El barrio Villa Las Rosas volvió a vestirse de emoción con una nueva edición de Ciudad de Navidad, una de las expresiones culturales más queridas de Salta, que este año celebró 60 años de continuidad ininterrumpida, afirmándose como parte esencial de la identidad de la ciudad.
La propuesta, construida desde la fe, el arte y el trabajo colectivo, volvió a reunir a vecinos y visitantes alrededor de su emblemático pesebre viviente será homenajeada en la víspera de reyes. Una puesta que se transforma con cada edición, pero conserva intacto su espíritu original. Las funciones comenzaron el 25 de diciembre, se extendieron hasta el 27 y retomaron en enero los días 3, 4, 5 y 6, culminando como marca la tradición durante la Noche de Reyes.
Seis décadas atrás, todo comenzó como una iniciativa sencilla impulsada por familias del barrio que soñaban con recrear el nacimiento de Jesús. Con el paso del tiempo, aquella idea fue creciendo, sumando escenografías, luces, danzas y, sobre todo, historias humanas. Hijos, padres y abuelos fueron ocupando distintos roles, manteniendo viva una celebración que dejó de ser solo barrial para convertirse en un símbolo profundamente arraigado en la comunidad salteña.
“En 1964 se hizo una experiencia piloto donde cualquiera podía acercarse y formar parte. Después se fueron incorporando expresiones culturales como el baile de la cinta, típico de la puna”, recordó Perla Spode, colaboradora histórica del pesebre y ángel mayor cuando tenía apenas 14 años. “La primera directora artística fue Dorita de Bardi. Luego participó durante varios años, Pety Colado, un profesional extraordinario, que se puso Ciudad Navidad al hombro”, agregó.
Hoy, con 75 años, Perla revive aquellos recuerdos con una emoción intacta. “Fueron años maravillosos y ahora los estamos sintiendo otra vez. Hay personas que regresaron a escena después de haber participado de niños o adolescentes. Son ocho parejas las que adoran al Niño Dios y nos cuentan que la primera noche les temblaban las piernas. Me conmueve profundamente porque somos amigos de toda la vida”, expresó.
El valor cultural, social y turístico de Ciudad de Navidad fue reconocido oficialmente al ser declarada de Interés Turístico Municipal, mediante la Resolución Nº 063, destacando su aporte al calendario festivo de fin de año y su capacidad de convocar a miles de personas, tanto salteños como visitantes.
Perla también recordó uno de los hitos más significativos de esta historia: “En 1974 llegaron representantes papales y nos pidieron una función especial. El cardenal Oddi quedó maravillado y se lo contó al papa Pablo VI. Al año siguiente recibimos su bendición y la hermandad de pesebres de Argentina nos otorgó la mayólica mayor. Logramos trascender fronteras”.
Para ella, Ciudad de Navidad es sinónimo de amistad sincera y trabajo compartido. “Nunca hubo peleas ni discusiones. Aún hoy seguimos reuniéndonos. A mi edad, todavía quiero hacer algo por esta celebración. Actué una sola vez, como ángel mayor, y fue inolvidable. Después siempre estuve detrás del escenario”, dijo con una sonrisa.
Carmen y Raquel Tondini, junto a Enrique Ortín, rememoró con nostalgia las celebraciones que seguían a la representación del pesebre viviente. “Cuando llegaba diciembre, el barrio se transformaba: se vestía de luces y magia, y cada rincón parecía cobrar vida. Hoy, reencontrarme con amigos de toda la infancia y del barrio me llena de emoción”, recuerdó Raquel.
Myriam Marañón, quien a los 14 años interpretó a la Virgen María y luego asumió la dirección del pesebre, también guarda recuerdos imborrables. “Llevar en brazos a un bebé tan pequeño fue muy fuerte. A los 20 años dirigí a más de cien personas y me tocó hacerlo incluso durante la pandemia. Solo quienes lo vivimos sabemos lo que significa. Es reencuentro, memoria y alegría”, afirmó.
Walter Gutiérrez, que debutó a los siete años y luego encarnó a Baltazar, uno de los Reyes Magos, recordó con emoción: “Lo que más me impactaba era la reacción de los adultos. Ser rey mago era como ser un superhéroe. Siempre se me caían lágrimas. Eso te marca para siempre. La Navidad nos encontraba juntos, ayudando con las sillas, la iluminación, acompañándonos más allá del personaje que tocara”.
Ciudad de Navidad no solo revive un pasaje central de la fe cristiana. También reafirma el sentido de pertenencia y el compromiso colectivo de un barrio que, desde hace 60 años, elige celebrar compartiendo su historia con toda Salta.
“Ciudad de Navidad queda para siempre en cada persona que actuó, colaboró o simplemente se sentó a mirar. No es solo un espectáculo: es un sentimiento que no se olvida”, concluyó Walter.