Apocalipsis 18 denuncia a “la gran Babilonia”, símbolo tanto del Imperio romano de su tiempo como de todos los sistemas opresivos que se han levantado a lo largo de la historia. Entre sus características se afirma que:
- Los comerciantes de la tierra se enriquecieron con ella, despilfarraron, traficaron, se volvieron magnates y engañaron a las naciones.
- “Se ha convertido en morada de demonios”.
Hoy podemos reconocer ese mismo rostro: un sistema que obedece a la lógica del egoísmo, del mercado y de la crueldad, a costa de la voluntad de Dios, la dignidad humana y el bienestar de los pueblos. El ser humano le da la espalda a Dios y en consecuencia se hace su propio dios, se convierte en mercancía, se adueña de tierras, mira al prójimo como enemigo, explota, lastima y margina para acumular gloria, riqueza y placeres. Una lógica diabólica que nos oprime y deshumaniza.
Sin embargo, ante esta radiografía, el Apocalipsis también anuncia una buena noticia: “¡Ha caído! ¡Ha caído la gran Babilonia!”
La Luz vencerá a la oscuridad. Por eso el texto lanza un imperativo urgente:
“Salid de ella, pueblo mío”
Salir no es huir del mundo. Es no pertenecer a su lógica cuando se opone a la propuesta de Cristo. Es crear una alternativa comunitaria que nace en la periferia al seguir a Jesús fuera de todo orden dominante y centralista. Y salir del sistema nos lleva a una especie de desierto. Al mismo desierto de los profetas para encontrarnos con Dios y, al mismo tiempo, con el otro.
Allí comienza una forma de vida distinta: una vida que prioriza la gracia sobre la meritocracia, el perdón sobre la venganza, el desprendimiento sobre la acumulación, el amor sobre el odio.
Por eso en el desierto aprendemos a caminar tras las huellas de Jesús. Ese camino estrecho que transforma nuestro corazón y, desde ahí, nuestros hogares, comunidades, barrios y pueblos. Rompe con el statu quo de nuestro pecado y nos hace volver al modelo original de la creación.
Una nueva tierra donde el Sol de justicia hará brotar definitivamente el perdón, la paz, la solidaridad, la igualdad, la justicia y el amor para siempre.