SociedadArtes plásticas y la plasticidad de la vida

Osvaldo Garrido inauguró "La Reconstrucción" en Salta: Universo fantástico que transforma el dolor en arte

Conocé a fondo sobre el artista que a través de las obras conecta una historia de reconstrucción personal, inspirada en la superación de la adversidad y la creatividad a través de los años. Está disponible hasta el 20 de este mes en el centro cultural La Figura de la Ninfa (Alsina y Sarmiento).

María Fernanda  Navarro de Haz
por María Fernanda Navarro de Haz 6 Diciembre de 2025
6 Diciembre de 2025
Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido en su taller (Foto: Javier Corbalán)

Quedó inaugurada la muestra de artes plásticas "La Reconstrucción", para ser visitada hasta el 20 de este mes: Lunes de 18 a 20:30, viernes de 16 a 18, y sábado de 18 a 20, en el centro cultural La Figura de la Ninfa (en Alsina y Sarmiento). La historia hace imposible detenerse en la agenda, y se hizo indispensable indagar en los orígenes y en las manos que activaron esta propuesta artística: “Riga”.  

Su autor es Osvaldo Garrido, artista plástico, músico, compositor y docente, salteño por residencia desde hace años. Abrió las puertas a Gente de Salta del cálido taller que comparte con su compañera Josefina Soler, también docente y artista, un lugar donde confluyen los cuadros, bocetos y pinceles, entremezclados con atriles, cuerdas, teclados y bombos. 

Un taller que de solo entrar inspira, abraza, y late calmo al ritmo de los corazones de quienes han puesto sus vidas y sus dones al servicio de la enseñanza, un espacio que también se transforma en silencioso taller de pintura, o en sala de ensayo musical con notas que se escapan hacia el espacio verde que los rodea en Vaqueros y se combinan con el canto de los pájaros.  

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido en su taller - (Foto: Javier Corbalán)

Desde allí, compartimos las oportunidades que se abren para los salteños a fin de disfrutar del arte en sus diversas formas. 

En este caso, el mes de diciembre se convierte en una oportunidad para los aficionados del arte y público en general para disfrutar de la muestra de artes plásticas de Osvaldo; una exposición fuera de lo común, con obras que pueden ser apreciadas e interpretadas de diferentes maneras por personas de todas las edades; familias enteras que podrán charlar sobre lo que ven, lo que oyen y poner en palabras las sensaciones de una serie de piezas artísticas con mucha historia, movimiento e incluso años que se fueron uniendo y reuniendo en líneas que trazan una reconstrucción de la persona, del artista y del alma que en los lienzos y papeles se fue entregando. 

La muestra fue previamente inaugurada en un rinconcito de la localidad en la que vive el artista e inspiró frases tales como “estoy impactado y no puedo dejar de mirar ese cuadro”, por parte de un espectador de unos 40 años, como así también “veo un pasaje entre la vida y la muerte”, en la boca de un niño de unos 10. 

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido y uno de los cuadros más emblemáticos de fondo - (Foto: Javier Corbalán)

Son piezas únicas, exclusivas, que forman parte de una colección de historias interconectadas entre ellas, pero que también pueden vivir separadas, cada una con su impronta. Este sábado quedará inaugurada en una ocasión que se presta para el diálogo, la escucha y el intercambio, pero allí quedarán para ser apreciadas en diferentes momentos a lo largo del mes, y por qué no, en la pared de casa de alguno de los espectadores que decida adquirir una. 

"Riga" es la firma que llevan sus obras, en este caso un proyecto visual que el artista Osvaldo Garrido viene elaborando desde 2010 y que reúne obras conectadas a través de un mismo universo fantástico. 

La exposición, que ya tuvo una primera presentación en Vaqueros, incorpora ahora dos obras inéditas que el autor retomó y finalizó este año. “Son cuadros que había empezado hace más de una década. Los encontré con apenas un fondo negro y las vasijas. Al volver a mirarlos, me di cuenta de que formaban parte de la misma historia”, explicó. 

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido en su taller - (Foto: Javier Corbalán)

Un universo en reconstrucción 

El eje narrativo de la muestra surge de una obra de gran formato realizada en 2010 y que da nombre a la exposición. Allí aparece una figura enigmática —una niña-anciana de rostro manchado de colores— que riega cardos, plantas que sobreviven a la sequía. Escaleras, planetas deformados y criaturas híbridas (mitad peces, mitad pájaros) completan un mundo donde la destrucción y la esperanza conviven

“Es un proceso de reconstrucción interna. Cada uno interpreta su propia historia. A mí me pasó en un momento de crisis personal; de ahí nace esta serie”, cuenta el artista. 

La obra ha despertado múltiples lecturas. En un reciente encuentro, un niño invitado al taller de Osvaldo interpretó la escena como “un pasaje entre la vida y la muerte”, con los seres fantásticos como guardianes que acompañan a la protagonista. 

De la pintura a la música: una obra que inspira canciones 

La exposición también está vinculada a su faceta musical. A partir del cuadro principal, los chicos de su taller compusieron colectivamente “La Niña de Colores”, un vals que ya forma parte del cancionero del grupo. “Ellos imaginaban qué podía estar pasando ahí, y de esas ideas salió la canción”, relató. Algunas piezas presentan doble fecha, 2010–2025, como señal del largo proceso de elaboración y reelaboración. 

Osvaldo Garrido en su taller
El taller y sus múltiples tesoros- (Foto: Javier Corbalán)

Técnicas, materiales y procesos: Las obras de Osvaldo combinan óleo, acrílico y acuarela, ante lo que destaca las posibilidades expresivas de cada técnica: 

Óleo: “Me encanta, requiere tiempo. Hay cuadros que tardé tres meses en terminarlos”. 

