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Reflujo: Un problema más común de lo que creemos en Argentina

El reflujo gastroesofágico afecta al 40% de argentinos: síntomas, riesgos y tratamientos con prazoles para mejorar la calidad de vida digestiva y prevenir complicaciones.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 3 Octubre de 2025
3 Octubre de 2025
 Aproximadamente el 40% de las personas puede sufrir reflujo.
Aproximadamente el 40% de las personas puede sufrir reflujo. Foto: Pixabay

Diversos estudios demostraron que el 40% de los argentinos sufre de reflujo gastroesofágico, una afección que puede derivar en complicaciones y que desde hace un tiempo se trata a partir de fármacos conocidos como prazoles, indicados por los profesionales médicos en forma de tratamiento o a demanda.
Así lo manifestó el ex presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), Luis Soifer (MN 44.599), quien detalló: Diversos estudios han demostrado que aproximadamente el 40% de las personas puede sufrir reflujo. O sea, alrededor de 4 de cada 10 argentinos de todas las edades sufren esta situación”.

Qué es el reflujo gastroesofágico

El reflujo gastroesofágico se produce cuando el ácido presente en el estómago asciende hacia el esófago, generando acidez estomacal, lo que constituye un proceso denominado reflujo ácido, que puede irritar la mucosa que recubre el esófago.
Es común que muchas personas experimenten ocasionalmente episodios de reflujo ácido, pero cuando éstos se repiten con frecuencia, a lo largo del tiempo, pueden desencadenar lo que se conoce como enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
Soifer comentó que una investigación publicada en 2005 concluyó que “la prevalencia de síntomas típicos de la ERGE ascendía al 23% de los consultados, quienes reportaron ‘sentir en forma frecuente síntomas típicos de ERGE, como ardor y regurgitación, al menos una vez por semana’. En el caso de la esofagitis, se calcula que el 5% del total de la población sufre esta situación”
Estas cifras epidemiológicas locales son similares a las registradas en otros países desarrollados y de la región.

Tratamiento: Los prazoles

En este marco, hace aproximadamente cuatro décadas se lanzó en el mundo una nueva categoría de medicamentos, los denominados “prazoles”, que con el transcurso de los años se convirtieron en una de las clases de fármacos más utilizadas, en forma cotidiana, por millones de pacientes.
Se trata de una familia de moléculas que actúan como “inhibidores de la bomba de protones” y los médicos usualmente los indican para el manejo y el tratamiento de diversas afecciones comunes: desde la dispepsia, a la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE) y a la úlcera péptica, que incluye la gástrica con o sin infección por Helicobacter pylori y la duodenal, además del síndrome de Zollinger-Ellison y la esofagitis erosiva, entre otras.
“Antes de que tuviéramos acceso a los ‘prazoles’ para tratar a pacientes con, por ejemplo, una úlcera péptica, no teníamos alternativas efectivas y seguras para este tipo de problemas, explicó Soifer, quien agregó: “Lo que se pensaba en aquel momento era que, si lográbamos reducir la cantidad de secreción de ácidos gástricos, los pacientes podrían mejorar su malestar, que usualmente se expresaba como un fuerte ardor y dolor en la boca del estómago”.


Con el paso del tiempo, el foco de esta temática se fue volcando sobre un problema digestivo en particular: el ‘reflujo’, que se da cuando, por alguna razón, la válvula que separa al estómago del esófago no cierra bien, por lo que parte de los ácidos gástricos secretados en el estómago fluyen hacia el esófago. 

Esta válvula —cuyo nombre médico es ‘Esfínter Esofágico Inferior’ (EEI)— es un anillo de músculos que se ubica en la parte inferior del esófago, justo donde se une con el estómago,  y su función es cerrar completamente el paso entre uno y otro en momentos de la digestión.

Cuando, por alguna situación médica, esta válvula no se cierra correctamente, el ácido gástrico ‘escapa’ del estómago y sube por el esófago. 

El problema ocurre porque el recubrimiento de la mucosa interior de este ‘tubo’ que lleva la comida de la boca al estómago no está adaptado para resistir la acción del ácido gástrico. 

Diferentes formulaciones químicas y concentraciones

Con el paso del tiempo, “esta invasión periódica va causando lastimaduras y quemaduras dolorosas, que pueden generar consecuencias más graves —como, por ejemplo, esofagitis e, incluso, lesiones precancerosas— en el largo plazo”, señaló Soifer, durante un webinar de Eurofarma.
Según la patología de cada paciente, los prazoles, que son fármacos con diferentes formulaciones químicas y concentraciones, pueden ser tomados en forma permanente o “a demanda”, cuando recrudecen los síntomas gástricos.
Luego, si estos ceden, pueden dejar de consumirse por un tiempo, mientras que en otros casos particulares, el paciente puede ingerir su dosis diaria en dos tomas distanciadas, y para suspender el tratamiento en forma provisoria también es necesario seguir un proceso paulatino, a lo largo de varios días y no interrumpirlo en forma abrupta.
“Para ser realmente efectiva y segura, esta medicación debe ser tomada por cada paciente en el formato más apropiado para su condición y según la evolución e intensidad de su patología”, sugirió Soifer, tras lo que consideró que “si se toma con la supervisión de un profesional, su funcionamiento será mucho más efectivo y puede prevenirse a tiempo cualquier complicación que pudiera aparecer”.
Estas moléculas hoy disponibles en las farmacias son variantes químicas de los “prazoles” y tienen similitudes, aunque algunos demostraron ofrecer ventajas sobre otras formas, según el paciente y su patología.
En el caso particular del esomeprazol, el médico dijo: “Lo que hemos visto en investigaciones sobre su absorción por el metabolismo y su biodisponibilidad para cumplir sus efectos es que su duración es mayor, ya que esta molécula en particular posee una vida media más larga que otros prazoles”.
“O sea, la concentración ideal de este fármaco en el organismo y su disponibilidad para ayudar a disminuir la producción de ácido gástrico, es mayor a la de otros fármacos químicamente parecidos”, sostuvo el especialista.

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