, lo que cambia la dinámica de los cuidados y la salud.
Hablabas de la desigualdad en los cuidados entre géneros.
Sí. La encuesta nacional del uso del tiempo muestra que las mujeres dedican el doble de horas que los hombres al cuidado diario, además de trabajar. Antes el ama de casa cargaba con todas las tareas, hoy la madre multitasking combina trabajo, cuidado de hijos y atención a padres. Esto genera agotamiento y estrés, y falta la pregunta de quién les permite descansar y sostener su propia vida.
¿La Generación Sandwich afecta más a la clase media?
Históricamente, las clases populares también asumieron cuidados. Hoy, la cuestión se trasladó mucho a la clase media: los abuelos también cuidan a los chicos porque no todos pueden pagar una niñera. Lo importante es no sobrevivir a costa del otro y entender que el cuidado tiene un valor social que no se resuelve solo con amor o buena predisposición. Todos tenemos derecho a tener una vida propia, aunque tengamos responsabilidades familiares.
¿Cuál sería la salida, entonces?
Tejer redes de cuidado que no dependan únicamente de la familia directa. Pensar políticas que reconozcan el valor del cuidado, invertir en centros y servicios, y dejar de concebir el cuidado como una carga moral o individual. Solo así se puede garantizar que la Generación Sandwich pueda sostener a otros sin perder su propia calidad de vida.


