Algunas historias pueden contarse muchas veces, pero aun así, no dejan de sorprender.
En este caso, el relato es sobre la vida de Rosa Sabena, una mujer que, contra viento y marea, aún busca intensamente a su hijo, desaparecido hace 18 años.
Nicolás Sabena se fue de su casa en septiembre de 2008, cuando tenía 21 años, y su familia no volvió a verlo más.
La ciudad cordobesa de Río Cuarto fue testigo de la titánica tarea que desde ese momento emprendió su madre, quien no solo encabezó la aún trunca búsqueda de su hijo, sino también de justicia.
Pasaron 18 años en los que Rosa movió cielo y tierra buscando respuestas y tuvo que enfrentarse sola a un andamiaje difícil de abordar, en el que muchos policías, fiscales e integrantes del sistema judicial de la provincia de Córdoba conspiraron en contra de la verdad.
En medio del dolor, tomó una decisión que cambió su vida: estudiar Derecho para poder intervenir personalmente en la causa, lo que le permitió llevar a la cárcel a la familia involucrada en la desaparición del joven, que tenía un leve retraso madurativo.
“Ya habían pasado dos años y no tenía respuesta ni de la Justicia ni de la Policía. Veía cosas raras, percibía montones de cosas, reclamaba y comencé a hacer escritos, a interpretar expedientes y leer sábanas de llamadas”, contó Rosa a Gente de Salta, tras lo que recordó que comenzó aprendiendo de manera autodidacta, buscando información sobre cómo se hacían los escritos legales en redes sociales y observando cómo actuaban otras familias de personas desaparecidas.
Ella sentía que con eso no alcanzaba y una amiga la motivó a estudiar abogacía: "me dijo ‘vas a tener que estudiar vos porque vas a ser la única que va a poder intervenir en la causa. Acá está metida la mafia y entre todos se ayudan’”, relató.
Según explicó Rosa, los abogados que tenía “no daban respuestas” y esa misma amiga la convenció de inscribirse en una universidad privada, para acelerar el proceso: "'Solamente vos, con tu gran amor y tu dolor, vas a poder vencer todo esto'", relató que le dijo su amiga, al alentarla a avanzar con la idea de estudiar abogacía.
“Me dijo que necesitaba recibirme rápido y que iba a ser la única que podría luchar por mi hijo”, sostuvo.
Rosa afirmó que así fue como finalmente ocurrió. Estudió en la Universidad Siglo 21, y en menos del tiempo estipulado para completar la carrera, juró como abogada.
“Tuve que recabar todas las pruebas y llevárselas a los fiscales, insistir, pelear. Llegué incluso a sufrir violencia y destrato por el hecho de ser mujer y reclamar todos los días”, afirmó.
En medio del dolor por la desaparición de Nicolás, el estudio se convirtió también en una forma de sobrevivir emocionalmente.
“Me ayudó a tener un norte. Me salvó de la depresión, de tirarme en una cama, sabiendo que lo estaba haciendo por Nicolás”, expresó.
Además de Abogacía, que es a lo que actualmente se dedica, Rosa estudió después Escribanía y actualmente cursa Ciencias Económicas, una carrera que —dijo— era su sueño antes de la desaparición de su hijo.
“Siempre trabajé en tareas contables, liquidando sueldos e impuestos. La contabilidad me apasiona”, afirmó.
Rosa destacó especialmente el acompañamiento recibido por parte de la Universidad Nacional de Río Cuarto y de la Universidad Siglo 21: “Encontré herramientas, profesores y personas que me contuvieron y me dieron fuerzas y esperanzas. Me sentí acompañada”, señaló.
A lo largo de estos años, también convirtió a los medios de comunicación en aliados fundamentales, y los consideró "una herramienta muy importante para las víctimas cuando no somos escuchadas y hay mafia de por medio”.
“La prensa ha sido muy generosa conmigo. Gracias a que siempre tuve un micrófono, este caso pudo visibilizarse”, agregó, por lo que señaló: “Les agradezco infinitamente”.
La mujer apuntó que nunca dejó de buscar a Nicolás, aunque admite que siente que ya no está con vida: “Mi corazón me dice que él ya no está, pero mi cabeza no lo entiende porque nunca pude elaborar el duelo. No lo he visto”, expresó con dolor.
Según explicó, en la causa se encontraron pruebas relevantes, como sangre humana grupo cero —el mismo grupo sanguíneo de Nicolás— en un balde y un cuchillo, en la casa de la familia a la que se fue Nicolás. No obstante, “la causa fue elevada a juicio por desaparición", indicó, tras lo que precisó: "logré que detuvieran y condenaran a una familia completa vinculada al narcotráfico”.
Sin embargo, denunció que la investigación estuvo marcada por irregularidades y encubrimientos.
“Los policías que estaban involucrados les avisaban telefónicamente a los acusados. Yo no pude encontrar a mi hijo gracias a la desidia del fiscal Walter Guzmán. Le hice un jury y la Justicia no solo no lo castigó, sino que lo premió y lo elevó a fiscal de cámara”, afirmó, al tiempo que sostuvo que varios policías y funcionarios judiciales involucrados en el caso fueron ascendidos: “Todos a los que denuncié terminaron premiados”, lamentó.
