En plena caída de la natalidad —que ya empieza a reflejarse en la matrícula escolar—, un informe reciente al que accedió Gente de Salta suma otra señal poco alentadora: al descenso en la cantidad de alumnos se le agrega, ahora, un aumento en las inasistencias.
Aunque se ubica levemente por debajo del promedio nacional, el ausentismo en las escuelas de Salta alcanza al 30% de los estudiantes, es decir, uno de cada tres alumnos que acumula 15 días o más de inasistencias durante el ciclo lectivo: en concreto 38.000 estudiantes.

Dentro de ese grupo, el 4% del alumnado del nivel secundario -unos 5.100 estudiantes- acumula 30 inasistencias o más; el 10% -alrededor de 12.700- registra entre 20 y 29 faltas, mientras que otro 16% -cerca de 20.400 alumnos- se ubica en el tramo de 15 a 19 días sin asistir a clases.
Los datos arrojados por el informe de Argentinos por la Educación analiza el ausentismo escolar del nivel secundario durante periodo 2024, año en el que, según la Dirección de Estadísticas de Salta, la provincia tuvo 127.600 estudiantes en ese tramo educativo.
Hace apenas dos meses, la misma organización proyectaba una caída del 27% en la matrícula escolar para los próximos años, en línea con el descenso sostenido de la natalidad en la provincia (26,7%) también relevado por este medio. Así, las aulas empiezan a vaciarse por dos frentes: menos estudiantes por la baja de nacimientos (27%) y más ausencias dentro del sistema (30%).
A nivel nacional, sin embargo, empieza a asomar una crisis. Y es que el 51%, o sea, más de la mitad, faltan entre 15, 30 o incluso más veces al año. Aunque los datos que justifican esas inasistencias son todavía más preocupantes.

“La relevancia del ‘no tenía ganas de ir’ no es anecdótica, sino que expresa un problema de sentido que conecta con la experiencia escolar y evidencia que está en juego la capacidad del sistema para articular bienestar, sostener pertenencia y construir condiciones efectivas para aprender”, comparte Sandra Ziegler, doctora e investigadora en el ámbito educativo.
Sobre los principales motivos que explican los números del informe, los mismos estudiantes admiten que aproximadamente 6 de cada 10 faltas son por motivos de salud propios, mientras que 4 de cada 10 son por que sostuvieron “no tener ganas”.

A estos factores se agregan razones vinculadas al entorno familiar: un 11% falta por tener a cargo a un familiar; un 9% por tareas en el hogar, otro 9% por trabajo, y un 1% por embarazo.
Advertencias y Propuestas
Las consecuencias del ausentismo no se limitan a la pérdida de días de clase: impactan directamente en los aprendizajes y en la continuidad de las trayectorias escolares y advierten que la asistencia irregular dificulta sostener contenidos, debilita el vínculo con la escuela y aumenta el riesgo de desvinculación.
En esa línea, el docente Bruno Videla —uno de los autores del informe— plantea que el ausentismo es apenas la manifestación visible de problemas más profundos, como la pérdida de valoración social de la escuela, el debilitamiento del vínculo entre familias e instituciones y la flexibilización de las reglas académicas.

“Declarar la obligatoriedad sin que nadie deba pagar un costo por incumplir dicha obligación trae como consecuencia que esta se transforme en una simple declaración de intenciones".
A su vez, la investigadora del Conicet, Romina De Luca, señala que las inasistencias también reflejan desigualdades estructurales: en muchos casos, están asociadas a dificultades de acceso, tareas de cuidado, trabajo o problemas de salud dentro del entorno familiar.

“Resultan destacables dos aspectos: Por un lado, la incidencia –en el crecimiento del ausentismo– de los cambios en los regímenes académicos. Por otro, observar cómo el ausentismo expresa elementos asociados con la segregación educativa: en el sector estatal, los principales motivos de ausentismo son problemas en el acceso a las escuelas, de salud de algún familiar, trabajo, tareas de cuidado o la necesidad de brindar ayuda en el hogar.”.
Frente a este escenario, el informe plantea una serie de medidas para abordar el problema de manera integral:
- Mejorar los sistemas de información para monitorear las inasistencias.
- Intervenir de forma temprana en los casos de ausentismo reiterado.
- Fortalecer el vínculo entre escuelas y familias.
- Atender las condiciones sociales que inciden en la asistencia, como la salud, el trabajo o las tareas de cuidado.
Estudiantes del nivel secundario y universitario consultados por Gente de Salta señalaron que, en el contexto de la capital, el ausentismo también se explica por tres factores clave: el tiempo de viaje, las distancias y el transporte público.
“Los que vivimos lejos, muchas veces tenemos que tomar hasta dos colectivos para llegar a clases. Eso implica salir con una hora o más de anticipación”, sostuvo uno de los alumnos. Otro agregó: “Para los que ya sabemos que vamos a llegar tarde, a veces es mejor no ir”.
En ese sentido, explicaron que la decisión de faltar antes que llegar tarde está vinculada no solo al tiempo de traslado, sino también a la frecuencia del servicio y al costo de alternativas como taxis o aplicaciones de movilidad.

Solo como agregado, un dato reciente termina de tensar el escenario: el sistema de transporte público en Salta, operado por SAETA, anunció un aumento de tarifas y la eliminación de la gratuidad del transbordo. Así, mientras algunos estudiantes admiten que prefieren no ir antes que llegar tarde, llegar a tiempo también se encarece.



