Después de casi medio siglo de trabajo, Miguel Ángel López —histórico enfermero del Hospital del Milagro— cerró una etapa que marcó su vida y la de cientos de pacientes. Tras 47 años de servicio, se jubiló en los últimos días dejando atrás una trayectoria atravesada por la vocación, el compromiso y el compañerismo dentro del sistema de salud.
Su historia con la enfermería comenzó gracias a una figura clave: su madre. “Mi madre era enfermera y fue quien me incentivó a hacer la carrera”, recordó. En aquel momento su situación laboral era inestable: realizaba trabajos temporales como pintura, albañilería o electricidad domiciliaria como ayudante. La enfermería apareció entonces como una oportunidad de formación y de futuro.
Los primeros pasos en el hospital
Miguel recuerda con claridad su primer día en el hospital, cuando todavía realizaba prácticas como ad honorem —lo que hoy se conoce como concurrencia— para ganar experiencia y completar su formación. A pocos días de recibirse. Miguel ya estaba trabajando, algo que considera una bendición.
“Sentía nerviosismo porque pasaba de ser estudiante a ejercer mi profesión con responsabilidad. No sabía cómo me iba a desenvolver frente a distintas situaciones”, contó.
Durante sus décadas en el hospital, Miguel fue testigo de profundas transformaciones en la atención sanitaria. Cuando comenzó a trabajar, la mayoría de los procesos eran manuales.

“Las indicaciones médicas y los registros de enfermería eran manuscritos. Hoy se usan computadoras y sistemas informáticos”, explicó.
También recordó que muchas tareas que hoy realizan otros sectores antes recaían en enfermería. Trasladar pacientes para estudios, llevar muestras a laboratorios o incluso realizar limpiezas urgentes dentro del servicio eran parte de la rutina diaria.
Con el paso de los años, la medicina evolucionó notablemente y eso también impactó en el trabajo de enfermería. Según Miguel, uno de los avances más importantes fue en el área de la cirugía, ya que permitió reducir los tiempos de recuperación de los pacientes.
Además, destacó el cambio tecnológico dentro de los hospitales: camas ortopédicas, monitores, sistemas informáticos y materiales descartables, que antes debían reutilizarse luego de ser esterilizados.
Historias que dejan huella
A lo largo de su carrera, Miguel vivió situaciones de todo tipo. Una de las más difíciles fue cuando un paciente con alteraciones mentales lo amenazó con un arma blanca, poniendo en riesgo su vida y la del propio paciente.
“Fue una situación de mucho estrés hasta que finalmente intervino la policía”, recordó.
Pero también hubo momentos profundamente gratificantes. Para él, el agradecimiento de los pacientes y sus familias fue siempre la mayor recompensa.
Entre los recuerdos más emotivos mencionó a Rosita, una paciente del servicio de geriatría. “Siempre me esperaba en la puerta con alegría cuando llegaba a trabajar”, contó. Cuando él le decía que al día siguiente no volvería porque tenía descanso, ella se entristecía.
Miguel tiene una definición muy clara sobre lo que significa la vocación. “Vocación es poder servir a la comunidad, en mi caso al paciente, con entrega y dedicación”, expresó. Ese compromiso fue lo que lo sostuvo en los momentos de cansancio o frustración. “Todo lo superé por la vocación de servicio y el compañerismo”, explicó.
Desde su experiencia, Miguel observa con preocupación la situación actual del sistema sanitario. “El sistema de salud está colapsado por el crecimiento poblacional y la falta de profesionales médicos en distintas especialidades, además de los bajos salarios”, afirmó.
A quienes recién comienzan la carrera de enfermería, Miguel les deja un consejo claro. “Hoy la enfermería creció mucho como salida laboral, pero debe primar el respeto por la vida y por el prójimo”, señaló. Para él, los valores fundamentales de la profesión son la empatía y el compañerismo.
En ese contexto, distintos sectores del ámbito sanitario vienen advirtiendo sobre la necesidad de formar y retener más profesionales de la salud, especialmente en áreas críticas como enfermería, clínica médica y especialidades hospitalarias. La creciente demanda de atención, impulsada por el aumento de la población y la complejidad de los tratamientos, vuelve cada vez más evidente la importancia de mejorar las condiciones laborales, los salarios y los beneficios, para que quienes eligen estas profesiones puedan ejercerlas con estabilidad y vocación de servicio.
El final de una etapa
Su último día de trabajo transcurrió como tantos otros: con tareas, responsabilidades y el ritmo habitual del hospital. Sin embargo, el verdadero peso del momento llegó cuando realizó su último marcaje de ingreso, ese gesto cotidiano que durante décadas marcó el inicio de cada jornada.
“Sentí amistad, compañerismo y una profunda gratitud a Dios por la tarea cumplida”, expresó. Tras más de cuatro décadas de servicio, Miguel cree que su mayor legado es la actitud con la que encaró cada día: comenzar la jornada con optimismo, incluso en los momentos difíciles. A los pacientes, en tanto, les deja un mensaje claro: no dejarse vencer por la enfermedad y mantener siempre el espíritu de lucha.
De cara a esta nueva etapa, admite que aún no tiene grandes planes. “No me preparé para este momento. Por ahora voy a descansar del reloj”, comentó, disfrutando de un tiempo que durante años estuvo marcado por horarios y guardias.
“Como me dijeron mis compañeros, me voy por la puerta grande, y eso es lo más gratificante que puedo llevarme. Estoy profundamente agradecido con Dios, con mi madre, con mis hijos, con mis hermanos y con la vida misma”, expresó Miguel al cerrar una etapa marcada por el servicio y la vocación.
Si el tiempo volviera atrás, su elección sería la misma, dice Miguel. “Ayudar al prójimo es algo invalorable. Sí, volvería a elegir este mismo camino”.


