En el corazón de los Valles Calchaquíes

Lana de altura: el potencial oculto de los pastores de Cachi

Producen lana desde hace generaciones, pero su circuito económico sigue sin despegar. Entre intermediarios, precios desiguales y caminos de montaña, los productores buscan nuevas formas de agregar valor y permanecer en su tierra.

Por Javier Corbalán

Gregoria Castillo en su trabajo habitual — (Foto: Javier Corbalán)

A primera vista las ovejas parecen puntos blancos que se mueven lentamente entre los cerros, el sol todavía no calienta y el viento corta, pero los pastores ya están en marcha. Cada vellón que cargan estos animales contiene una promesa, una economía rural que sobrevive en silencio, a la espera de ser reconocida.

La lana, en los Valles Calchaquíes, es mucho más que un recurso agrícola. Es parte del paisaje, del trabajo familiar y del conocimiento ancestral. Sin embargo, su valor económico sigue siendo mínimo. En Cachi, uno de los departamentos más emblemáticos de Salta, la producción ovina es modesta, pero constante, miles de ovejas que alimentan una tradición que aún no encuentra su lugar en el mercado moderno.

Los pastores de Cachi enfrentan el desafío de transformar un oficio heredado en una oportunidad de progreso (Foto: Javier Corbalán)

Un recurso olvidado

Mientras la Argentina produce unas 36 mil toneladas de lana por zafra, según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP), el norte del país apenas aparece en el mapa. La mayoría de las exportaciones proviene de la Patagonia, donde la cadena industrial está consolidada, en mayo de 2025 la exportación de lana superó el 45% en volumen y el 30% en valor
el sector ovino presentó indicadores positivos en lo que va del año, según datos recientes de la Dirección Nacional de Producción Ganadera

 Si bien el sector lanar es el que tiene la mayor variación positiva interanual, la carne ovina también mostró un aumento en exportación, faena, producción, en cambio, en Cachi, a 2.280 metros de altura, la lana se vende casi siempre en bruto, sin lavado ni clasificación, y el precio se define lejos de la montaña.

Datos oficiales de exportación de lana en 2023

“Acá el kilo de lana no paga el esfuerzo”, dice don Ramón, un pastor de Payogasta que esquila desde los 12 años. “A veces te dan dos mil pesos por un vellón, a veces menos. Todo depende del que viene a comprar.”


La mayoría de los criadores vende su producción a intermediarios que recorren los parajes en camioneta, compran por kilo y revenden en los centros de acopio provinciales o directamente a consignatarios.

Del cerro al centro de acopio

En 2014, el gobierno salteño inauguró el primer centro de acopio de lana de la provincia, ubicado en Rosario de la Frontera. El objetivo era simple, reunir la producción dispersa, clasificarla y mejorar el precio final. La iniciativa logró un avance logístico, pero el desafío de conectar los Valles Calchaquíes con ese punto del sur sigue siendo enorme.

Un técnico de la Dirección de Ganadería explica que el transporte representa hasta un 30 % del costo total. “Cachi está lejos, las rutas son de montaña y los productores no tienen camiones propios. Eso encarece todo y reduce el margen”, afirma.

Gregoria y su esposo arriando ovejas en Cachi  (Foto: Javier Corbalán)

En 2023, según cifras provinciales, se contabilizaron casi 5.000 ovinos en el departamento de Cachi. El número puede parecer pequeño, pero para muchas familias representa una fuente vital de subsistencia y un hilo directo con la historia. Cada oveja produce entre dos y tres kilos de lana por año. El cálculo es sencillo: unas diez toneladas anuales de lana que, si se comercializaran con valor agregado, podrían significar ingresos relevantes para la región.

El precio y el poder del intermediario

El mercado internacional paga entre 4 y 5 dólares por kilo de lana merino fina, según reportes del portal agropecuario Bichos de Campo. Pero los pequeños pastores del norte reciben apenas una fracción. La diferencia se explica por la falta de escala, la calidad variable del vellón y la ausencia de infraestructura local de lavado o peinado.

La lana, que alguna vez fue símbolo de progreso rural, hoy lucha por volver a tener valor (Foto: Javier Corbalán)

“Cuando uno vende sucio, pierde casi la mitad del valor”, explica la artesana salteña Ana Gallardo, que compra lana local para hilados naturales. “La lana de acá tiene un color hermoso, pero falta organización. Si pudiéramos lavarla y clasificarla acá mismo, otra historia sería.”

El ciclo actual se repite cada año, esquila en invierno, venta a granel, precios bajos, escaso margen y nula industrialización local. Los productores dependen de los acopiadores o de los programas estatales que, aunque existen, no siempre llegan a las zonas más aisladas.

Entre tradición y oportunidad

A pesar de las dificultades, el potencial está ahí. En los últimos años, distintos proyectos del Ministerio de Producción y del Plan Ovino-Caprino buscan fortalecer la cadena: capacitación en esquila, genética y mejoras de pasturas. También se promueven alianzas con cooperativas de mujeres tejedoras que usan lana local en piezas artesanales, desde mantas hasta tapices, uniendo economía y cultura.

los pastores de ovejas mantienen viva una economía ancestral Castillo (Foto: Javier Corbalán)

En Cachi, algunos jóvenes están retomando la actividad con una mirada distinta. “No queremos irnos a la ciudad, queremos vivir de lo nuestro”, dice Franco, un pastor de 25 años que participa en capacitaciones de manejo ovino. “Pero necesitamos que la lana valga más. Si no, no tiene sentido seguir.”

La cadena que falta

En el circuito global, la lana es sinónimo de industria textil, diseño y exportación. En Cachi, todavía es una economía primaria. El eslabón perdido es la transformación local: plantas de lavado, talleres de hilado, cooperativas de venta directa. Todo eso permitiría retener valor en origen y ofrecer empleo en una región donde las oportunidades son escasas.

Artesana de los Toldos durante una muestra en el mercado artesanal  (Foto: Javier Corbalán)

Un informe del Consejo Federal de Inversiones (CFI) advierte que “la fragmentación y la dispersión territorial del productor ovino en el norte argentino impiden alcanzar economías de escala competitivas”. La solución pasa por asociarse, agrupar la producción y conectar los centros de acopio con las rutas de exportación.

Lana de altura

Desde lejos, el rebaño vuelve al corral y el polvo del camino se confunde con el color de la tierra. Don Ramón sonríe: “Las ovejas son como la familia, te acompañan toda la vida. Ojalá que algún día la lana también nos acompañe mejor.”

Los pequeños criadores esquilan a mano y venden a pérdida (Foto: Javier Corbalán)

En Cachi, ese deseo no es solo una nostalgia: es una posibilidad real. Con infraestructura, organización y políticas sostenidas, la lana podría dejar de ser un recurso olvidado para convertirse en el hilo que teje el futuro de los Valles Calchaquíes.