Acrílico: “rápido, práctico, ideal para capas iniciales”. 

Acuarela: “La más difícil. El agua decide por dónde ir y uno tiene que aprender a controlarla”. 

Un taller para desacelerar 

Como docente de música y dibujo, Osvaldo trabaja con niños y jóvenes marcados por la inmediatez digital. “Los chicos llegan con mucha ansiedad. Quieren hacer diez dibujos en dos horas. Con el tiempo logran bajar la velocidad y entender el proceso. Ningún aprendizaje profundo ocurre rápido”, reflexiona. 

También destaca los beneficios formativos del arte: Mejora la coordinación, activa diversas áreas del cerebro, estimula la imaginación y permite interpretar la realidad desde la creatividad. 

Osvaldo Garrido en su taller
Materiales y el tiempo - (Foto: Javier Corbalán)

Las manos, el cuerpo; una vida

Ese mundo que creó Osvaldo -planetas ovalados, rocas flotantes, criaturas a mitad de pez y a mitad de pájaro, ojos que observan todo lo que pasa- nació de un proceso personal. La reconstrucción es íntima, con diferentes lecturas, pero que nace de una raíz: La fascínate transformación del dolor en arte. 

Su vínculo con el arte visual viene de la niñez, viviendo en el sur del país de donde es oriundo. Primero fueron las historietas: Patoruzito, Paturuzú, las revistas de aventuras. Dibujaba sin descanso. Más tarde, ya viviendo en Buenos Aires, estudió como pudo. Mandaba ejercicios por correo postal a una escuela de dibujo: Esperaba quince, veinte días para recibir las correcciones. Ese ritmo lento, casi monástico, templó su paciencia. Con los años trabajó en un diario en Ushuaia, y más tarde se volcó de lleno a la música. Hasta que, en 2019 —y luego durante la pandemia— volvió a pintar todos los días. Desde entonces no dejó de hacerlo. 

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido anticipa próxima obra - (Foto: Javier Corbalán)

Hoy, desde su rol de docente, lucha contra un mundo que empuja a la inmediatez. Los chicos llegan con apuro, quieren dibujar diez cosas en diez minutos, temen equivocarse. Él intenta enseñarles que el arte tiene otro tiempo. Que la mano debe aprender a obedecer a la mirada. Que la música y el dibujo organizan el pensamiento, ordenan el espacio, fortalecen la imaginación y ayudan a habitar el silencio. Les enseña a bajar revoluciones, a aceptar el error y a disfrutar del proceso, no solo del resultado. 

La Reconstrucción no es solo una muestra: Es una metáfora de ese aprendizaje. Una escalera que vuelve a un cuadro del 2010 y lo conecta con nuevas obras. Un puente entre épocas. Un universo que se arma y se desarma. Un artista que se permite volver a empezar. 

Las manos de Osvaldo avanzan sobre el papel con una serenidad casi antigua. Afuera, el día sigue su ritmo, pero en su taller el tiempo parece haberse detenido, o por lo menos dilatado. Él habla mientras dibuja, como si la tinta y las palabras brotaran de la misma fuente

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido - (Foto: Javier Corbalán)

Sobre la mesa, apiladas en desorden luminoso, descansan acuarelas rápidas, bocetos de tinta, pequeñas ideas que aún no saben si se convertirán en obras grandes. “Estoy trabajando en una muestra nueva”, dice, levantando una hoja con la suavidad de quien toca algo vivo. Bicicletas, ciclos y cíclopes. Tres palabras que arrastran una biografía entera. 

Las bicicletas, explica, vienen de la infancia. “La pasé arriba de una bicicleta”, recuerda, y en sus ojos aparece un destello que no necesita mayores explicaciones. Los ciclos nacen de su obsesión por el tiempo: relojes antiguos que imagina desarmándose, engranajes que se disuelven en acuarelas, la espera convertida en paisaje. Y los cíclopes… surgieron casi por juego, por fonética, hasta que se convirtieron en personajes. 

Pero en algún punto el relato se abre hacia otro lado. El arte, que parece fluir tan naturalmente de sus manos, no siempre fue así. 

“Tuve más de treinta años de artritis”, confiesa. Deformaciones, dolor, renuncias. Dejó de tocar instrumentos porque los dedos ya no respondían. Dejó de pintar porque había perdido la confianza. “Sentía que no me iba a salir”. 

Hasta que un día, casi por azar, volvió a un taller. Gabriela Zanandrea, una artista y docente, lo recibió sin saber que estaba frente a un hombre que venía de abandonar sus pinceles por miedo. Empezó de cero: Carbonilla, ejercicios básicos. Y en ese empezar de cero encontró una puerta. 

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido observado por su propia obra - (Foto: Javier Corbalán)

“Ella me devolvió la confianza”, dice. Y lo dice con una gratitud que no necesita subrayarse. El 2019 fue un renacer: Clases, óleos, charlas, el descubrimiento de que podía pintar obras grandes usando el brazo entero, no la precisión dolorida de la mano. 

Luego llegó la pandemia, ese encierro extraño que para él fue tiempo de práctica, de volver a probar, de comprobar que podía. Que el cuerpo le respondía. 

Osvaldo Garrido en su taller
Osvaldo Garrido - Autorretrato durante el tratamiento (Foto: Javier Corbalán)

Después vino el tratamiento por un linfoma. Quimioterapia, células madre. Y un milagro inesperado: “Me borró la artritis”. No el daño acumulado, pero sí la enfermedad. Las manos que hasta hace unos años dudaban hoy se mueven con firmeza. “Puedo dibujar. Puedo tocar. No me duele nada”, y con esas palabras deja la puerta abierta a indagar en otra faceta maravillosa de la vida y la ciencia: Las células madre y la reconstrucción. 

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