Cada año, cuando se acerca el 17 de junio, miles de salteños vuelven la mirada hacia un rincón silencioso de las sierras subandinas donde la historia parece haberse detenido en el tiempo. Allí, en la Quebrada de la Horqueta, Martín Miguel de Güemes pasó sus últimas horas de vida luego de haber sido herido en combate. Ese paraje, perdido entre el monte y atravesado por el murmullo de los arroyos, se transformó con el paso de los años en uno de los espacios de memoria más significativos de la provincia.
Más que un sitio geográfico, La Horqueta representa el escenario final de una epopeya. Es el lugar donde el líder de la Guerra Gaucha, perseguido por las tropas realistas, encontró refugio junto a sus hombres y resistió durante diez días la agonía provocada por la herida recibida el 7 de junio de 1821. Allí murió el 17 de junio, dejando una huella que atravesaría generaciones.
Durante décadas existieron dudas acerca del sitio preciso donde había fallecido Güemes. Diversos textos mencionaban lugares como Las Higuerillas, La Quesera o El Chamical. Sin embargo, a comienzos del siglo XX comenzaron los trabajos para identificar con precisión el escenario de sus últimos días.
En 1901, por encargo del presidente del Museo Histórico Nacional, Adolfo P. Carranza, el artista Aristene Papi recorrió la zona guiado por Rubén Nina, hijo de José Nina, quien había sido testigo directo de la muerte del caudillo. Aquella investigación permitió dejar constancia documental del lugar.
Años más tarde, en 1932, el general Gregorio Vélez encabezó una nueva expedición que confirmó el sitio y promovió la construcción de un monumento que perpetuara la memoria del héroe. El resultado fue el monolito inaugurado el 17 de junio de 1934, obra del escultor italiano Victorino Moltisanti.
"Un lugar digno para recordar al héroe en el punto exacto de su muerte", expresó entonces Vélez.
Sin embargo, tras aquella inauguración, el paraje volvió a quedar sumido en el olvido. Durante años fueron únicamente los pobladores de la zona quienes mantuvieron vivo el recuerdo.
Lo que comenzó como una sencilla vigilia de amigos en medio del monte salteño terminó convirtiéndose en una tradición que atraviesa generaciones. Desde 1956, la Guardia Bajo las Estrellas se realiza sin interrupciones y este año alcanza un doble significado: “Se cumplen 70 años de su nacimiento y se desarrollará la 71ª edición de la ceremonia. Durante gran parte de su historia, y hasta los años de la pandemia, fue el único homenaje que recordaba a Güemes en el escenario mismo de sus últimos días. En la soledad de La Horqueta, lejos de los actos oficiales y las multitudes, la guardia mantuvo encendida la llama de la memoria del héroe nacional allí donde la historia señala que entregó su vida por la Patria”, contó a Gente de Salta, el historiador Marcelo Ruibal.
Por aquellos años, la Cañada de la Horqueta permanecía prácticamente olvidada. El monolito inaugurado en 1934 para señalar el sitio exacto de la muerte del héroe había quedado aislado en medio del monte, visitado apenas por algunos pobladores de la zona. Sin embargo, el investigador e historiador Miguel Ángel Salom, entonces vinculado al Archivo Histórico de la Provincia, mantenía vivo el interés por aquel paraje cargado de simbolismo.
Fue él quien compartió con un grupo de amigos los antecedentes históricos que permitían identificar a La Horqueta como el escenario de los últimos días de Güemes. Aquella conversación despertó una idea que terminaría convirtiéndose en tradición: rendir homenaje al prócer no en la ciudad, sino allí donde había vivido sus momentos finales.
El 16 de junio de 1956 partieron hacia el sur del Valle de Lerma Miguel Salom, José Fadel, Ramón Cortez, Farat Salim, Pablo García, Luis Madeo, Mateo Manuguerra y Rubén Fortuny. Tras recorrer un largo trayecto en camión, cedido por la Dirección de Viviendas de la Provincia, llegaron hasta las cercanías de la finca La Cruz. Desde allí debieron continuar a pie cerca de nueve kilómetros, internándose en una quebrada atravesada por arroyos, senderos angostos y una vegetación cerrada propia de las sierras subandinas.
