En diciembre de 2019, en un taller del barrio Tres Cerritos, Francisco Gómez Paz unía cuatro planos de madera multilaminada sin usar un solo tornillo. La pieza pesaba 1.800 gramos. No tenía nombre todavía. Él sabía que era algo distinto a todo lo que había hecho antes.

Unos meses después, en plena pandemia, ese objeto fabricado en el corazón de la tierra gaucha ganó el Compasso d’Oro: el galardón de diseño industrial más antiguo y prestigioso del mundo, otorgado en Italia desde 1954. Era la primera vez que una pieza producida y fabricada en Argentina resultaba ganadora. Nadie en Latinoamérica lo había logrado antes. El mundo del diseño tardó exactamente una noche en enterarse.
Para recoger el premio, Gómez Paz tuvo que atravesar el país en auto. Las provincias estaban cerradas por el coronavirus. En Santiago del Estero le colocaron fajas al vehículo para que no pudiera bajar. Llegó igual. Hay algo en ese gesto el viaje absurdo, las fajas en el auto, la pandemia como telón de fondo que condensa perfectamente quién es este hombre: alguien que llega siempre, sin importar las condiciones del camino.
El hijo del arquitecto que desarmaba todo
Francisco Gómez Paz nació en Salta en 1975. Su padre era arquitecto, desde chico tenía el hábito de desarmar juguetes. No para romperlos, sino para entender cómo estaban hechos. Ese impulso la curiosidad sobre la estructura interna de las cosas definiría toda su carrera.

Estudió Diseño Industrial en la Universidad Nacional de Córdoba. En 1998, con 23 años, viajó a Milán para cursar la Maestría en Diseño en la Domus Academy, uno de los centros de formación más exigentes del mundo. Era un salteño joven en Europa, en una ciudad que ha formado a los mejores diseñadores del siglo XX. Llegó con ideas propias y la disposición a defenderlas.
Después de graduarse trabajó en el estudio de Paolo Rizatto y colaboró con Alberto Meda, dos figuras centrales del diseño italiano contemporáneo. En 2004 abrió su propio estudio en Milán y comenzó a trabajar para empresas como Artemide, Driade, Danese, Landscape Forms, Luceplan, Olivetti y Sector. Su nombre empezó a circular en los catálogos más prestigiosos del sector.
“Toda mi vida luché por mis ideas y sufrí cuando alguien me decía que no había lugar para crear algo nuevo. Los sistemas tienden a buscar la estabilidad. Uno puede resultar un elemento de molestia.”
El primer Oscar: una lámpara y el presidente de Italia
En 2001, mientras presentaba la lámpara Metro en el Salone del Mobile, su hija tenía apenas un par de meses. Como no había dónde dejarla, le armaron un rinconcito en el stand. Esa beba, hoy de 23 años, presenció sin saberlo uno de los hitos fundacionales de la carrera de su padre.
Diez años más tarde, en 2011, Gómez Paz obtuvo del presidente de la República Italiana Giorgio Napolitano el premio a la innovación por la lámpara “Hope”, fabricada para Luceplan, y el Compasso d’Oro de la Asociación del Diseño Industrial italiano. La lámpara Hope se convirtió en uno de los productos más vendidos de Luceplan. El premio lo compartió con Paolo Rizzatto: Italia reconocía el talento de un diseñador argentino con su máximo galardón.
A lo largo de esos años acumuló el German Design Award (2018, luminaria Candela), el Red Dot Award Best of the Best (2016, luminaria Mesh), el Elle Decor International Award (2017) y, junto con Alberto Meda, el Primer Premio del Index Award por el “Solar Bottle” una botella que purifica agua contaminada usando radiación solar, pieza seleccionada para la Study Collection del MoMA de Nueva York. Era 2008. Gómez Paz tenía 33 años y ya estaba en el museo más influyente del mundo.
La ironía de la silla: fabricar lo imposible en Salta
En 2014 Gómez Paz abrió su estudio-laboratorio en Salta. A partir de ese momento dividió su tiempo entre Milán y el norte argentino. Instaló una usina de prototipos: máquinas, impresoras 3D, herramientas analógicas y tecnología de punta. En ese taller de Tres Cerritos comenzó a germinar la idea que terminaría siendo Eutopía.

