A un año y nueve meses de la muerte de Valentín Guzmán en una escuela de La Poma, el dolor de su familia sigue intacto. Pero ya no es solo duelo: es también cansancio, bronca y una sensación persistente de abandono.
Carolina Figueroa, su madre, lo resume sin rodeos a Gente de Salta: “Estamos solos. Todo lo costeamos nosotros”. Ni asistencia estatal sostenida, ni acompañamiento psicológico, ni respuestas concretas de los funcionarios. Tampoco un refuerzo educativo para acompañar o sostener a dos hermanitos que no podían ingresar a un establecimiento por obvias razones, por meses no pudieron seguir estudiando. Y apenas siguen ahora, aún así con excelentes promedios en medio de tanto sacrificio. Solo tienen el esfuerzo propio y el acompañamiento de su abogado ad honorem, Sergio Heredia.
Mientras tanto, la causa judicial parece atrapada en un laberinto de demoras. Informes del Ministerio de Educación que ya fueron solicitados hasta el hartazgo que no llegan a la Fiscalía correspondiente, pedidos que se repiten, y una investigación que —según la familia— se estira sin explicación clara. “Si todo está tan claro, no sé por qué lo demoran tanto”, cuestiona Carolina.
Una tragedia anunciada
El relato reconstruye un escenario que, lejos de ser accidental, aparece como evitable. La escuela presentaba múltiples falencias: problemas eléctricos, paredes deterioradas y, sobre todo, la existencia de varios pozos ciegos dentro del predio.
Según la madre, muchos de esos riesgos eran conocidos:
- Alumnos sabían de los pozos desde años anteriores.
- Algunos docentes y autoridades tenían certezas de su existencia.
- Días antes del hecho se había planteado restringir el uso del sector donde ocurrió la tragedia, aunque por otros motivos, pero no se cumplió porque finalmente no se emitió la orden desde dirección.
“Si la directora de ese momento hubiera cumplido con lo que dijo una semana antes en reunión de comisión de padres, esto no habría pasado”, afirma.
Declaraciones en duda y responsabilidades difusas
Uno de los puntos más graves que surge del testimonio es la contradicción entre lo que figura en el expediente y lo que sostienen docentes, alumnos y vecinos.
Mientras en la causa varios docentes declararon no tener conocimiento de los pozos, Carolina asegura que eso es “imposible”. En una comunidad pequeña, donde históricamente se utilizaron sistemas similares, la presencia de un respiradero hacía evidente la existencia de un pozo.
Además, denuncia posibles intentos de limitar testimonios. Los docentes y la misma directora son del pueblo, cursaron en la escuela, hasta los chicos sabían que si había respiradero es porque había pozo, “ellos mismos tapaban los huequitos con piedras o leña”. Sin embargo, tras la tragedia, y luego de la visita de la supervisora de educación secundaria de turno, de repente “nadie sabía que había pozos”. Según supo Carolina, hubo órdenes expresas de arriba de decir "lo justo y necesario”.
La escuela, que permaneció cerrada casi un año, fue reacondicionada recién después de la tragedia. Para la familia, eso confirma lo más doloroso: tuvo que morir un niño para que se actúe.
Fuertes dudas sobre el informe forense: "Si hay que hacer otra autopsia que se haga"
La familia y su defensa legal rechazan la versión de que Valentín murió por paro cardiorrespiratorio a raíz de la caída. “No fue la caída, fue el aplastamiento de la tapa”, afirma su madre, quien describe entre lágrimas las lesiones compatibles con ese derrumbe dentro del pozo.
Por eso, no descartan pedir nuevas pericias o incluso una autopsia, con un objetivo claro: que se conozca la verdad completa. “Cada intento de cambiar la verdad es para alivianar las responsabilidades de los que deben velar por los niños”.
“Lo que sufrimos somos nosotros, porque no encontramos respuesta a nada”, dice Carolina.
En Salta, el caso de Valentín sigue siendo una herida abierta. No solo por lo que pasó, sino por lo que no pasó después: la respuesta del Estado, la contención, la Justicia.
Los amiguitos: marcados por el dolor y el desamparo del “in” seguro escolar
Efraín y Dalmiro también cayeron dentro del pozo, estaban jugando los tres en el patio de la escuela, en el recreo. Efraín fue rescatado primero, por los vecinos -rescatistas improvisados con sogas- con laceraciones en el rostro. Dalmiro perdió sus piezas dentarias permanentes, se rehusaba al rescate, no quería salir sin Valentín, su mejor amigo. Hasta la actualidad está en tratamientos particulares para recuperar su dentadura, porque el Seguro Escolar de ninguno estaba al día. A pesar de ser ya mitad de año, la familia de los heridos debió peregrinar en el IPSS este tema también, como si fuera poco.
Sus amigos hoy cursan el secundario, uno de ellos en la capital salteña, ninguno recibió asesoramiento ni contención psicológica.
“Antes había risas, hoy la casa está en silencio, cada uno en su pieza”
—¿Cómo estás hoy Carolina, después de todo este tiempo?
—Mal… la verdad que mal. Nosotros seguimos igual, con el dolor todos los días. Y encima de eso, tener que venir y venir (a Salta), hacer trámites, y no tener respuestas… es peor. Yo cerré mi negocio, me cansé de que me preguntaran si había novedades en la causa, me hacía mal hablar.
—¿Recibiste algún tipo de ayuda del Estado?