En este sentido, detalló que logró condenas para dos policías y ahora, en el mes de junio, se iniciará el juicio contra un tercero, por lo que viene luchando “hace quince años”.
“Lo voy a encontrar como sea”, manifestó
Pese al paso del tiempo y a que la causa prescribió respecto de algunos responsables, Rosa insiste en que no abandonará la lucha: “Sigo buscándolo día a día. Para la Justicia puede ser un caso más, pero para mí es la razón de mi vida”, aseguró.
“Yo a mi hijo lo voy a encontrar, como sea”, sentenció
Luego, Rosa reflexionó: "Soy una simple ciudadana que vivió siempre en el marco de la ley. Era docente, trabajaba, era una madre, como cualquier familia normal. No soy potentada, no tengo influencias ni las quiero tener tampoco. Solo tengo este gran amor por mis hijos y mi familia".
“Cuando Nicolás se fue yo estaba ejerciendo la docencia, realizaba tareas como gestora del automotor y algunas tareas contables. Tenía una vida ocupada, rutinaria, de trabajo y esfuerzo, y de atender a mi casa, a mis hijos y a mi esposo en todo lo que pudiera”, recordó Rosa, quien contó además que hoy, el padre de Nicolás tiene 81 años y “está trabajando en el taller como un joven de 20”.
Al dejarles un mensaje a otras mujeres y familias víctimas de injusticias, les pidió “no rendirse jamás” y “nunca dejen de luchar, porque nada es imposible”.
“Todas las mujeres tenemos una fuerza terrible que no conocemos hasta que nos pasa algo así. Cuando nos tocan un hijo, nace una fuerza del amor que no tiene límites”, reflexionó, y agregó: “cuando uno ama no existe el cansancio el algo tan poderoso como un hijo. Lo más maravilloso de la vida”.
Además, las alentó a estudiar y formarse como herramienta para defenderse: “El conocimiento te da valentía y ya no te pueden engañar como quieren”, sostuvo.
“Que no se dejen avasallar por la Policía o la Justicia. Nosotros tenemos derechos y ellos tienen que trabajar para protegernos”, concluyó.
¿Qué pasó con Nicolás?
En septiembre de 2008, Nicolás se fue de su casa en medio de una discusión familiar y se instaló en la casa quinta de un amigo, pero unos días después perdieron todo el contacto con él.
A las dos semanas, cuando el teléfono de su hijo dejó de funcionar, Rosa sintió que “algo le había pasado”, por lo que la búsqueda de la familia se intensificó y acudió a la Policía, donde sufrió demoras de días para recibirle la denuncia.
Unos años más tarde, en septiembre de 2014, José “Pepe” Vargas Parra, un hombre con antecedentes penales vinculados a la venta de drogas en la zona, fue encontrado culpable de la desaparición de Nicolás, ya que la Cámara del Crimen 2 de Río Cuarto lo condenó a 18 años de prisión por el delito de privación ilegítima de la libertad coactiva, agravada por la participación de tres o más personas.
En ese proceso también fueron condenados sus dos hijos, José Vargas Flores y Lucía Vargas Flores, como coautores de los mismos delitos, y recibieron penas de 17 y 16 años, respectivamente, mientras que el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba ratificó las sentencias, en 2017.
Rosa también denunció a cinco policías y a tres fiscales, de los cuales uno fue sometido a proceso de jury de enjuiciamiento por mal desempeño de sus funciones, porque no solamente no la ayudaban a buscar a su hijo sino que encubrían a los responsables de la desaparición.
Por este caso, los policías Nancy Salinas y Gustavo Oyarzábal, fueron condenados por encubrimiento, mientras que la Cámara del Crimen de Laboulaye fijó fecha para el inicio del juicio contra el ex comisario Fernando Fabián Pereyra, también investigado por la desaparición de Nicolás, en un proceso que comenzará el 22 de junio próximo.
Para Rosa, existen en la Justicia funcionarios buenos, que “cumplen su trabajo como deben”, pero hay otros que forman parte de un entramado delictivo que desconocemos.
En una charla Ted en Río Cuarto, Rosa comentó: “Yo descubrí la peor parte" de todo ese andamiaje, y pidió que “cuando ocurren este tipo de cosas, nunca dejen que les digan no, porque el no no existe y la verdad nunca prescribe”.
Rosa fue reconocida por su lucha, en marzo de 2017, con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
"Al distinguirla, esta Universidad busca destacar no sólo su lucha en la búsqueda de justicia ante la desaparición de su hijo, sino porque, ante lo insoportable que atraviesa el alma de una madre que ha perdido a su hijo, no se derrumbó y, con todo ese dolor a cuestas, apostó a la lucha por la justicia; no se quedó en la pasividad, y al poder que parece tener en sus manos la vida y la muerte”, le dijo en ese momento a la homenajeada el rector Roberto Rovere.
También fue distinguida por el Concejo Deliberante de la ciudad de Río Cuarto, como personalidad destacada, por la defensa de los derechos humanos y de la justicia.