La pregunta que se hizo era sencilla y radical al mismo tiempo: ¿podía fabricarse en Salta una pieza que compitiera en el mercado más exigente del mundo? No como curiosidad regional, no como artesanía folclórica, sino como objeto de diseño industrial de primer nivel, capaz de sostenerse frente a lo que producen las empresas más grandes de Europa.
La respuesta fue la silla. Cuatro planos de madera multilaminada que se intersectan en un encastre preciso. Sin tornillos, sin clavos. Solo la geometría y la cola. Pesa 1.800 gramos. “Siempre el peso de la silla mide la calidad estructural del proyecto”, explicó. La fabricó con corte láser y control numérico desde su laboratorio en Tres Cerritos. La llamó Eutopía porque no era una utopía el ideal inalcanzable sino el ideal que sí puede realizarse. La diferencia, mínima en el lenguaje, es enorme en la práctica.
Cuando llegó el Compasso d’Oro 2020, el mundo del diseño recibió un mensaje que pocos esperaban: la periferia puede producir objetos que no se disculpan ante nadie por su origen.
“Cuando estaba estudiando jamás me imaginé que algo así me podía llegar a pasar. Ganarlo con algo diseñado y fabricado en Salta, en Argentina, en Sudamérica. Para mí era literalmente imposible.”
2024: el homenaje, el embajador, los 25 años del Satellite
En abril de 2024, el Salone Internazionale del Mobile inauguró con un homenaje que repasó los 25 años del SaloneSatellite la sección de diseñadores emergentes que funciona como trampolín hacia las grandes firmas del sector. En esa exposición, que reunió a los protagonistas que dejaron su huella desde su fundación, Francisco Gómez Paz ocupó un lugar central.
Ese mismo año fue nombrado Embajador del Diseño Italiano.
El título no es ceremonial: implica una función de representación del sistema de diseño italiano ante la industria global, en ferias, conferencias y publicaciones especializadas. Es el tipo de reconocimiento que Milán otorga con cuidado, y que históricamente ha recaído sobre figuras formadas dentro del sistema italiano. Que lo reciba un salteño que trabaja entre dos continentes dice algo sobre el peso específico que Gómez Paz acumuló en más de dos décadas.
Desde 2000 es profesor invitado en la Domus Academy, la misma institución donde se formó. En 2022 recibió el Premio Konex Diploma al Mérito. Sus clases en Milán las da desde la misma perspectiva que construyó su carrera: el diseño como acto de innovación estructural, no como decoración aplicada.

Milán, abril de 2026: el Estado argentino pone nombre a lo que el mundo ya sabía
En el Salone del Mobile de abril de 2026 el evento de diseño más importante del planeta, celebrado del 21 al 26 de abril en la Fiera Milano Rho Francisco Gómez Paz recibió la distinción de Embajador Marca País Argentina. La otorgó Victoria Castro, directora de Promoción de PromArgentina. Fue un momento poco habitual en el mundo del diseño: el Estado argentino reconociendo públicamente, ante una audiencia internacional, a uno de sus creadores más influyentes en el escenario donde esa influencia se ejerce.
El reconocimiento llegó en un contexto más amplio. Ese mismo año, el Salón del Mueble Argentino participó por primera vez en el Fuorisalone el circuito de exhibiciones paralelas que transforma a Milán entera en una plataforma creativa durante la Design Week, con una muestra curada por Jonny Gallardo en el Consulado General de Argentina. Cinco piezas de distintas regiones del país Misiones, Córdoba, Mar del Plata, Rosario demostraron que el camino que Gómez Paz abrió de manera individual hace dos décadas hoy tiene continuidad colectiva.
El contexto del Salone 2026 también resultó revelador: las tendencias dominantes del año giraron en torno a la biofilia, la artesanalidad como eje de las marcas de lujo, los materiales que se sienten vivos. Maderas con vetas marcadas. Manufactura visible. La dualidad entre tecnología y oficio manual. El mismo lenguaje que Gómez Paz habla desde Tres Cerritos, mucho antes de que fuera tendencia global.

Hoy Gómez Paz sigue dividiendo su tiempo entre Milán y Salta. Sigue con el taller en Tres Cerritos. Sigue siendo profesor en la academia donde fue alumno. Es el único diseñador latinoamericano en haber ganado dos veces el Compasso d’Oro, con objetos fabricados en dos mundos que la lógica convencional del diseño industrial mantiene separados.
La silla que salió del norte argentino pesa 1.800 gramos y no lleva un solo tornillo. El reconocimiento que trajo no tiene peso medible. Pero tiene dirección: de Tres Cerritos al mundo, sin disculparse por el camino.