La travesía no fue sencilla. Cargados con provisiones y guiados por las indicaciones de los pobladores del lugar, avanzaron durante horas entre el monte. Finalmente, al salir de un sector pedregoso donde el arroyo doblaba hacia el norte, divisaron la figura borrosa del monolito levantándose entre los pajonales. A sus pies ardían dos velas encendidas.
Después de tantos años de escuchar hablar sobre aquel sitio, estaban frente al lugar donde había muerto el conductor de la Guerra Gaucha. El grupo rompió el silencio con un vibrante "¡Viva la Patria!" que resonó en la inmensidad del monte y luego quedó suspendido en una atmósfera de profundo respeto.
Antes de que cayera la noche reunieron leña y encendieron un fogón. A medida que la temperatura descendía, comenzaron a organizar una guardia simbólica alrededor del monolito. De a dos, permanecían una hora de pie junto al monumento antes de ser relevados por otros compañeros. Para recrear el espíritu de los Infernales improvisaron incluso una lanza utilizando un palo largo y un puñal sujeto en la punta.
Nadie durmió aquella noche. El frío era intenso, el silencio absoluto y el cielo aparecía completamente despejado. Cuando los últimos minutos del 16 de junio dieron paso al 17, los jóvenes comprendieron que estaban viviendo algo especial. Sobre sus cabezas brillaba un manto infinito de estrellas, el mismo cielo que había contemplado los últimos momentos de Güemes en 1821.
Fue entonces cuando surgió espontáneamente el nombre que acompañaría para siempre a la ceremonia. "Guardia Bajo las Estrellas", pensaron. No podía existir una definición más precisa para aquel homenaje austero y profundamente salteño que se desarrollaba sobre la misma tierra donde el héroe había consumido sus últimas fuerzas.
La vigilia concluyó con las primeras luces del amanecer. Como no habían llevado flores, recorrieron los alrededores y recogieron especies silvestres protegidas entre los pajonales. Con ellas realizaron una sencilla ofrenda al pie del monolito. Luego entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino, dando por finalizada una ceremonia sin discursos, sin autoridades y sin protocolo.
Lo que nació aquella madrugada como una iniciativa de amigos unidos por la historia terminó convirtiéndose en una de las expresiones más auténticas de la memoria colectiva salteña. Desde entonces, cada víspera del 17 de junio, la Guardia Bajo las Estrellas vuelve a reunir a miles de personas que encuentran en la soledad de La Horqueta una manera única de recordar a Güemes: no desde el mármol de los monumentos, sino desde el silencio del monte donde escribió sus últimas páginas.
Una tradición que une generaciones
Hoy, la Guardia Bajo las Estrellas se ha convertido en uno de los actos más emotivos del calendario salteño. Cada vigilia reúne a gauchos, estudiantes, familias, historiadores y vecinos que encuentran en La Horqueta una forma diferente de acercarse al pasado.
La ceremonia conserva la sencillez de aquella primera guardia de 1956. No busca recrear únicamente la muerte del héroe, sino transmitir valores como el compromiso, el sacrificio y el amor por la tierra. Bajo el mismo cielo que contempló los últimos instantes de Güemes, las nuevas generaciones descubren que detrás del prócer hay un hombre de carne y hueso, acompañado por un pueblo que decidió no olvidar. Y es precisamente allí, en el silencio del monte y bajo las estrellas de la noche salteña, donde la historia continúa viva.
Junto a la Guardia Bajo las Estrellas de la Cañada de la Horqueta, existe otra tradición profundamente arraigada en la memoria de los salteños: la vigilia que cada 16 de junio se realiza al pie del Monumento al General Güemes, en la ciudad de Salta. Según registros oficiales, este homenaje se desarrolla desde 1944 y marca el inicio de los actos conmemorativos por el paso a la inmortalidad del Héroe Gaucho. Con el correr de los años, ambas ceremonias se consolidaron como expresiones complementarias de un mismo sentimiento de respeto y reconocimiento hacia quien lideró la defensa de la frontera norte durante la lucha por la Independencia.