—No. Nada. Solo nosotros. Todo lo costeamos nosotros. El único que nos acompaña es el abogado, que también hace mucho esfuerzo. Pero del Estado, nada. El día de la tragedia se armó un comité de emergencia, debe ser la ´única vez que vi a la ministra Cristina Fiore, a algunos funcionarios y legisladores creo, nos ofrecieron 200 mil pesos, para costear algunos gastos y nunca más.
—¿Cómo está tu familia hoy?
—Estamos como podemos, con mis dos hijos, Dieguito y Mariel, y su papá. Cambió todo. Valentín era el que nos alegraba la casa… ahora es distinto. Cada uno hace lo suyo, tratamos de seguir, pero no es lo mismo. Tengo un hijo mayor, Agustín, que vivía en el sur, pero volvió a Salta, no podía estar allá le hacía demasiado mal. Vive en Cachi. Hablamos entre nosotros, con los chicos, pero nada más.
—¿Tus hijos pudieron volver a la escuela?
—Sí, pero fue muy difícil. Mi hija no quería volver, pasaron varios meses. Tenía miedo. Además, después de lo de Valentín, los chicos de la primaria se trasladaron al SUM del secundario para seguir con clases. “Aprovecharon” la situación para ponerse a arreglar la escuela. Y a mi nena yo la tenía que acompañar todos los días, quedarme hasta que entre. De a poco fue adaptándose, pero le costó mucho.
En el caso de Diego, había alcanzado uno de los mayores reconocimientos dentro de su colegio: portar la Bandera Argentina. Alumno destacado, igual que su hermano Valentín (abanderado del Día del Ambiente antes de morir), con el mejor promedio de su curso. Pero después de las vacaciones de julio del año pasado, me dijo que no quería seguir. La razón era que en cada acto escolar, Diego volvía a enfrentarse con una presencia que lo perturbaba: la directora de la institución en la que murió su hermanito, Elba Arapa. Se transformó en una carga, pero de a poco lo ayudamos para que pueda volver. No quería ser el abanderado para no verla.
—¿Y la escuela en qué condiciones estaba?
—Estaba muy mal. No eran solo los pozos. Había problemas eléctricos, paredes que se caían… estuvo cerrada casi un año después de lo que pasó para arreglarla. O sea, tuvieron que esperar una tragedia. No se podían prender varias luces a la vez porque se quedaban a oscuras.
—¿Se sabía que había pozos?
—Sí, se sabía. Los chicos mismos sabían. Había un respiradero, eso indica que hay un pozo. En La Poma todos saben eso. Es imposible que los docentes no supieran, como dicen en el expediente. Los legisladores de La Poma también lo sabían, todos lo saben.
—Sin embargo, muchos declararon que no tenían conocimiento…
—Sí, y eso es lo que da bronca. Mi hijo mayor conocía esos pozos desde chico. Otros alumnos también lo dijeron. Pero en la causa, nadie sabía nada. No cierra. La propia directora expresó horas después de la tragedia que ella había pedido que por favor revisen el tema del pozo, pero después declara que no sabía, se contradice.
—¿Creés que hubo encubrimiento?
—Yo creo que están demorando todo para no imputar. Hay pedidos que tardaron meses en responder. Para mí lo hacen a propósito. Porque no se pueden ni siquiera habilitar las escuelas como están. La escuela de Valentín tenían todo para clausurarla.
—¿A quién considerás responsable?
—A la directora, porque estaba a cargo, y al Estado. No puede ser que habiliten una escuela en esas condiciones. Hay ministerios, hay gente que tiene que controlar. Nadie hizo nada. Días antes del hecho, en una reunión escolar la directora había anunciado que los alumnos dejarían de jugar en un sector peligroso tras algunos accidentes en las hamacas. Sin embargo, la medida nunca fue comunicada a los docentes ni aplicada. Si se hubiera cumplido lo que dijeron, esto no habría pasado.
—También cuestionaron el informe forense…
—Sí. Ahí dice que fue por la caída, pero no es así. A Valentín lo aplastó la tapa del pozo. Nosotros lo vimos. Tenía todo su cuerpito lastimado. No fue la caída.
—¿Están dispuestos a pedir nuevas pericias?
—Sí, lo que sea necesario. Queremos que se sepa la verdad.
—¿Cómo fue la respuesta de los funcionarios después del hecho?
—Solo ese día. Después nunca más. No nos llamaron, no nos ayudaron. Ni siquiera asistencia psicológica. Nada.
—¿Qué esperás hoy de la Justicia?
—Que se agilice. Nada más. Que hagan lo que tienen que hacer. Si está todo claro, no entiendo por qué tardan tanto.
—¿Sentís acompañamiento de la comunidad?
—De algunos sí, sobre todo docentes de la ciudad. Pero en La Poma no tanto. Igual, uno ya no espera mucho. Solo Justicia por mi hijo.
Carolina viaja cada vez que puede a Salta para seguir de cerca una causa que, según denuncia, no avanza. Mientras tanto, en su casa, el lugar de Valentín sigue vacío.
“Nos cambió la vida para siempre”, repite. Y en esa frase, simple y devastadora, se condensa todo.
Y mientras tanto, las escuelas se siguen cayendo a pedazos
El abogado de la familia de Valentín expresó que a los funcionarios “no les da la cara”. Señaló que mientras se anuncian obras faraónicas, se ignoran las condiciones reales de muchas escuelas de la provincia.
“Comparan las escuelas de Salta con las de Buenos Aires. ¿Qué tiene que ver? Miren un poco lo que está pasando acá.
"Todo esto, la muerte de Valentín, le da la razón a la lucha docente de Salta”.