Al igual que en 1960, hoy, el catolicismo sigue siendo la religión predominante en las zonas urbanas de la Argentina. Pero la distancia con aquel número de fieles que se identificaban católicos es abismal: según un estudio nacional al que accedió Gente de Salta, esa identificación cayó con fuerza y el cambio generacional anticipa una transformación todavía más profunda.
Actualmente, la población sin filiación religiosa ya ocupa el segundo lugar en el mapa de creencias del país y representa el 22,4%. Pero entre los jóvenes de 16 a 29 años, un segmento clave para leer las tendencias futuras, ese número trepa al 31%.
En esa misma franja también crecen los evangélicos, que alcanzan el 23,6%. En pocas palabras, aunque el primer lugar sigue siendo la religión católica, en el mapa que vaticinan los más jóvenes, tanto evangélicos como quienes no adhieren a una iglesia ganan terreno.
El informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina 2026, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina —OCreAr— de la Universidad de Buenos Aires (UBA), marca que el catolicismo todavía reúne al 57,7% de la población (casi 6 de cada 10 argentinos), aunque lejos del 90% registrado por el Censo Nacional de Población de 1960.
El cambio se ve con más claridad al mirar por edades. Entre los jóvenes de 16 a 29 años, solo el 44,6% se identifica como católico (poco más de 4 de cada 10). En cambio, entre los mayores de 50 años, el catolicismo conserva una presencia mucho más fuerte: alcanza el 69%. Para los autores, esta diferencia no es un dato aislado.
“Las nuevas generaciones anticipan una transformación estructural del campo religioso, caracterizada por menor centralidad del catolicismo y mayor diversidad de opciones”, adelanta el estudio de la UBA.
En ese nuevo escenario, el mundo evangélico aparece como la segunda identidad religiosa organizada. Según el estudio, alcanza al 17,4% de la población (casi 2 de cada 10 argentinos) y también gana presencia entre los más jóvenes, donde llega al 23,6% (casi 1 de cada 4). La población sin filiación religiosa, en tanto, reúne a quienes declaran no tener religión, a personas agnósticas y ateas, y confirma el avance de lo que el informe define como formas de “creer sin pertenecer”.
El trabajo también marca diferencias por género. Las mujeres aparecen más vinculadas a las instituciones religiosas: el 19,3% se identifica como evangélica (casi 2 de cada 10), frente al 15,2% de los varones (poco más de 1 de cada 10). En cambio, entre los hombres crece con más fuerza la falta de filiación religiosa: llega al 25,7% (1 de cada 4), contra el 18,8% entre las mujeres (casi 2 de cada 10).
El informe resume esa diferencia con una frase contundente: “Se confirma el patrón clásico de feminización de la religiosidad”. Es decir, aunque el mapa religioso cambia en todas las generaciones, las mujeres siguen mostrando una mayor relación con las iglesias, especialmente dentro del mundo evangélico.
A nivel territorial, el catolicismo tiene más presencia en el interior del país, donde alcanza a casi 6 de cada 10, mientras que en el AMBA baja al 54,2% (poco más de 5 de cada 10). En sentido contrario, la población sin filiación religiosa llega al 26,1% en el Área Metropolitana de Buenos Aires y al 20,1% en el resto del país. Los evangélicos muestran una distribución más pareja: 17,6% en AMBA y 17,2% en el resto del país.
Umbanda, por encima del islam y el judaísmo
Aunque los tres grandes grupos concentran casi todo el mapa religioso —católicos, personas sin filiación religiosa y evangélicos—, el informe también muestra la presencia de otras creencias. Allí aparece un dato llamativo: la religión umbanda o africanista alcanza el 0,5% de la población (1 de cada 200 argentinos), una proporción mayor que la del islam, con 0,3% (3 de cada 1.000), y que la del judaísmo, con 0,2% (2 de cada 1.000).
En sus conclusiones, el Barómetro sostiene que la Argentina atraviesa una “reconfiguración profunda de su campo religioso”, marcada por mayor diversidad, menor centralidad del catolicismo y nuevas formas de creer. En otras palabras: el país sigue siendo mayoritariamente creyente, pero cada vez menos organizado alrededor de una sola iglesia.